Tu mascota

Con protestas, la polémica por las carreras de galgos llegó al Congreso

16 de agosto de 2016

Los galgueros son, en la jerga, los que tiran los galgos indiscriminadamente, los que, como parte de un entusiasmo inagotable, intentan seducir hasta a las estatuas. Pero en este caso son otra cosa: son los que promueven las carreras de galgos, tiernos animalitos que alcanzan velocidades supersónicas, la raza favorita de los faraones egipcios. Y […]

Ayer-marcharon-Foto-Emmanuel-fernandez_CLAIMA20160810_0321_28

Los galgueros son, en la jerga, los que tiran los galgos indiscriminadamente, los que, como parte de un entusiasmo inagotable, intentan seducir hasta a las estatuas. Pero en este caso son otra cosa: son los que promueven las carreras de galgos, tiernos animalitos que alcanzan velocidades supersónicas, la raza favorita de los faraones egipcios. Y están enfrentados con quienes pretenden que se prohíban estas actividades. La grieta canina.

“Por los derechos de los animales de todo el país”, ayer hubo una marcha al Congreso y a la Casa Rosada, una protesta que se replicó en otras ciudades. La intención de los organizadores fue que se active el tratamiento en Diputados de la Ley Nacional de Prohibición de Carreras de Perros, que desde hace un año ya cuenta con media sanción en el Senado. Ayer estaba previsto que el proyecto se tratara en comisiones, pero fue suspendido.

Daniela López forma parte de Proyecto Galgo Argentina, una agrupación que acusa de “explotación animal” a los organizadores de estas contiendas. “A través del sitio change.org/stopgalgueros ya juntamos unas 320.000 firmas: necesitamos que la ley se trate ya en Diputados”, le explica Daniela a Clarín. Y agrega: “Para correr más rápido, a los perros les inyectan distintas drogas. Y a algunos hasta les dan cocaína. Cuando no les sirven más, los abandonan. Solamente en la zona de Luján-Mercedes, por donde yo me muevo, rescatamos unos 300 galgos por año”. Proyecto Galgo Argentina también denunció amenazas de parte de los galgueros. Dieron a conocer audios en los que un hombre plantea: “Hay que ponerse las pilas, llevo una gomera con 200, 300 bolitas y les voy a sacudir los vidrios, lo que sea, le vamos a hacer mierda el Congreso”.

El proyecto que se aprobó en la Cámara Alta fue presentado por Magdalena Odarda, senadora por Río Negro de la Alianza Frente Progresista. La iniciativa establece la prohibición de las carreras de perros en todo el país y castiga con prisión de uno a cuatro años y multas de hasta 80 mil pesos a quien “organice, participe o promueva esas competencias”. “La crueldad sigue impune”, explica Odarda.

Los antigalgueros no están solos. Cuentan con el apoyo de, por citar sólo a algunas figuras, Nicole Neumann, Clemente Cancela, Candelaria Tinelli y Daniela Cardone, firme defensora de las mascotas: embalsamó a su gato Matute.

Los galgueros habían marchado el martes al Congreso. Según ellos, las carreras de galgos son similares a las carreras de caballos y, por eso, lo que hay que hacer es “regularlas pero no prohibirlas”. Si no –aseguran–, “se seguirán llevando a cabo de manera clandestina”. También, reconocen que quienes tratan con crueldad a los perros “son alrededor del 10%” de los galgueros. Y una ley, justamente, permitiría que los malos tratos desaparecieran.

Andrea Tejeda, que lleva adelante A puro galgos, una cuenta de Facebook que se encarga de “promocionar actividades vinculadas con estos animales”, sostiene: “A la marcha fuimos con varios veterinarios que nos apoyan, como Lisandro Hernández. Somos cuidadores de una raza preparada para correr. Está en la naturaleza de estos perros. Y día a día me sorprendo con el amor que les tienen los galgueros a sus galgos. En Estados Unidos, las carreras son legales y televisadas. ¿Por qué no se puede hacer lo mismo en Argentina?”.

 

 

 

 

 

Publicado en la edición impresa del Diario Clarín el 11 de Agosto del 2016 – Blog de Aníbal P. Revoredo

 

Tu mascota

Este poema refleja cómo se sienten los perros con los humanos. ¡LLORÉ de pena!

    Un perro no nos juzga por nuestras pertenencias ni por el lujo con el que vivamos. Ellos nos aman incondicionalmente y, aunque para nosotros ellos sean una parte de nuestras vidas, para ellos lo somos todo. El poema de abajo lo escribió Beth Norman Harris en el Chicago Tribune cuando perdió a su mascota. […]

Por-qué-los-perros-mueven-la-cola

 

 

Un perro no nos juzga por nuestras pertenencias ni por el lujo con el que vivamos. Ellos nos aman incondicionalmente y, aunque para nosotros ellos sean una parte de nuestras vidas, para ellos lo somos todo.

El poema de abajo lo escribió Beth Norman Harris en el Chicago Tribune cuando perdió a su mascota. Sin embargo, Harris captura toda la esencia de lo que sienten los perros hacia nosotros. Léelo completo y trata de aguantar las lágrimas.

Trátame con cariño, mi apreciado amo, porque no hay corazón en el mundo que esté más agradecido por tu cariño que el mío.”

