Tu alimentación

El top ten de los alimentos superazules

17 de octubre de 2016

        El secreto de las zonas azules: Los cinco lugares del mundo donde se encuentra la gente más saludable y feliz. Claves de la longevidad sin gimnasio ni contar calorías. Hay cinco lugares en el mundo donde cumplir cien años no es una excepción, donde la gente no se interna en el […]

 

 

 

 

El secreto de las zonas azules: Los cinco lugares del mundo donde se encuentra la gente más saludable y feliz. Claves de la longevidad sin gimnasio ni contar calorías.

Hay cinco lugares en el mundo donde cumplir cien años no es una excepción, donde la gente no se interna en el gimnasio a levantar pesas ni cuenta obsesivamente la cantidad de calorías de cada alimento. En estas poblaciones, la expectativa de vida está por encima del promedio mundial y los índices de dolencias asociadas a la vejez son de los más bajos del planeta. En Okinawa (Japón), Icaria (Grecia), Cerdeña (Italia), Loma Linda (California) y Nicoya (Costa Rica) las personas simplemente se olvidan de morir. ¿El secreto? A pesar de ser culturas muy diferentes entre sí, las investigaciones encontraron una serie de factores comúnes que servirían como guía para comprender por qué viven más y mejor: en todos estos sitios, sus habitantes viven de manera sencilla, caminan en lugar de usar el auto, cosechan sus propios alimentos y le dan una importancia superlativa a la fe, a los familiares y los amigos.

Hasta estos lugares llegó el equipo de investigadores coordinado por el periodista de National Geographic, Dan Buettner, autor del libro “El secreto de las zonas azules”.  Hay una pregunta que recorre toda su investigación: ¿es posible replicar el modo de vida de los habitantes de las zonas azules en otros lugares del mundo? Según el experto, sí. Y la receta es realitvamente sencilla: comer bien, estresarse menos, moverse más y amar mucho.

Conocer las zonas azules, aprehender sus modos de vidas es quizás el mejor mecanismo para alcanzar la meta que propone Buettner: “Morir joven siendo lo más viejo posible”. No se trata sólo de cumplir muchos años sino de mantener la mejor calidad de vida hasta los últimos días.

La edad y la vitalidad. En los últimos años se comenzó a registrar un interés cada vez más importante de la ciencia hacia las zonas azules. Una de las razones que explican la inclinación por estos estudios reside en que existe una nueva visión sobre la tercera edad, momento en que para algunos comienza a partir de los 60 años y para otros a partir de los 70.

De acuerdo a un estudio del Comisión Económica Para América Latina y el Caribe (CEPAL), en la región la población mayor crece de manera exponencial. En 1990, en el continente había 32 millones de personas mayores de 60 años y se estima que en el 2050 este número crecerá a 195,87 millones. Este es un fenómeno a nivel mundial.

Sin embargo, que cada vez más personas lleguen a la tercera edad no significa necesariamente que las poblaciones sean cada vez más saludables. Juan Hitzig, médico gerontólogo y director del programa Longevus, afirma que las zonas azules se caracterizan por ser “bolsones de longevidad”. “Son lugares donde las personas viven muchos años y su calidad de vida acompaña ese estado. Los avances médicos hicieron que ganáramos años de vida, es decir, la longevidad la tenemos conquistada. Ahora, lo que tenemos que lograr es que los años que le robamos a la muerte sirvan para estar más tiempo en el club y no más tiempo en el geriátrico”, subraya el especialista.

Las zonas azules se caracterizan justamente por eso: allí las personas de más de 70 años siguen trabajando, haciéndose cargo de sus hogares y de sus familias y con proyectos de vida. En estos lugares, ser viejo no es esperar la muerte.

Icaria es una isla ubicada en el mar Egeo, a sólo 13 kilómetros de la costa de Turquía, la cual tiene a nivel mundial uno de los índices más bajos de mortalidad en la mediana edad y los índices más bajos de demencia. Okinawa es una isla japonesa que alberga a las mujeres más longevas del planeta. En la provincia italiana de Ogliastra, en Cerdeña, vive la mayor concentración de hombres centenarios de todo el globo. En Loma Linda, una comunidad adventista de California, sus habitantes lograron vivir hasta diez años más y con mejor salud que el estadounidense promedio. Y en la península de Nicoya, en Costa Rica, se observaron los índices más bajos de mortalidad durante la mediana edad así como la segunda concentración más alta de hombres centenarios.

Caminar, comer bien y amar. Aunque suene trillado, los investigadores  que participaron de la elaboración de “El secreto de las zonas azules” confirmaron científicamente que los pilares de una vida saludable y, en consecuencia, de una vejez saludable residen en hacer ejercicio de manera regular, alimentarse de manera sana y priorizar las relaciones sociales.

Un factor común entre Okinawa, Icaria, Cerdeña, Nicoya y Loma Linda es que sus habitantes viven en ambientes que con frecuencia motivan a moverse. En estos lugares, el automóvil sólo se utiliza para recorrer trayectos muy largos y, en el día a día, la gente hace las compras y visita a sus conocidos caminando. Además, todos los longevos entrevistados contaron que atienden su propio jardín y que no tienen electrodomésticos ni máquinas de cortar pasto que les faciliten el trabajo.

Además, los expertos coincidieron en que hay otra cosa que se repite en todas las comunidades: una alimentación sana. La carne (cualquiera sea) no está presente en todas las comidas y, en promedio, sólo se come cinco veces al mes y en porciones pequeñas (del tamaño del puño de la mano). La posibilidad de tener una huerta propia o un lugar donde comprar frutas y verduras frescas es imprescindible ya que, fundamentalmente las hortalizas, son la base de todas estas dietas. Las legumbres y los frutos secos se consumen a diario en todas las zonas azules así como también una o dos copas de vino.

Buettner insiste en que esto no significa que a los habitantes de las zonas azules no les guste la comida chatarra, el azúcar y la sal añadidos en las comidas o las gaseosas. Simplemente sucede que no están al alcance. En todos estos lugares las salidas a los restaurantes o las golosinas son “gustos” que la gente se da para celebraciones muy puntuales y no forman parte del día a día.

Sin embargo, no sólo es una cuestión de hacer ejercicio y comer bien lo que hace que estas personas vivan tanto y bien. Los aspectos sociales y espirituales son tan importantes como el nutricional. Tener un motivo por el cual levantarse todas las mañanas (tanto en la juventud como en la vejez) aumenta la vitalidad. En Okinawa le llaman “ikigai” mientras que en Nicoya “plan de vida” y puede estar relacionado con nuevos proyectos laborales, domésticos o familiares.