I love my dog

No rompas mi espíritu con un palo, porque aunque lama tus manos entre cada golpe, tu paciencia y entendimiento me enseñarán más rápido lo que quisieras que haga.”

I love my dog

Háblame siempre, porque tu voz es la música más dulce, como lo sabrás por la manera en que meneo mi cola cuando el sonido de tus pasos llega a mis oídos.”

Alice 105.9

Cuando haga frío, déjame entrar… pues soy ahora un animal domesticado, no acostumbrado a los amargos elementos… y no pido más gloria que el privilegio de sentarme a tus pies en tu hogar… pero si no tuvieras casa, te seguiría por el hielo y la nieve antes que descansar en la almohada más cómoda de la mansión más abrigada de esta tierra… porque tú eres mi dios… y yo soy tu devoto seguidor.”

Tumblr

Mantén mi plato lleno de agua, porque aunque no te reprocharé si está seco, tampoco puedo decirte cuándo tengo sed. Dame comida limpia, para que esté sano y pueda jugar y hacer tu voluntad, caminar a tu lado; y estar listo y dispuesto a protegerte con mi vida, si estuvieras en peligro.”

Paige the Border Collie

Y, mi apreciado amo, si el Gran Maestro viera pertinente privarme de mi buena salud o visión, no me alejes de ti. Mejor guárdame gentilmente en tus brazos mientras tus habilidosas manos me dan la misericordiosa gracia de un descanso eterno… y me iré sabiendo que con el último aliento que di, mi destino siempre estuvo a salvo en tus manos.”

6ABC Action News
Publicado en perfecto.com el 10 de Agosto del 2016 – Blog de Aníbal P. Revoredo
Tu mascota

La increíble historia del perro callejero que ahora vive en Alemania

13 de agosto de 2016

Una azafata alemana adoptó a un perro callejero de Buenos Aires que la seguía a todos lados Olivia Sievers es azafata y alemana. Por su trabajo, viaja frecuentemente a Buenos Aires, y cuando lo hace, se hospeda en el hotel Hilton de Puerto Madero. Ahí es donde conoció a «Rubio», un perro callejero que, cada […]

emociones-2250783w620

Una azafata alemana adoptó a un perro callejero de Buenos Aires que la seguía a todos lados

Olivia Sievers es azafata y alemana. Por su trabajo, viaja frecuentemente a Buenos Aires, y cuando lo hace, se hospeda en el hotel Hilton de Puerto Madero. Ahí es donde conoció a «Rubio», un perro callejero que, cada vez que la veía, no se le despegaba de encima. Entonces Olivia tomó una decisión: lo adoptó y se lo llevó a Alemania.

«Cuando nos vimos le di algo de comida y jugamos un rato. Y después, cuando volvía al hotel, intenté tomar un camino indirecto para que no me siga. Fue imposible. Él estaba muy feliz de que alguien le preste atención», dijo Olivia en una entrevista al noticiero de El Trece.

 

 

El día del encuentro, el perro, bautizado «Rubio» por Olivia, la siguió hasta el hotel. Y ella le dio una manta de la línea aérea para la que trabaja, para que no tenga frío de noche. Después Olivia regresó a Alemania. Y cuando volvió, por trabajo y al mismo hotel, «Rubio» estaba en la puerta esperando para saludarla. La misma rutina se repitió a lo largo de seis meses.

Entonces Olivia, en una de sus visitas, se encargó de que un hogar de animales adopte y cuide a «Rubio». Imposible. El perro se escapó al día y apareció en el Hilton, esperando a Olivia. En ese momento Olivia decidió adoptarlo.

El viernes de la semana pasada, luego de que Olivia realizara los trámites correspondientes, «Rubio» tomó un avión y acompañó a Olivia a su nuevo hogar en Alemania.

Una azafata alemana adoptó a un perro callejero de Buenos Aires que la seguía a todos lados

 

Publicado en la edición impresa del Diario Clarín el 11 de Agosto del 2016 – Blog de Aníbal P. Revoredo
Tu mascota

Caballos que sanan: la equinoterapia, una alternativa para curar

8 de agosto de 2016

  Los celtas acostumbraban a regalar un caballo a la persona de la comunidad que había sufrido la pérdida de un ser querido porque sabían que la ayudaría a sanar la ausencia y, además, creían que el caballo era mensajero entre los dos mundos. Muchos pueblos entendieron que el caballo era más que un animal […]

0,,69778373,00

 

Los celtas acostumbraban a regalar un caballo a la persona de la comunidad que había sufrido la pérdida de un ser querido porque sabían que la ayudaría a sanar la ausencia y, además, creían que el caballo era mensajero entre los dos mundos.

Muchos pueblos entendieron que el caballo era más que un animal a su servicio para la guerra, el transporte y el trabajo. En algunas culturas lo elevaron al estatus de divinidad. Durante milenios, estos animales han demostrado a los humanos que su presencia y compañía causan grandes cambios anímicos. Sin embargo, su función terapéutica nunca había sido objeto de estudio de la ciencia, hasta mediados del siglo XX, cuando empezó a utilizárselos para rehabilitación de diferentes enfermedades que involucraban discapacidad física y psíquica.

«Los caballos se comportan socialmente en forma noble, equilibrada. Sólo les preocupa el bienestar y la supervivencia de su especie »

La Argentina fue un país precursor en la implementación de este tipo de terapias. Hace 36 años, cuando María de los Ángeles Kalbermatter empezó a realizar la actividad, sólo se la conocía en Europa y Estados Unidos, sin mucha aceptación. Debido a la amputación de su pierna, a los 27 años, María de los Ángeles eligió hacer rehabilitación haciendo equitación, algo que no tenía precedente.