En todas las zonas azules tienen técnicas para disminuir el estrés, que provoca inflamación crónica y se asocia a casi todas las enfermedades relacionadas con el envejecimiento. La meditación o el yoga se hicieron populares en los últimos años en las principales ciudades de Occidente pero Buettner insiste en que no hay una única forma para bajar el ritmo. Por ejemplo, en Okinawa sus habitantes se toman unos cuantos minutos al día para recordar a sus ancestros, los adventistas de Loma Linda rezan, los icarianos tienen por costumbre tomar una siesta diaria y en Cerdeña es un hábito aprovechar una hora del día para ir a tomar un trago.

El equipo de Buettner entrevistó a 263 personas de más de 100 años y descubrió que 258 pertenecían a una comunidad creyente y que asistían al menos cuatro veces al mes a algún servicio religioso. Además, confirmaron que estas personas mantenían vínculos muy estrechos con sus familiares y amigos. Este bienestar se traduce a todo el grupo, ya que los resultados arrojaron que las personas jóvenes que mantienen cerca a sus padres o abuelos reducen los índices de mortalidad infantil y enfermedades en niños.

El gerontólogo Hitzig comparte la visión de Buetnner y afirma que, mientras la edad cronológica depende del tiempo, la edad biológica, depende de cinco aspectos: la salud, el alimento, el movimiento, el pensamiento y el sentimiento.

Cuestión de Estado. Si se tuviera que utilizar sólo un concepto para comprender por qué en estos lugares longevidad y calidad de vida van de la mano, debería ser “ambiente propicio”. En las grandes ciudades de la actualidad, afirma Buettner, “las personas se siguen ahogando en un mar de calorías baratas que es inescapable. Es imposible caminar por un aeropuerto o pasar a la gasolinera  sin ser confrontados por un torrente de refrigerios salados, golosinas y refrescos. Incluso hay golosinas con alto contenido de azúcar disfrazadas de ‘barras saludables’”.

Por ello, “El secreto de las zonas azules” es, además de una guía individual, un llamado de atención a los Estados del mundo. Los acuerdos con las industrias alimenticias para que se disminuya el sodio y el azúcar añadido de los productos, los incentivos para que los ciudadanos abandonen los automóviles y disminuyan el estrés son las acciones colectivas para conseguir una población sana. En colectivo es más fácil que de manera individual ya que está demostrado que el tabaquismo, la obesidad y la soledad son “contagiosos”.

En el mundo existe un modelo que demostró con éxito que el cambio de hábitos mejora los índices sanitarios. En Karelia del Norte (Finlandia), un proyecto iniciado a principios de los ’70 logró números sorprendentes logró, a base de acuerdos del Estados con los privados, la incidencia de muertes por cardiopatías en hombres se redujera en un 85%.

Un hogar azul. La necesidad de políticas públicas no implica, sin embargo, que no haya mucho por hacer de manera individua. Por ello, Buettner recomienda crear “hogares azules”, es decir que cada uno puede hacer que su casa sea un pequeño entorno saludable en medio de una gran ciudad. Comer sabiamente, incorporando los llamados “alimentos suprazules” (verduras, frutas, hortalizas de hojas verdes, porotos, etcétera) y distribuyéndolos de una manera más sana. Se recomienda que el desayuno sea la comida más abundante del día y que incluya proteínas, carbohidratos complejos y grasas de origen vegetal.

Además, el experto insiste con mejorar las relaciones sociales, visitar amigos, hacer paseos al aire libre y procurar tener momentos del día para desconectarse de las pantallas y las obligaciones. Básicamente, para llegar a los cien años y continuar teniendo la misma vitalidad que en la juventud, hay que entender el misterio de las zonas azules.

 

 

 

 

Publicado en la edición de la Revista Noticias el 08 de Octubre del 2016 – Blog de Aníbal P. Revoredo
Tu alimentación

Consejos prácticos para crear tu propia zona azul

    El secreto de las zonas azules: Los cinco lugares del mundo donde se encuentra la gente más saludable y feliz. Claves de la longevidad sin gimnasio ni contar calorías. Hay cinco lugares en el mundo donde cumplir cien años no es una excepción, donde la gente no se interna en el gimnasio a […]

 

 

El secreto de las zonas azules: Los cinco lugares del mundo donde se encuentra la gente más saludable y feliz. Claves de la longevidad sin gimnasio ni contar calorías.

Hay cinco lugares en el mundo donde cumplir cien años no es una excepción, donde la gente no se interna en el gimnasio a levantar pesas ni cuenta obsesivamente la cantidad de calorías de cada alimento. En estas poblaciones, la expectativa de vida está por encima del promedio mundial y los índices de dolencias asociadas a la vejez son de los más bajos del planeta. En Okinawa (Japón), Icaria (Grecia), Cerdeña (Italia), Loma Linda (California) y Nicoya (Costa Rica) las personas simplemente se olvidan de morir. ¿El secreto? A pesar de ser culturas muy diferentes entre sí, las investigaciones encontraron una serie de factores comúnes que servirían como guía para comprender por qué viven más y mejor: en todos estos sitios, sus habitantes viven de manera sencilla, caminan en lugar de usar el auto, cosechan sus propios alimentos y le dan una importancia superlativa a la fe, a los familiares y los amigos.

Hasta estos lugares llegó el equipo de investigadores coordinado por el periodista de National Geographic, Dan Buettner, autor del libro “El secreto de las zonas azules”.  Hay una pregunta que recorre toda su investigación: ¿es posible replicar el modo de vida de los habitantes de las zonas azules en otros lugares del mundo? Según el experto, sí. Y la receta es realitvamente sencilla: comer bien, estresarse menos, moverse más y amar mucho.

Conocer las zonas azules, aprehender sus modos de vidas es quizás el mejor mecanismo para alcanzar la meta que propone Buettner: “Morir joven siendo lo más viejo posible”. No se trata sólo de cumplir muchos años sino de mantener la mejor calidad de vida hasta los últimos días.

La edad y la vitalidad. En los últimos años se comenzó a registrar un interés cada vez más importante de la ciencia hacia las zonas azules. Una de las razones que explican la inclinación por estos estudios reside en que existe una nueva visión sobre la tercera edad, momento en que para algunos comienza a partir de los 60 años y para otros a partir de los 70.

De acuerdo a un estudio del Comisión Económica Para América Latina y el Caribe (CEPAL), en la región la población mayor crece de manera exponencial. En 1990, en el continente había 32 millones de personas mayores de 60 años y se estima que en el 2050 este número crecerá a 195,87 millones. Este es un fenómeno a nivel mundial.

Sin embargo, que cada vez más personas lleguen a la tercera edad no significa necesariamente que las poblaciones sean cada vez más saludables. Juan Hitzig, médico gerontólogo y director del programa Longevus, afirma que las zonas azules se caracterizan por ser “bolsones de longevidad”. “Son lugares donde las personas viven muchos años y su calidad de vida acompaña ese estado. Los avances médicos hicieron que ganáramos años de vida, es decir, la longevidad la tenemos conquistada. Ahora, lo que tenemos que lograr es que los años que le robamos a la muerte sirvan para estar más tiempo en el club y no más tiempo en el geriátrico”, subraya el especialista.

Las zonas azules se caracterizan justamente por eso: allí las personas de más de 70 años siguen trabajando, haciéndose cargo de sus hogares y de sus familias y con proyectos de vida. En estos lugares, ser viejo no es esperar la muerte.

Icaria es una isla ubicada en el mar Egeo, a sólo 13 kilómetros de la costa de Turquía, la cual tiene a nivel mundial uno de los índices más bajos de mortalidad en la mediana edad y los índices más bajos de demencia. Okinawa es una isla japonesa que alberga a las mujeres más longevas del planeta. En la provincia italiana de Ogliastra, en Cerdeña, vive la mayor concentración de hombres centenarios de todo el globo. En Loma Linda, una comunidad adventista de California, sus habitantes lograron vivir hasta diez años más y con mejor salud que el estadounidense promedio. Y en la península de Nicoya, en Costa Rica, se observaron los índices más bajos de mortalidad durante la mediana edad así como la segunda concentración más alta de hombres centenarios.

Caminar, comer bien y amar. Aunque suene trillado, los investigadores  que participaron de la elaboración de “El secreto de las zonas azules” confirmaron científicamente que los pilares de una vida saludable y, en consecuencia, de una vejez saludable residen en hacer ejercicio de manera regular, alimentarse de manera sana y priorizar las relaciones sociales.

Un factor común entre Okinawa, Icaria, Cerdeña, Nicoya y Loma Linda es que sus habitantes viven en ambientes que con frecuencia motivan a moverse. En estos lugares, el automóvil sólo se utiliza para recorrer trayectos muy largos y, en el día a día, la gente hace las compras y visita a sus conocidos caminando. Además, todos los longevos entrevistados contaron que atienden su propio jardín y que no tienen electrodomésticos ni máquinas de cortar pasto que les faciliten el trabajo.

Además, los expertos coincidieron en que hay otra cosa que se repite en todas las comunidades: una alimentación sana. La carne (cualquiera sea) no está presente en todas las comidas y, en promedio, sólo se come cinco veces al mes y en porciones pequeñas (del tamaño del puño de la mano). La posibilidad de tener una huerta propia o un lugar donde comprar frutas y verduras frescas es imprescindible ya que, fundamentalmente las hortalizas, son la base de todas estas dietas. Las legumbres y los frutos secos se consumen a diario en todas las zonas azules así como también una o dos copas de vino.

Buettner insiste en que esto no significa que a los habitantes de las zonas azules no les guste la comida chatarra, el azúcar y la sal añadidos en las comidas o las gaseosas. Simplemente sucede que no están al alcance. En todos estos lugares las salidas a los restaurantes o las golosinas son “gustos” que la gente se da para celebraciones muy puntuales y no forman parte del día a día.

Sin embargo, no sólo es una cuestión de hacer ejercicio y comer bien lo que hace que estas personas vivan tanto y bien. Los aspectos sociales y espirituales son tan importantes como el nutricional. Tener un motivo por el cual levantarse todas las mañanas (tanto en la juventud como en la vejez) aumenta la vitalidad. En Okinawa le llaman “ikigai” mientras que en Nicoya “plan de vida” y puede estar relacionado con nuevos proyectos laborales, domésticos o familiares.

En todas las zonas azules tienen técnicas para disminuir el estrés, que provoca inflamación crónica y se asocia a casi todas las enfermedades relacionadas con el envejecimiento. La meditación o el yoga se hicieron populares en los últimos años en las principales ciudades de Occidente pero Buettner insiste en que no hay una única forma para bajar el ritmo. Por ejemplo, en Okinawa sus habitantes se toman unos cuantos minutos al día para recordar a sus ancestros, los adventistas de Loma Linda rezan, los icarianos tienen por costumbre tomar una siesta diaria y en Cerdeña es un hábito aprovechar una hora del día para ir a tomar un trago.

El equipo de Buettner entrevistó a 263 personas de más de 100 años y descubrió que 258 pertenecían a una comunidad creyente y que asistían al menos cuatro veces al mes a algún servicio religioso. Además, confirmaron que estas personas mantenían vínculos muy estrechos con sus familiares y amigos. Este bienestar se traduce a todo el grupo, ya que los resultados arrojaron que las personas jóvenes que mantienen cerca a sus padres o abuelos reducen los índices de mortalidad infantil y enfermedades en niños.

El gerontólogo Hitzig comparte la visión de Buetnner y afirma que, mientras la edad cronológica depende del tiempo, la edad biológica, depende de cinco aspectos: la salud, el alimento, el movimiento, el pensamiento y el sentimiento.

Cuestión de Estado. Si se tuviera que utilizar sólo un concepto para comprender por qué en estos lugares longevidad y calidad de vida van de la mano, debería ser “ambiente propicio”. En las grandes ciudades de la actualidad, afirma Buettner, “las personas se siguen ahogando en un mar de calorías baratas que es inescapable. Es imposible caminar por un aeropuerto o pasar a la gasolinera  sin ser confrontados por un torrente de refrigerios salados, golosinas y refrescos. Incluso hay golosinas con alto contenido de azúcar disfrazadas de ‘barras saludables’”.

Por ello, “El secreto de las zonas azules” es, además de una guía individual, un llamado de atención a los Estados del mundo. Los acuerdos con las industrias alimenticias para que se disminuya el sodio y el azúcar añadido de los productos, los incentivos para que los ciudadanos abandonen los automóviles y disminuyan el estrés son las acciones colectivas para conseguir una población sana. En colectivo es más fácil que de manera individual ya que está demostrado que el tabaquismo, la obesidad y la soledad son “contagiosos”.

En el mundo existe un modelo que demostró con éxito que el cambio de hábitos mejora los índices sanitarios. En Karelia del Norte (Finlandia), un proyecto iniciado a principios de los ’70 logró números sorprendentes logró, a base de acuerdos del Estados con los privados, la incidencia de muertes por cardiopatías en hombres se redujera en un 85%.