Por lo inusual de su iniciativa, sus profesores no supieron decirle que no. A lo largo de los años, no sólo demostró que se podía hacer, sino también que empezó a llevar a niños con diferentes patologías para que practicaran y sintieran la mejoría que ella sentía.

«Los únicos que creían en esto eran aquellos que amaban los caballos. Hoy, 36 años después de haber fundado la primera escuela de equinoterapia en Latinoamérica, me siento orgullosa. En el país de los caballos, era imposible que esto no funcionara. A la escuela se han acercado todo tipo de pacientes: con trastornos graves en su gran mayoría, pero en los últimos años también se han sumado pacientes que habían sufrido ACV, depresión, estrés, alumnos que al contactarse con el caballo descubren el poder sanador de este animal maravilloso. He formado muchas generaciones de equinoterapeutas y me siento feliz por todo lo que la vida me dio. Lejos de sentir la amputación como una pérdida, fue el motor de arranque de todo esto que es milagroso vivir día a día», relata.

«Las actividades en la psicoterapia con caballos se realizan en tierra, de a pie, no se los monta »

Hoy más de 100 centros practican la equinoterapia en todo el país. Esta nueva modalidad terapéutica comenzó a implementarse en enfermedades ligadas a trastornos motores y neurológicos graves, así como ha tenido excelentes resultados en enfermedades como el autismo.

«Se fundamenta en tres principios básicos: la transmisión del calor corporal, de impulsos rítmicos y de un patrón de locomoción equivalente al de la marcha humana. El caballo es un ser sanador a través de su lenguaje corporal y emocional y sirve de espejo al alma humana. Ésta es una información muy valiosa que el caballo le devuelve a la persona para reflexionar sobre lo que le está sucediendo en su interior y que muchas veces no coincide con su lenguaje verbal», explica Julieta Malleville, directora de la Escuela de Equinoterapia La Paloma, en Tandil.

Los caballos se comportan socialmente en forma noble, equilibrada. Sólo les preocupa el bienestar y la supervivencia de su especie. Por su naturaleza herbívora, han desarrollado un intenso sensor de energía, para prevenir los peligros. Esto hace de ellos seres muy sensibles, que se relacionan con las personas desde la conciencia emocional: lo que sienten, lo reflejan en su comportamiento, algo que los seres humanos no siempre hacemos. Por eso, los que van a este tipo de terapias, desarrollan una relación emocional con el caballo que les permite movilizar todo aquello que los angustia, los paraliza o los atemoriza. Eso los hace curarse desde lo sensorial y no desde lo verbal.

«Las sesiones duran entre 30 y 45 minutos, y lo ideal es que sean semanales »

En el país, los caballos con los que se trabaja en equinoterapia son de raza criolla o mestizos, no tienen más de 1,60 m de altura, y tienen entre 8 y 15 años. Deben ser domados en forma natural, sin sometimiento, lo cual da una total seguridad para trabajar y confiar en ellos. De acuerdo con la patología y contextura física de la persona que realiza la actividad, se evaluará qué caballo es el adecuado. En todos los casos deben ser animales que previamente han sido evaluados en su doma por los equinoterapeutas y entrenados para tal fin. No deben ser asustadizos y deben estar familiarizados con todo el material didáctico que se utiliza en pista: aros, pelotas, bastones, burbujeros, música, maracas, peluches, entre otros. Es un trabajo que requiere de un cierto tiempo dependiendo de cada animal para tener la confianza y certeza de que no se produzcan accidentes.

Sin embargo, en los últimos 15 años la equinoterapia ha evolucionado considerablemente y se la ha puesto en práctica con enfermedades como el stress, la depresión, las fobias, las adicciones, los trastornos obsesivo-compulsivos, los desórdenes alimentarios, entre otras.

A este tipo de tratamiento se lo llama psicoterapia con caballos y es algo complementario que aborda al paciente de estas patologías desde otro lugar muy diferente, completando los medicamentos y terapias tradicionales. Tal es el caso de Viviana Espejo, que sufre un trastorno de bipolaridad diagnosticado en 2008. Ella vive en Tandil y cuando empezó a llevar a su hija al centro hípico de la ciudad, el contacto con los caballos la hizo sentirse mucho mejor.

«El caballo transmite emociones y es interesante remarcar que, tanto en la Argentina como en el mundo han sido las mujeres las precursoras de la equinoterapia »

Consultó si ella también podía tomar clases, más allá de seguir con su medicación y la respuesta fue de total apoyo. «La relación con los caballos me hace mucho bien, ellos me transmiten tranquilidad. Cuando llega el momento de montar un animal, de manejar las riendas, de controlar su movimiento, mi mente se enfoca en esas actividades y no pienso en otra cosa. Todo mi pensamiento está ahí, en manejar al caballo y disfrutar mi relación con él. Son seres muy nobles, jamás harán daño», cuenta.

Las actividades en la psicoterapia con caballos se realizan en tierra, de a pie, no se los monta. No se necesita tener experiencia previa de equitación y la relación con el animal se basa en distintas actividades propuestas por un terapeuta, de acuerdo a la afección de la persona.