Un hogar azul. La necesidad de políticas públicas no implica, sin embargo, que no haya mucho por hacer de manera individua. Por ello, Buettner recomienda crear “hogares azules”, es decir que cada uno puede hacer que su casa sea un pequeño entorno saludable en medio de una gran ciudad. Comer sabiamente, incorporando los llamados “alimentos suprazules” (verduras, frutas, hortalizas de hojas verdes, porotos, etcétera) y distribuyéndolos de una manera más sana. Se recomienda que el desayuno sea la comida más abundante del día y que incluya proteínas, carbohidratos complejos y grasas de origen vegetal.

Además, el experto insiste con mejorar las relaciones sociales, visitar amigos, hacer paseos al aire libre y procurar tener momentos del día para desconectarse de las pantallas y las obligaciones. Básicamente, para llegar a los cien años y continuar teniendo la misma vitalidad que en la juventud, hay que entender el misterio de las zonas azules.

 

 

 

Publicado en la edición de la Revista Noticias el 08 de Octubre del 2016 – Blog de Aníbal P. Revoredo
Tu alimentación

Nuevos planes

El “plan Cormillot” de alimentación saludable del gobierno El aumento de la mala alimentación en el país empujó al gobierno a llevar adelante planes para modificar la dieta de los argentinos y, además, encarar reformas para que la comida sea más saludable. Por esta razón, a mediados de este año, el ministerio de Salud nombró […]

El “plan Cormillot” de alimentación saludable del gobierno

El aumento de la mala alimentación en el país empujó al gobierno a llevar adelante planes para modificar la dieta de los argentinos y, además, encarar reformas para que la comida sea más saludable. Por esta razón, a mediados de este año, el ministerio de Salud nombró al  doctor especialista en nutrición Alberto Cormillot como Coordinador del Programa Nacional de Alimentación Saludable.“Hemos tenido éxito con la reducción de grasas trans y el sodio, pero vamos por mayor reducción de azúcar”, explica Cormilot sobre los primeros meses de trabajo. Si bien por el momento las reducciones que realizan las empresas son voluntarias, el especialista se muestra esperanzado sobre el futuro de la toma de conciencia. “Gran parte de la industria sentimos que va a colaborar porque se viene en el mundo esta tendencia, y eso facilita el trabajo. También esperamos contar con la colaboración de las empresas, como los supermercados, para la difusión de estas estrategias”. “Es el mejor logro que se puede dejar. Hay que institucionalizar la alimentación”.

 

El secreto de las zonas azules: Los cinco lugares del mundo donde se encuentra la gente más saludable y feliz. Claves de la longevidad sin gimnasio ni contar calorías.

Hay cinco lugares en el mundo donde cumplir cien años no es una excepción, donde la gente no se interna en el gimnasio a levantar pesas ni cuenta obsesivamente la cantidad de calorías de cada alimento. En estas poblaciones, la expectativa de vida está por encima del promedio mundial y los índices de dolencias asociadas a la vejez son de los más bajos del planeta. En Okinawa (Japón), Icaria (Grecia), Cerdeña (Italia), Loma Linda (California) y Nicoya (Costa Rica) las personas simplemente se olvidan de morir. ¿El secreto? A pesar de ser culturas muy diferentes entre sí, las investigaciones encontraron una serie de factores comúnes que servirían como guía para comprender por qué viven más y mejor: en todos estos sitios, sus habitantes viven de manera sencilla, caminan en lugar de usar el auto, cosechan sus propios alimentos y le dan una importancia superlativa a la fe, a los familiares y los amigos.

Hasta estos lugares llegó el equipo de investigadores coordinado por el periodista de National Geographic, Dan Buettner, autor del libro “El secreto de las zonas azules”.  Hay una pregunta que recorre toda su investigación: ¿es posible replicar el modo de vida de los habitantes de las zonas azules en otros lugares del mundo? Según el experto, sí. Y la receta es realitvamente sencilla: comer bien, estresarse menos, moverse más y amar mucho.

Conocer las zonas azules, aprehender sus modos de vidas es quizás el mejor mecanismo para alcanzar la meta que propone Buettner: “Morir joven siendo lo más viejo posible”. No se trata sólo de cumplir muchos años sino de mantener la mejor calidad de vida hasta los últimos días.

La edad y la vitalidad. En los últimos años se comenzó a registrar un interés cada vez más importante de la ciencia hacia las zonas azules. Una de las razones que explican la inclinación por estos estudios reside en que existe una nueva visión sobre la tercera edad, momento en que para algunos comienza a partir de los 60 años y para otros a partir de los 70.

De acuerdo a un estudio del Comisión Económica Para América Latina y el Caribe (CEPAL), en la región la población mayor crece de manera exponencial. En 1990, en el continente había 32 millones de personas mayores de 60 años y se estima que en el 2050 este número crecerá a 195,87 millones. Este es un fenómeno a nivel mundial.

Sin embargo, que cada vez más personas lleguen a la tercera edad no significa necesariamente que las poblaciones sean cada vez más saludables. Juan Hitzig, médico gerontólogo y director del programa Longevus, afirma que las zonas azules se caracterizan por ser “bolsones de longevidad”. “Son lugares donde las personas viven muchos años y su calidad de vida acompaña ese estado. Los avances médicos hicieron que ganáramos años de vida, es decir, la longevidad la tenemos conquistada. Ahora, lo que tenemos que lograr es que los años que le robamos a la muerte sirvan para estar más tiempo en el club y no más tiempo en el geriátrico”, subraya el especialista.

Las zonas azules se caracterizan justamente por eso: allí las personas de más de 70 años siguen trabajando, haciéndose cargo de sus hogares y de sus familias y con proyectos de vida. En estos lugares, ser viejo no es esperar la muerte.

Icaria es una isla ubicada en el mar Egeo, a sólo 13 kilómetros de la costa de Turquía, la cual tiene a nivel mundial uno de los índices más bajos de mortalidad en la mediana edad y los índices más bajos de demencia. Okinawa es una isla japonesa que alberga a las mujeres más longevas del planeta. En la provincia italiana de Ogliastra, en Cerdeña, vive la mayor concentración de hombres centenarios de todo el globo. En Loma Linda, una comunidad adventista de California, sus habitantes lograron vivir hasta diez años más y con mejor salud que el estadounidense promedio. Y en la península de Nicoya, en Costa Rica, se observaron los índices más bajos de mortalidad durante la mediana edad así como la segunda concentración más alta de hombres centenarios.

Caminar, comer bien y amar. Aunque suene trillado, los investigadores  que participaron de la elaboración de “El secreto de las zonas azules” confirmaron científicamente que los pilares de una vida saludable y, en consecuencia, de una vejez saludable residen en hacer ejercicio de manera regular, alimentarse de manera sana y priorizar las relaciones sociales.