Las sesiones duran entre 30 y 45 minutos, y lo ideal es que sean semanales. Uno de los métodos más conocidos mundialmente es el de Eagala (Equine Assited Growth and Learning Association), que está siendo aplicado a nivel social con veteranos de guerra, víctimas de violencia de género, maltrato infantil, desórdenes alimentarios y adictos a todo tipo de sustancias.

«La equinoterapia es equitación, adaptada a cada persona que padece algo. La equitación es un deporte que te hace sentir que avanzás, que podés hacer cosas cada vez más complicadas, trotar-galopar-saltar vallas, ir subiendo las mismas y que el salto sea cada vez más alto, no solo entusiasma y produce placer, sobre todas las cosas, aumenta la autoestima. Aumentar la autoestima debe ser lo más importantes a lo que apuntamos los psicólogos en casos de depresión, adicción, y muchos otros que tienen una base fundamental de baja autoestima. El que se droga es porque no está conforme con lo que es, quiere un cambio, quiere encontrar erróneamente otra vida. El que sufre de depresión, sufre de algo parecido, y es más, podría caer en una adicción desde alcoholismo a otras drogas. Si se puede conseguir que se sienta orgulloso de lo que hace, si su familia lo está y lo estimula y lo va a ver (eso sería excelente), su autoestima aumentará y posiblemente se vaya recuperando lentamente de su enfermedad», afirma Norma Vidal, psicóloga de la Asociación Argentina de Actividades Ecuestres para Personas Discapacitadas (Aaaepad).

En la Argentina, la Fundación Belén, de Escobar, es el primer centro de rehabilitación de adicciones que aplica la equinoterapia como una forma complementaria de abordar el tratamiento de la persona adicta. En un predio de 5 hectáreas, tienen la posibilidad de desarrollar esta actividad y poder criar caballos propios. Su director, José Gomá, ama los caballos y toda su vida vivió cerca de ellos. Creyó firmemente en el poder sanador que tienen y pensó que este tipo de terapia ayudaría a los pacientes, algo que viene comprobando desde que la implementó en el año 2007. «Generalmente estos tratamientos comienzan cuando el paciente sube al caballo, pero en nuestro caso, terminan ahí. La base de esta terapia en el caso de las adicciones es darles a los enfermos la responsabilidad de cuidar el caballo: alimentarlo, bañarlo y guardarlo. La posibilidad de montarlos es un premio y lo hacen 2 veces por semana. De esta manera, recuperan el sentido de responsabilidad que habían perdido por su enfermedad. Los resultados son óptimos. No hay un tipo de adicción en especial con la que esta terapia funcione mejor, esto sólo tiene que ver con los pacientes», explica.

«Durante este tipo de encuentros, una serie de actividades diseñadas por profesionales ayudan a profundizar las principales áreas personales que causan un bloqueo »

La formación de los equinoterapeutas no exige ser profesional en ninguna carrera médica ni de ninguna otra especialidad. Sólo se requiere hacer un curso en cualquiera de las escuelas oficiales que hay en el país y luego empezar a participar como voluntario en ellas, ya que este tipo de actividades son muy costosas y sin la ayuda de un voluntariado, serían muy difíciles de afrontar económicamente. Las obras sociales y prepagas las cubren en algunos casos, en forma aleatoria, ya que no está contemplada en el Nomenclador Nacional.

En muchos casos, las familias de los pacientes debieron recurrir a un recurso de amparo para que este tratamiento sea financiado por las obras sociales, ya que se ha hecho cada vez más evidente su beneficio y los profesionales lo están incluyendo mucho más frecuentemente en sus indicaciones.

«Otra de las nuevas áreas en la que la equinoterapia se ha ido extendiendo es el coaching con caballos »

La médica Verónica Settepassi trabaja hace ya 15 años en la Escuela de Equinoterapia Hipocampo, en Palermo, y encuentra que «la equitación ayuda a dominar los miedos, a conectarse con el medio y el movimiento del caballo hace reconciliar a la persona con su cuerpo, la hace sentirse bien. Tuve casos de personas con depresión y con desórdenes alimentarios en las que se notaba una mejoría muy pronto. La dificultad para avanzar con esta terapia complementaria es que, muchas veces, las familias recurren a este tratamiento como última instancia, no creen en sus resultados. Lo hacen porque el médico o el terapeuta se los indica. La asistencia regular y constante en el tiempo es fundamental en este tipo de actividades y si los pacientes no tienen el apoyo necesario, abandonan enseguida», analiza.

Otra de las nuevas áreas en la que la equinoterapia se ha ido extendiendo es el coaching con caballos. Durante este tipo de encuentros, una serie de actividades diseñadas por profesionales ayudan a profundizar las principales áreas personales que causan un bloqueo, una tensión emocional y/o corporal en las personas y las inhibe en su capacidad de progresar y crecer.

«Está destinado a personas o a grupos, ya sea empresariales o equipos de trabajo, con el objeto de lograr una meta determinada, lograr un cambio específico, mejorar su autoestima, la toma de decisiones, el liderazgo personal o empresarial. La interacción con un caballo nos permite ver nuestros actos, nuestros sentimientos y quiebres en su estado más puro , sin juicios ni interpretaciones», describe Silvina Selzer, una precursora en este tipo de terapias y directora del Centro de Equinoterapia El Alba, en Mar del Plata.