Un factor común entre Okinawa, Icaria, Cerdeña, Nicoya y Loma Linda es que sus habitantes viven en ambientes que con frecuencia motivan a moverse. En estos lugares, el automóvil sólo se utiliza para recorrer trayectos muy largos y, en el día a día, la gente hace las compras y visita a sus conocidos caminando. Además, todos los longevos entrevistados contaron que atienden su propio jardín y que no tienen electrodomésticos ni máquinas de cortar pasto que les faciliten el trabajo.

Además, los expertos coincidieron en que hay otra cosa que se repite en todas las comunidades: una alimentación sana. La carne (cualquiera sea) no está presente en todas las comidas y, en promedio, sólo se come cinco veces al mes y en porciones pequeñas (del tamaño del puño de la mano). La posibilidad de tener una huerta propia o un lugar donde comprar frutas y verduras frescas es imprescindible ya que, fundamentalmente las hortalizas, son la base de todas estas dietas. Las legumbres y los frutos secos se consumen a diario en todas las zonas azules así como también una o dos copas de vino.

Buettner insiste en que esto no significa que a los habitantes de las zonas azules no les guste la comida chatarra, el azúcar y la sal añadidos en las comidas o las gaseosas. Simplemente sucede que no están al alcance. En todos estos lugares las salidas a los restaurantes o las golosinas son “gustos” que la gente se da para celebraciones muy puntuales y no forman parte del día a día.

Sin embargo, no sólo es una cuestión de hacer ejercicio y comer bien lo que hace que estas personas vivan tanto y bien. Los aspectos sociales y espirituales son tan importantes como el nutricional. Tener un motivo por el cual levantarse todas las mañanas (tanto en la juventud como en la vejez) aumenta la vitalidad. En Okinawa le llaman “ikigai” mientras que en Nicoya “plan de vida” y puede estar relacionado con nuevos proyectos laborales, domésticos o familiares.

En todas las zonas azules tienen técnicas para disminuir el estrés, que provoca inflamación crónica y se asocia a casi todas las enfermedades relacionadas con el envejecimiento. La meditación o el yoga se hicieron populares en los últimos años en las principales ciudades de Occidente pero Buettner insiste en que no hay una única forma para bajar el ritmo. Por ejemplo, en Okinawa sus habitantes se toman unos cuantos minutos al día para recordar a sus ancestros, los adventistas de Loma Linda rezan, los icarianos tienen por costumbre tomar una siesta diaria y en Cerdeña es un hábito aprovechar una hora del día para ir a tomar un trago.

El equipo de Buettner entrevistó a 263 personas de más de 100 años y descubrió que 258 pertenecían a una comunidad creyente y que asistían al menos cuatro veces al mes a algún servicio religioso. Además, confirmaron que estas personas mantenían vínculos muy estrechos con sus familiares y amigos. Este bienestar se traduce a todo el grupo, ya que los resultados arrojaron que las personas jóvenes que mantienen cerca a sus padres o abuelos reducen los índices de mortalidad infantil y enfermedades en niños.

El gerontólogo Hitzig comparte la visión de Buetnner y afirma que, mientras la edad cronológica depende del tiempo, la edad biológica, depende de cinco aspectos: la salud, el alimento, el movimiento, el pensamiento y el sentimiento.

Cuestión de Estado. Si se tuviera que utilizar sólo un concepto para comprender por qué en estos lugares longevidad y calidad de vida van de la mano, debería ser “ambiente propicio”. En las grandes ciudades de la actualidad, afirma Buettner, “las personas se siguen ahogando en un mar de calorías baratas que es inescapable. Es imposible caminar por un aeropuerto o pasar a la gasolinera  sin ser confrontados por un torrente de refrigerios salados, golosinas y refrescos. Incluso hay golosinas con alto contenido de azúcar disfrazadas de ‘barras saludables’”.

Por ello, “El secreto de las zonas azules” es, además de una guía individual, un llamado de atención a los Estados del mundo. Los acuerdos con las industrias alimenticias para que se disminuya el sodio y el azúcar añadido de los productos, los incentivos para que los ciudadanos abandonen los automóviles y disminuyan el estrés son las acciones colectivas para conseguir una población sana. En colectivo es más fácil que de manera individual ya que está demostrado que el tabaquismo, la obesidad y la soledad son “contagiosos”.

En el mundo existe un modelo que demostró con éxito que el cambio de hábitos mejora los índices sanitarios. En Karelia del Norte (Finlandia), un proyecto iniciado a principios de los ’70 logró números sorprendentes logró, a base de acuerdos del Estados con los privados, la incidencia de muertes por cardiopatías en hombres se redujera en un 85%.

Un hogar azul. La necesidad de políticas públicas no implica, sin embargo, que no haya mucho por hacer de manera individua. Por ello, Buettner recomienda crear “hogares azules”, es decir que cada uno puede hacer que su casa sea un pequeño entorno saludable en medio de una gran ciudad. Comer sabiamente, incorporando los llamados “alimentos suprazules” (verduras, frutas, hortalizas de hojas verdes, porotos, etcétera) y distribuyéndolos de una manera más sana. Se recomienda que el desayuno sea la comida más abundante del día y que incluya proteínas, carbohidratos complejos y grasas de origen vegetal.

Además, el experto insiste con mejorar las relaciones sociales, visitar amigos, hacer paseos al aire libre y procurar tener momentos del día para desconectarse de las pantallas y las obligaciones. Básicamente, para llegar a los cien años y continuar teniendo la misma vitalidad que en la juventud, hay que entender el misterio de las zonas azules.

 

 

 

Publicado en la edición de la Revista Noticias el 08 de Octubre del 2016 – Blog de Aníbal P. Revoredo

 

Tu alimentación

La grieta alimenticia

Tener 50 años en el centro de la Ciudad de Buenos Aires no es lo mismo que tenerlos en otra región del país”. Así grafica la situación nacional el biogerontólogo Juan Hitzig, pionero en el estudio del proceso del envejecimiento en Argentina. De acuerdo con el especialista, “una cosa es la edad cronológica y otra […]

Tener 50 años en el centro de la Ciudad de Buenos Aires no es lo mismo que tenerlos en otra región del país”. Así grafica la situación nacional el biogerontólogo Juan Hitzig, pionero en el estudio del proceso del envejecimiento en Argentina.

De acuerdo con el especialista, “una cosa es la edad cronológica y otra la edad biológica. La primera depende del tiempo y está regida por nuestra fecha de nacimiento. La biológica es la que indica nuestro ADN y depende del estilo de vida”.

“Tener 50 años en Santa Fe y Callao, en Capital, no es lo mismo que en otros barrios. De hecho, con mi equipo hicimos un estudio que determinó que desde ese punto, desplazándose al sudoeste y contando cada 25 cuadras, las personas eran más viejas a igual edad cronológica. La edad biológica va aumentando en esa dirección”, detalla Hitzig.

 

El secreto de las zonas azules: Los cinco lugares del mundo donde se encuentra la gente más saludable y feliz. Claves de la longevidad sin gimnasio ni contar calorías.

Hay cinco lugares en el mundo donde cumplir cien años no es una excepción, donde la gente no se interna en el gimnasio a levantar pesas ni cuenta obsesivamente la cantidad de calorías de cada alimento. En estas poblaciones, la expectativa de vida está por encima del promedio mundial y los índices de dolencias asociadas a la vejez son de los más bajos del planeta. En Okinawa (Japón), Icaria (Grecia), Cerdeña (Italia), Loma Linda (California) y Nicoya (Costa Rica) las personas simplemente se olvidan de morir. ¿El secreto? A pesar de ser culturas muy diferentes entre sí, las investigaciones encontraron una serie de factores comúnes que servirían como guía para comprender por qué viven más y mejor: en todos estos sitios, sus habitantes viven de manera sencilla, caminan en lugar de usar el auto, cosechan sus propios alimentos y le dan una importancia superlativa a la fe, a los familiares y los amigos.

Hasta estos lugares llegó el equipo de investigadores coordinado por el periodista de National Geographic, Dan Buettner, autor del libro “El secreto de las zonas azules”.  Hay una pregunta que recorre toda su investigación: ¿es posible replicar el modo de vida de los habitantes de las zonas azules en otros lugares del mundo? Según el experto, sí. Y la receta es realitvamente sencilla: comer bien, estresarse menos, moverse más y amar mucho.

Conocer las zonas azules, aprehender sus modos de vidas es quizás el mejor mecanismo para alcanzar la meta que propone Buettner: “Morir joven siendo lo más viejo posible”. No se trata sólo de cumplir muchos años sino de mantener la mejor calidad de vida hasta los últimos días.

La edad y la vitalidad. En los últimos años se comenzó a registrar un interés cada vez más importante de la ciencia hacia las zonas azules. Una de las razones que explican la inclinación por estos estudios reside en que existe una nueva visión sobre la tercera edad, momento en que para algunos comienza a partir de los 60 años y para otros a partir de los 70.

De acuerdo a un estudio del Comisión Económica Para América Latina y el Caribe (CEPAL), en la región la población mayor crece de manera exponencial. En 1990, en el continente había 32 millones de personas mayores de 60 años y se estima que en el 2050 este número crecerá a 195,87 millones. Este es un fenómeno a nivel mundial.

Sin embargo, que cada vez más personas lleguen a la tercera edad no significa necesariamente que las poblaciones sean cada vez más saludables. Juan Hitzig, médico gerontólogo y director del programa Longevus, afirma que las zonas azules se caracterizan por ser “bolsones de longevidad”. “Son lugares donde las personas viven muchos años y su calidad de vida acompaña ese estado. Los avances médicos hicieron que ganáramos años de vida, es decir, la longevidad la tenemos conquistada. Ahora, lo que tenemos que lograr es que los años que le robamos a la muerte sirvan para estar más tiempo en el club y no más tiempo en el geriátrico”, subraya el especialista.

Las zonas azules se caracterizan justamente por eso: allí las personas de más de 70 años siguen trabajando, haciéndose cargo de sus hogares y de sus familias y con proyectos de vida. En estos lugares, ser viejo no es esperar la muerte.

Icaria es una isla ubicada en el mar Egeo, a sólo 13 kilómetros de la costa de Turquía, la cual tiene a nivel mundial uno de los índices más bajos de mortalidad en la mediana edad y los índices más bajos de demencia. Okinawa es una isla japonesa que alberga a las mujeres más longevas del planeta. En la provincia italiana de Ogliastra, en Cerdeña, vive la mayor concentración de hombres centenarios de todo el globo. En Loma Linda, una comunidad adventista de California, sus habitantes lograron vivir hasta diez años más y con mejor salud que el estadounidense promedio. Y en la península de Nicoya, en Costa Rica, se observaron los índices más bajos de mortalidad durante la mediana edad así como la segunda concentración más alta de hombres centenarios.

Caminar, comer bien y amar. Aunque suene trillado, los investigadores  que participaron de la elaboración de “El secreto de las zonas azules” confirmaron científicamente que los pilares de una vida saludable y, en consecuencia, de una vejez saludable residen en hacer ejercicio de manera regular, alimentarse de manera sana y priorizar las relaciones sociales.

Un factor común entre Okinawa, Icaria, Cerdeña, Nicoya y Loma Linda es que sus habitantes viven en ambientes que con frecuencia motivan a moverse. En estos lugares, el automóvil sólo se utiliza para recorrer trayectos muy largos y, en el día a día, la gente hace las compras y visita a sus conocidos caminando. Además, todos los longevos entrevistados contaron que atienden su propio jardín y que no tienen electrodomésticos ni máquinas de cortar pasto que les faciliten el trabajo.

Además, los expertos coincidieron en que hay otra cosa que se repite en todas las comunidades: una alimentación sana. La carne (cualquiera sea) no está presente en todas las comidas y, en promedio, sólo se come cinco veces al mes y en porciones pequeñas (del tamaño del puño de la mano). La posibilidad de tener una huerta propia o un lugar donde comprar frutas y verduras frescas es imprescindible ya que, fundamentalmente las hortalizas, son la base de todas estas dietas. Las legumbres y los frutos secos se consumen a diario en todas las zonas azules así como también una o dos copas de vino.

Buettner insiste en que esto no significa que a los habitantes de las zonas azules no les guste la comida chatarra, el azúcar y la sal añadidos en las comidas o las gaseosas. Simplemente sucede que no están al alcance. En todos estos lugares las salidas a los restaurantes o las golosinas son “gustos” que la gente se da para celebraciones muy puntuales y no forman parte del día a día.

Sin embargo, no sólo es una cuestión de hacer ejercicio y comer bien lo que hace que estas personas vivan tanto y bien. Los aspectos sociales y espirituales son tan importantes como el nutricional. Tener un motivo por el cual levantarse todas las mañanas (tanto en la juventud como en la vejez) aumenta la vitalidad. En Okinawa le llaman “ikigai” mientras que en Nicoya “plan de vida” y puede estar relacionado con nuevos proyectos laborales, domésticos o familiares.