«Niños y adultos, con diferentes patologías pueden encontrar un lugar de sanación en la calidez de este animal milenario y en un ámbito natural que les permite dar rienda suelta a sus emociones con mayor libertad »

En estas disciplinas se trabaja también en el piso, sin montarlos, con caballos en su estado natural, sueltos en un corral y en manada, no superior a cinco caballos. Florencia Venditti participó de uno de estos talleres de coaching mientras padecía un trastorno de angustia que le impedía avanzar en lo que se propusiera. «La conexión que se establece con el animal es inexplicable, ya que cada uno logra tener una conexión totalmente personal y se produce una sanación que uno no logra entender con la cabeza, pero sí con el alma. Gracias a Tormenta, la yegua con quien realicé el coaching, pude descargar toda esa angustia que tenía», confiesa.

El caballo transmite emociones y es interesante remarcar que, tanto en la Argentina como en el mundo han sido las mujeres las precursoras de la equinoterapia. En Estados Unidos, en la década del 60, Barbara Rector incorporaba los caballos en sus terapias de crecimiento personal.

También las psiquiatras norteamericanas, de origen escocés, Adele Von Rust McCormick y Marlene Deborah McCormick han escrito numerosos libros en las décadas del 70 y 80 acerca de estos temas. Desde otras áreas, las domadoras de caballo Linda Kohanov, Ariana Strozzi y Carolyn Resnik, en diferentes épocas y áreas de trabajo, han sido revolucionarias en su concepto de comunicación emocional con los caballos y han luchado mucho para que sus teorías sean reconocidas y aceptadas. En el siglo XXI, sus ideas han triunfado y permiten que niños y adultos, con diferentes patologías,que abarcan desde enfermedades graves hasta psicopatologías tan comunes como un ataque de pánico o alguna fobia, puedan encontrar un lugar de sanación en la calidez de este animal milenario y en un ámbito natural que les permite dar rienda suelta a sus emociones con mayor libertad.

 

 

 

 

 

Publicado en la edición impresa del Diario La Nación el 12 de Enero del 2015 – Blog de Aníbal P. Revoredo

 

Tu mascota

AMORES PERROS: Un perrito callejero enamoró a una azafata y logró que se lo lleve a Alemania

5 de agosto de 2016

  Desde que nació, Olivia Sievers siempre soñó con viajar y conocer el mundo. Fue, es y será su pasión. Y aunque a sus padres les hubiera gustado que estudiara una carrera universitaria, esta chica rubia, alta y de sonrisa fácil, lo logró: hace 20 años, en 1996, consiguió un trabajo como azafata enLufthansa, la […]

20160803163626_25376430_0_0-600x360

 

Desde que nació, Olivia Sievers siempre soñó con viajar y conocer el mundo. Fue, es y será su pasión. Y aunque a sus padres les hubiera gustado que estudiara una carrera universitaria, esta chica rubia, alta y de sonrisa fácil, lo logró: hace 20 años, en 1996, consiguió un trabajo como azafata enLufthansa, la aerolínea alemana considerada la más grande de Europa. Sus días, desde entonces, se repartieron entre las obligaciones y los momentos de ocio que, entre escala y escala, le permitieron ir descubriendo el mundo. Pero lo que nunca estuvo en sus planes fue encontrar el amor a más de 12 mil kilómetros de su casa. Y mucho menos cómo y con quién lo hizo…

La primera vez que Olivia vio que Buenos Aires figuraba en el plan de vuelo que la compañía le asigna mes a mes, sintió curiosidad. Nunca antes había estado en la Argentina. Y, aunque le cueste admitirlo, tampoco sabía demasiado sobre estos pagos. Pero se vino, claro. Y la ciudad le encantó. Paseó, visitó las zonas turísticas y aprovechó cada segundo para llevarse de recuerdo la mayor cantidad de anécdotas.

Con el paso de los años, Olivia se hizo una habitué de Puerto Madero, el barrio en el que está ubicado el Hotel Hilton, donde se hospeda junto el resto de la tripulación del avión. De tanto venir, conoció qué bares son recomendables, dónde conseguir las revistas que más le gustan y en que peluquería le cuidan el cabello como a ella más le gusta. También, un dato importante, se dio más de una vuelta por la Reserva Ecológica de Costanera Sur, ya que es una amante de los animales. 

Y no es solamente una manera de decir. A la par de su deseo de viajar, Olivia siempre tuvo mascotas en su Alemania natal. Fue así como una tarde, de regreso al hotel, se encontró con un perro, solo, abandonado, callejero. ¿Raza? Perro. Y aunque ella no lo diga por temor a que su novio alemán se ponga celoso, el flechazo fue inmediato.

En su correcto español (también habla alemán e inglés), la azafata lo bautizó Rubio. Y ahí nomás buscó algo de comida para ofrecerle. Un par de mimos más tarde, el perrito parece que también sintió algo especial por esa mujer que en lugar de ahuyentarlo le regalaba un poco de cariño. Es más, hasta consiguió que una compañera le prestara una de las mantas que habitualmente se usan en los vuelos y le armó, bajo techo, una improvisada aunque calentita cucha. 

 

Al otro día, cuando Olivia salió a recorrer la zona, se reencontró con el perrito. Y para su sorpresa, él la siguió durante todo el día. Moviendo la cola, caminó durante horas a su lado. Y no tuvo problemas en tirarse sobre el pasto mientras ella descansaba antes de volver al trabajo.

La partida, sí, fue dolorosa. Olivia lo saludó afectuosamente y antes de subirse al remis que la llevaría al Aeropuerto de Ezeiza pensó que nunca más lo iba a volver a ver. Pero se equivocó. Una semana más tarde, otro vuelo la trajo de vuelta a la Argentina y al llegar al hotel, ahí estaba Rubio. Su felicidad fue enorme. Y también la del animal. Comenzó otra seguidilla de mimos, de caricias. Y en la cabeza de Olivia también empezó a tomar forma la manera de encontrarle un hogar a su canino amigo.

Ya de vuelta de en Alemania, y sin poder sacarse a Rubio de la cabeza, encontró por Internet a la gente de Mascotas Puerto Madero, Adopciones Responsables, un grupo de vecinos que se propusieron «alimentar, castrar, vacunar, y en caso de requerirlo, curar a los animalitos de la zona». En un extenso mail, Olivia les explicó lo que había vivido con Rubio. Y les pidió que la ayudaran.

Manso y cariñoso, el perrito no opuso ningún tipo de resistencia cuando la gente de Mascotas llegó a verlo. Tampoco cuando lo subieron a una camioneta y lo llevaron hasta un hogar transitorio en San Telmo. Pero algo pasaba. A pesar de tener todas las comodidades, Rubio no parecía feliz. Estaba como caído. Y en un descuido, se escapó.

A pesar de que lo buscaron por todos lados y pegaron carteles en los negocios de la zona, durante unas semanas nadie tuvo noticias de Rubio. Hubo llamadas informando que lo habían visto pasar, pero no más que eso.

 

Olivia, por ese entonces, preparaba otra visita a la Argentina. Y planeaba visitar a su amigo. Sin embargo, el propio Rubio no le dio tiempo: como si conociera sus horarios o supiera la frecuencia en que Lufthansa viaja a Buenos Aires, la mañana en que la azafata bajó en la puerta del mismo hotel, lo vio. Sí, ahí estaba el pichicho, moviéndole la cola, más feliz que nunca.

Tras darle comida, abrigarlo y «prometerle» que en unos minutos bajaría a jugar con él, Olivia subió a su habitación, se comunicó nuevamente con la gente de Mascotas y les contó la buena nueva. Y ellos le dieron lo que, hasta ahí, parecía un notición: había aparecido una persona que quería adoptar a Rubio. Se llamaba Nicolás y vivía junto con su mujer y sus dos hijos.

Para evitar sorpresas, Olivia les propuso llevar ella misma al perro hasta la casa de su nuevo dueño. Quedaron en encontrarse en una veterinaria de la zona, para que lo revisaran y le dieran las vacunas que hicieran falta teniendo en cuenta que iba a compartir la casa con dos criaturas. Y así fue. Siempre al lado de Olivia, Rubio conoció a Nicolás y se dejó hacer todo lo que el especialista consideró necesario. De premio, la azafata le compró un enorme hueso, que él agarró rápido con la boca, y una chapita con su nombre grabado para colgar en su collar.

Feliz, como si el alma le hubiera vuelto al cuerpo, Rubio salió de la veterinaria sin alejarse ni un centímetro Olivia. Y aunque Nicolás intentó atraerlo con juegos y hasta comida, no hubo forma de sobornarlo: el animalito ya había elegido a su dueña, y no pensaba volver a alejarse de ella por nada del mundo.

A esta altura, y viendo la reacción del can, Olivia murió de amor. Y empezó a pensar seriamente si tenía alguna posibilidad de llevárselo a Alemania. Nicolás, a todo esto, entendió que entre esa mujer y ese perro había algo especial. Y decidió marcharse. Ahí comenzó la última etapa de la historia. En tiempo récord, y consciente de que debería volver a su país en apenas horas, Olivia hizo todas las averiguaciones para que Rubio se mude con ella. Y no le preocupó mover cielo y tierra para lograrlo.

 

Hoy, a pocas horas de partir, Olivia ya tiene en su poder el pasaje y la autorización sanitaria para llevarse a Rubio. Y poder alimentar esta gran historia de amor que empezó en la puerta de un hotel de Buenos Aires y continuará en un pueblito en las afueras de Berlín, Alemania.

 

 

 

 

 

Publicado en la edición impresa del Diario Clarín el 05 de Agosto del 2016 – Blog de Aníbal P. Revoredo

 

Tu mascota

Adrián, el pitbull ciego rescatado en el medio de la autopista

3 de agosto de 2016

  Entre las tantas historias que se leen y se escuchan a diario, algunas tienen final feliz; otras, por desgracia no. Pero hay un tercer grupo intermedio, en el que el círculo no se cerró aún, como a la espera de una llamada del destino que permita que ese cierre termine siendo virtuoso, feliz. El […]

mascotas-2245348w620

 

Entre las tantas historias que se leen y se escuchan a diario, algunas tienen final feliz; otras, por desgracia no. Pero hay un tercer grupo intermedio, en el que el círculo no se cerró aún, como a la espera de una llamada del destino que permita que ese cierre termine siendo virtuoso, feliz.

El caso de Adrián podría incluirse en ese grupo especial, en el que quizás una mano bondadosa o un alma sin prejuicios pueda mirar más allá y darle una vuelta de tuerca a una vida llena de tormento, violencia y desamor.