En todas las zonas azules tienen técnicas para disminuir el estrés, que provoca inflamación crónica y se asocia a casi todas las enfermedades relacionadas con el envejecimiento. La meditación o el yoga se hicieron populares en los últimos años en las principales ciudades de Occidente pero Buettner insiste en que no hay una única forma para bajar el ritmo. Por ejemplo, en Okinawa sus habitantes se toman unos cuantos minutos al día para recordar a sus ancestros, los adventistas de Loma Linda rezan, los icarianos tienen por costumbre tomar una siesta diaria y en Cerdeña es un hábito aprovechar una hora del día para ir a tomar un trago.

El equipo de Buettner entrevistó a 263 personas de más de 100 años y descubrió que 258 pertenecían a una comunidad creyente y que asistían al menos cuatro veces al mes a algún servicio religioso. Además, confirmaron que estas personas mantenían vínculos muy estrechos con sus familiares y amigos. Este bienestar se traduce a todo el grupo, ya que los resultados arrojaron que las personas jóvenes que mantienen cerca a sus padres o abuelos reducen los índices de mortalidad infantil y enfermedades en niños.

El gerontólogo Hitzig comparte la visión de Buetnner y afirma que, mientras la edad cronológica depende del tiempo, la edad biológica, depende de cinco aspectos: la salud, el alimento, el movimiento, el pensamiento y el sentimiento.

Cuestión de Estado. Si se tuviera que utilizar sólo un concepto para comprender por qué en estos lugares longevidad y calidad de vida van de la mano, debería ser “ambiente propicio”. En las grandes ciudades de la actualidad, afirma Buettner, “las personas se siguen ahogando en un mar de calorías baratas que es inescapable. Es imposible caminar por un aeropuerto o pasar a la gasolinera  sin ser confrontados por un torrente de refrigerios salados, golosinas y refrescos. Incluso hay golosinas con alto contenido de azúcar disfrazadas de ‘barras saludables’”.

Por ello, “El secreto de las zonas azules” es, además de una guía individual, un llamado de atención a los Estados del mundo. Los acuerdos con las industrias alimenticias para que se disminuya el sodio y el azúcar añadido de los productos, los incentivos para que los ciudadanos abandonen los automóviles y disminuyan el estrés son las acciones colectivas para conseguir una población sana. En colectivo es más fácil que de manera individual ya que está demostrado que el tabaquismo, la obesidad y la soledad son “contagiosos”.

En el mundo existe un modelo que demostró con éxito que el cambio de hábitos mejora los índices sanitarios. En Karelia del Norte (Finlandia), un proyecto iniciado a principios de los ’70 logró números sorprendentes logró, a base de acuerdos del Estados con los privados, la incidencia de muertes por cardiopatías en hombres se redujera en un 85%.

Un hogar azul. La necesidad de políticas públicas no implica, sin embargo, que no haya mucho por hacer de manera individua. Por ello, Buettner recomienda crear “hogares azules”, es decir que cada uno puede hacer que su casa sea un pequeño entorno saludable en medio de una gran ciudad. Comer sabiamente, incorporando los llamados “alimentos suprazules” (verduras, frutas, hortalizas de hojas verdes, porotos, etcétera) y distribuyéndolos de una manera más sana. Se recomienda que el desayuno sea la comida más abundante del día y que incluya proteínas, carbohidratos complejos y grasas de origen vegetal.

Además, el experto insiste con mejorar las relaciones sociales, visitar amigos, hacer paseos al aire libre y procurar tener momentos del día para desconectarse de las pantallas y las obligaciones. Básicamente, para llegar a los cien años y continuar teniendo la misma vitalidad que en la juventud, hay que entender el misterio de las zonas azules.

 

 

 

 

Publicado en la edición de la Revista Noticias el 08 de Octubre del 2016 – Blog de Aníbal P. Revoredo

 

Tu alimentación

Una feria orgánica llegó a Las Cañitas y sorprende a los vecinos

11 de agosto de 2016

Cansados de la oferta habitual de las verdulerías y los supermercados locales, los vecinos de Las Cañitas en el barrio de Palermo, amanecieron ayer, con una grata novedad. Es que a una de sus calles más emblemáticas, el boulevard Indalecio Chenaut -que nace en Luis María Campos y muere en la cancha de polo-, llegó […]

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Cansados de la oferta habitual de las verdulerías y los supermercados locales, los vecinos de Las Cañitas en el barrio de Palermo, amanecieron ayer, con una grata novedad. Es que a una de sus calles más emblemáticas, el boulevard Indalecio Chenaut -que nace en Luis María Campos y muere en la cancha de polo-, llegó la Feria Sabe la Tierra. Se trata de una iniciativa que cuenta con el auspicio de Ferias y Mercados del Gobierno de la Ciudad, donde se pueden comprar todo tipo de productos orgánicos, a muy buenos precios y de la mano directa de sus productores.

La feria ya tiene presencia en otros barrios pero es todo un hallazgo en Las Cañitas, donde los vecinos ahora pueden encontrar, frutas y verduras agroecológicas en muchos casos a menor precio que en verdulerías y supermercados, como unas excelentes plantas de lechuga a $35 el kilo. Además hay productos especiales, como pollos orgánicos a $105 el kilo, huevos orgánicos a $50 la docena, quesos a $70 la horma, panes y budines integrales a $45, aceite de coco a $300 el medio litro, nueces orgánicas a $250, lácteos, chocolates, jugos naturales, salamines, pastelería, nueces confitadas, aceites esenciales y productos de cosmética natural.

“Trabajamos de forma itinerante y estaremos miércoles de por medio. Arrancamos hoy (por ayer) en este hermoso boulevard. La idea es conectar a productores y consumidores en un mismo lugar sin intermediarios. De esta manera, cuidamos los precios justos y el consumo responsable”, dice Luciana, coordinadora de la feria.

“Había muchos pedidos de vecinos que se quejaban de los altos precios de las verdulerías en Las Cañitas; y querían una feria en su barrio que antes no había. Con esta feria, acercamos muy buenos precios al consumidor porque justamente no hay intermediarios”, detalla Luciana.

Vincent es parisino, tiene 39 años y hace 6 años que vive en San Fernando con su mujer que es Argentina. “Yo trabajaba en lo orgánico en Francia y justo cuando llegué acá, abrió Sabe la Tierra, ahí descubrí ésta feria y me encantó. Fui primero cliente y de a poco empecé a trabajar con los pollos y huevos de campo que provienen de Cañuelas”, cuenta Vincent, que en Francia era técnico audiovisual en televisión, pero un día ya no quiso saber nada más con las pantallas y ahora se dedica a la venta orgánica. “Este lugar en Cañitas es divino. En Francia, todos los barrios y pueblos tienen sus propias ferias que allá se llaman mercados, pero no todos son orgánicos aunque, cada vez más, los consumidores reclaman eso. Buenos Aires se jacta de ser afrancesada, por eso está bueno que también incorporen el concepto de ferias que hay allá para comer más barato y más fresco”, agrega.