Al borde de la ruta

Adrián fue rescatado tres años atrás, mientras deambulaba como un loco sin rumbo por el costado de la autopista Ricchieri, con la muerte pisándole los talones: estaba totalmente ciego, guiándose a tientas por sus otros instintos que pujaban por mantenerlo a salvo, el oído y el olfato.

Un voluntario del Refugio Don Torcuato decidió subirlo a su auto, con cierto temor ante un perro de gran porte y una raza de mala fama. Pero sin embargo se encontró con un pitbull bueno, manso y entregado. La gente del refugio enseguida se puso en campaña para curar las múltiples heridas que su joven cuerpo acusaba. Golpes, mordeduras, tajos por donde se lo mirara y tocara, Adrián era la viva imagen de las secuelas que las peleas de perros dejan en aquellos que son desechados, como un descarte. Mientras son útiles para su sangriento propósito, son mantenidos, siempre en un contexto violento. Cuando los días prósperos llegan a su fin, el adiós es corto, frío y desinteresado. Como si la relación amo-perro jamás hubiera existido. Al menos para el humano. Pero con seguridad no para el animal.

Sea porque perdieron peleas o, en el caso de Adrián, porque quedaron ciegos o malheridos, son largados a la calle donde seguramente encontrarán un tristísimo destino en poco tiempo. Adrián podría haber pasado a formar parte de la extensa lista de perros que aparecen atropellados en calles y autopistas, o envenenados, colgados y asesinados con saña.

Por fortuna no fue éste el caso. Los veterinarios están convencidos de que la ceguera del pobre pitbull es consecuencia de las incontables vejaciones a las que fue sometido, entre golpes, maltratos, peleas y varios tormentos más.

Blando a pesar del dolor

Sin embargo, el amor fue más fuerte que el rencor y la violencia. Hoy Adrián es un perro amoroso y agradecido. Se desespera por los mimos y caricias. A pesar de su condición, se maneja con soltura y confianza, siempre dispuesto a un gesto de cariño y amor, como agradeciendo el haber sido rescatado del terrible padecimiento.

Pero las secuelas de tanto tiempo de odio y estimulación para la pelea aún persisten por momentos, y la relación con otros animales es difícil de sobrellevar. En el Refugio Don Torcuato esperan más que ansiosos que alguien lo adopte. «Es un sol, un verdadero dulce con la gente, pero por desgracia no puede estar con otros perros, le enseñaron a odiarlos», se lamenta Mónica Bianchi, responsable del lugar.

Adrián vivió una de las peores tragedias que puede tener un perro: la traición a su confianza. Luego, el maltrato y el posterior abandono. Por fortuna pudo ser rescatado a tiempo de una muerte segura. Ahora, espera que el círculo se cierre y pueda volver a confiar en los humanos. Esta vez, para siempre. Se lo merece.

mascotas-2245278w640

 

 

 

Publicado en la edición impresa del Diario La Nación el 03 de Agosto del 2016 – Blog de Aníbal P. Revoredo
Tu mascota

Muki: el gato que ya usó sus 7 vidas

20 de julio de 2016

  Muy conocido es el dicho de que los gatos tienen siete vidas. Como metáfora, bien podría ser literal. El caso de Muki, por tanto, perfectamente cabria dentro de esta categoría. Y es que el pobre gato sobrevivió a tantas injusticias, abandonos y situaciones realmente díscolas, que sus siete vidas le quedaron cortas Por empezar, […]

2238303w620

 

Muy conocido es el dicho de que los gatos tienen siete vidas. Como metáfora, bien podría ser literal. El caso de Muki, por tanto, perfectamente cabria dentro de esta categoría. Y es que el pobre gato sobrevivió a tantas injusticias, abandonos y situaciones realmente díscolas, que sus siete vidas le quedaron cortas

Por empezar, su llegada a este mundo fue inesperada. Michu, su mamá, parió a tres gatitos en una noche lluviosa de invierno. La dueña de Michu ayudó a la ya añeja gata en el parto, por miedo a que no soportara el trance. A la mañana siguiente, grande fue su sorpresa al descubrir que dos de los recién nacidos habían fallecido y en su lugar había un nuevo integrante. Había nacido solito y era visiblemente más pequeño que sus hermanos, aunque se había puesto inmediatamente al día, mamando con fruición de su madre, ahora que debía compartirla con solamente un integrante más, en lugar de tres.

Abandono y arrepentimiento

La infancia de Muki fue medianamente normal, aunque a los cinco meses la dueña de Michu y sus hijos, que no querían saber nada de gatos, optaron por tirar a Michu y sus dos vástagos en un descampado. El trágico destino quiso que unos perros vagabundos mataran a Michu y a su otro hijo. Muki sobrevivió contra todo pronóstico, cuando lo rescató la hija de su antigua ama, quizás carcomida por la culpa de haber abandonado a los tres animalitos que tanto había cuidado su madre.