“Es una feria hermosa, toda la clientela es del barrio o de la zona y se arma un ambiente con muy buena onda, con degustaciones y muy cordial”, dice Leonardo, (45) mientras atiende su stand: “Yo trabajo para una productora de aceite de oliva extra virgen que se produce con prensada en frío. El prensado se hace con un molino de piedra como se hacía en época del virreinato. Somos el único productor que queda con esta técnica tan antigua en el país; y en el mundo quedan sólo 6”, detalla orgulloso.

Laura Ilal, (42) cuenta, mientras ofrece degustaciones en su stand, que el espíritu de la feria es que el consumidor acceda a los productos elaborados de manera artesanal, porque las diferencias con los orgánicos son muy notables. “Recibir productos directamente de la tierra también depende mucho de nosotros. Hacemos esto, para no esperar que las soluciones vengan de otros. Colaborar entre todos para que las economías regionales se reactiven y los productos realmente lleguen fácil y de forma accesible a cualquier consumidor, es una tarea muy gratificante”, relata.

Darío Lituri, (35) es un productor vegano. Cuenta que todas las delicatessens que también se pueden probar en su stand, son de su autoría y la de su hermano. Juntos elaboran sus productos “a conciencia”. “Ser vegano es respetar el reino animal. Nosotros elaboramos productos que no contienen ni huevos ni leche como: milanesas de pasta de garbanzo rebosadas con germen de trigo, matambrito de seitán, hamburguesa de quinoa con arroz yamani y vegetales, pero siempre tratando de emular a la carne vacuna para que también entre por los ojos”, comenta Darío.

En la feria también se pueden encontrar quesos de búfala y cabra a $120 la horma. Gruyere a $250 el kilo. Salame y longaniza de cerdo ahumado a $60 c/u. Pan integral de amapola y nueces orgánicas a $45. Pan de centeno, chia y girasol a $45 la horma de 900 gramos. Milanesas y hamburguesas de seitán con vegetales y arroz yamani a $90 el pack de 4. Lever de pasta de garbanzo con aceitunas y zanahoria bañado en pimentón a $50. Medialunas de algarroba con avena integral a $25 por 3 unidades y prepizzas de cebolla con tomate, 100% integrales a $50.

Feria Itinirante Sabe la tierra: Dónde y cuándo

En el Tren de la Costa en San Fernando; en Vicente López todos los sábados; en Belgrano, en Juramento y Ciudad de la Paz; en Zona Sur, en Canning, Ezeiza; en Maschwitz todos los sábados; y ahora en Las Cañitas, los miércoles por medio. El próximo miércoles estará Balvanera, en Callao y Lavalle.

 

 

 

 

Publicado en la edición impresa del Diario Clarín el 04 de Agosto del 2016 – Blog de Aníbal P. Revoredo

 

 

 

 

Tu alimentación

Afirman que los jugos y las bebidas light elevan la obesidad abdominal

13 de julio de 2016

Un estudio detectó que tomar más de 5 vasos por semana aumenta el riesgo de desarrollar síndrome metabólico. Con la edad la grasa se acumula fácilmente en la zona del abdomen. La dieta y la falta de ejercicio es el principal factor. Ahora un estudio constató que lo que tomamos, incluso si es un jugo […]

Un estudio detectó que tomar más de 5 vasos por semana aumenta el riesgo de desarrollar síndrome metabólico.

Gaseosas. Las azucaradas serán gravadas con un impuesto especial para financiar programas de deportes escolares.

Con la edad la grasa se acumula fácilmente en la zona del abdomen. La dieta y la falta de ejercicio es el principal factor. Ahora un estudio constató que lo que tomamos, incluso si es un jugo o una bebida light, juega un papel clave.

La investigación forma parte del estudio PREDIMED (Prevención con Dieta Mediterránea) y contó con la participación de la Universidad Rovira i Virgili, concluyó que beber más de cinco vasos por semana de bebidas azucaradas o edulcoradas, incluidas las light y los jugos de fruta, puede aumentar la obesidad abdominal, la hipertensión arterial, los niveles de triglicéridos en sangre, y reducir el colesterol bueno.

Los resultados, publicados en Journal of Medicine, indican que quienes consumen más de cinco vasos por semana de estas bebidas presentan entre un 14% y 74% más riesgo de desarrollar síndrome metabólico que aquellos que toman menos de un vaso. Además, en el caso de las azucaradas, su consumo frecuente incrementa un 9% el riesgo de tener hipertensión y también de presentar niveles bajos de colesterol bueno.

En este trabajo se analizaron los datos de 1.868 participantes de entre 55 y 80 años sin síndrome metabólico al inicio del estudio, pero con un alto riesgo cardiovascular. Los resultados refuerzan la hipótesis de que las bebidas azucaradas o edulcoradas y los jugos de fruta deben estar en la cúpula de la pirámide nutricional y que hay que disminuir el consumo.

Con los datos de este estudio se puede afirmar la importancia de seguir un patrón de consumo de alimentos y de bebidas más próximos a la dieta mediterránea para evitar la enfermedad. Mientras que beber una cantidad suficiente de agua (y vino tinto con moderación) son hábitos propios de los países mediterráneos, las bebidas azucaradas o edulcoradas, no.

El síndrome metabólico es un conjunto de factores de riesgo, como la obesidad abdominal, la hipertensión arterial, los niveles bajos de colesterol HDL en sangre y los elevados niveles de triglicéridos y de glucosa. Se calcula que una cuarta parte de los adultos en países desarrollados lo sufre.

La gran pista para determinar quién lo padece la proporciona la obesidad central, que se mide con la circunferencia de la cintura. El tejido graso que se acumula alrededor del abdomen es más peligroso por su riesgo cardiovascular. Esta obesidad central, o en forma de manzana, afecta más a los hombres. Según el National Cholesterol Education Program no deberían superar los 102 cm de perímetro de cintura. Las mujeres, los 88 cm.

El síndrome metabólico es uno de los mayores problemas de sanidad pública. La Federación Internacional de Diabetes cree que este conjunto de factores está impulsando las epidemias paralelas mundiales de diabetes tipo 2 y enfermedades cardiovasculares.

Las personas con síndrome metabólico tienen un riesgo tres veces mayor de sufrir un infarto de miocardio o un derrame cerebral y un riesgo dos veces mayor de morir a causa estas causas, en comparación con las que no lo padecen.

Fuente: La Vanguardia

 

 

 

Publicado en la edición impresa del diario Clarín 12 de Julio del 2016 – Blog de Aníbal P. Revoredo