Con Muki ahora como único integrante de la familia, las cosas parecían haber retomado el rumbo de otros tiempos. Pero, una vez más, el designio del gato no era el de un jardín de rosas, calmo y apacible, precisamente. En un paseo en auto con Inés, su dueña, unos ladrones los interceptaron y se llevaron el auto….con Muki dentro. Cuatro días pasaron hasta que finalmente el auto apareció, a mas de 10 kilómetros del robo; pero de señales de Muki, nada. Ya Inés iba perdiendo las esperanzas de encontrar a su entrañable mascota, cuando, casi dos meses más tarde, lo oyó maullar. Le costó reconocer a ese gato, su gato. Estaba flaco, sucio y algo maltrecho, probablemente por haber pasado por más de una pelea callejera. Castrado y todo, Muki sabía lo que era andar por la calle y sobrevivir. Sea como fuere, estaba de vuelta.

Entra el bebé, sale Muki

Cinco meses más tarde, Inés queda embarazada y su marido decidió que el gato era un peligro, por el riesgo de que le contagie toxoplasmosis. Inútiles fueron los esfuerzos de Inés en convencerlo, intentando asegurarle que no existía tal riesgo. Muki fue dado en adopción en un refugio, donde lo recibieron con cariño. Amor que debía compartir con 140 animales más, entre ellos muchos perros, con los que no se llevaba bien en absoluto.

El tiempo se hacía largo y la espera se tornaba insoportable. Cuando una mujer finalmente se fijó en él tras casi un año de abandono, Muki secretamente abrigó esperanzas de volver a tener una vida normal. El tema fue que no pasó a ser hijo único nuevamente, sino que en la casa convivían…..casi 25 gatos más. Allí, la comida era un premio a conseguir, ni hablar del cariño y de la atención. Pura y mera supervivencia. La dueña de casa no era mala persona, tenía cariño por los animales, pero su salud mental le impedía ocuparse como debía. Los vecinos radicaron una denuncia por malos olores y maltrato animal, y finalmente la policía logró ingresar en la casa y liberar a los hambrientos felinos.

Muki debió pasar entonces por varios hogares provisorios hasta que recaló, nueve meses más tarde, en otro refugio; y con él la rueda que nuevamente comenzaba a rodar. El tiempo, el hambre y la desazón habían curtido el carácter del gato. Ya no era tan dócil y cariñoso, sino más bien arisco y desconfiado. Pero así y todo, cuando volvió a ver a Inés, tras casi dos años de separación, se deshizo en ronroneos y demostraciones de todo tipo. La joven había logrado que ahora que su hijo había cumplido un año, su marido aceptara tenerlo nuevamente en casa. La tarea no fue sencilla, hubo que rastrear su paradero por varios hogares y refugios. Pero finalmente habían dado con él. Habían estado bien en insistir y esperar.

Hoy Muki descansa tranquilo, sabiendo que, de sus siete vidas, no le queda saldo. Mejor reposar y no tentar al destino.

2238304w640

Hoy Muki descansa, con su familia de toda la vida a su lado.

 

 

Publicado en la edición impresa del diario La Nación 20 de Julio del 2016 – Blog de Aníbal P. Revoredo

 

Tu mascota

Darles alegría a las mascotas

Arturo estaba condenado a una vida de perros, en el peor de los sentidos. No sólo por tratarse, justamente, de un perro. Sino por el maltrato y la crueldad con que pasaba sus días: encadenado, lastimado, lleno de pulgas y mal alimentado, en un corral de cerdos de Mar del Plata. Así transcurrían sus días, […]

kia

Arturo estaba condenado a una vida de perros, en el peor de los sentidos. No sólo por tratarse, justamente, de un perro. Sino por el maltrato y la crueldad con que pasaba sus días: encadenado, lastimado, lleno de pulgas y mal alimentado, en un corral de cerdos de Mar del Plata.

Así transcurrían sus días, hasta que una de esas asociaciones encargadas de rescatar, curar y encontrarle domicilio a los animales domésticos abandonados detectó su penosa situación e inició otra de sus elogiables campañas.

La foto del desdichado Arturo, difundida en redes sociales, impactó a Gabriela, justo cuando estaba en campaña para adoptar una mascota. Lo primero que ella sintió fue lástima, pero en seguida la ternura cobijó sus sentimientos por ese animalito peludo de mirada dulce.

Antes de la difícil misión de convencer a su marido, se contactó con las almas caritativas y ofreció darle en principio tránsito, vacunas y alimentación al perro. Luego, se vería. Pero ese torrente de cariño y agradecimiento de cuatro patas, a puro lengüetazos, ladridos y mimos, facilitó la tarea de lograr el OK para obtener alojamiento permanente.

Abrumado, casi, con tanto amor, Arturo no demoró en convertirse en el mejor amigo de toda la familia. Belén y Nacho, hijos del matrimonio adoptante, se encargaron de “malcriar” al nuevo habitante del feliz hogar marplatense; y ni hablar de Kiki, el tío brasileño apasionado de los perros. Hoy Arturo es un animal rozagante, sano, juguetón y comprador. Ya no tiene una vida de perros. O sí, porque eso es, pero ha pasado a ser un perro feliz y querido.

 

 

 

Publicado en la edición impresa del diario Clarín 19 de Julio del 2016 – Blog de Aníbal P. Revoredo
Tu mascota

Todos tienen hogar: Holanda es el primer país del mundo sin perros callejeros

  La problemática de los perros callejeros puede advertirse en casi todo el mundo y más allá de muchas ONG que buscan generar conciencia, en la Argentina hay una enorme cantidad de mascotas sin hogar. Sin embargo, existe un modelo de política pública para resolver el conflicto y Holanda es el mejor ejemplo. Según un […]

2238191w620

 

La problemática de los perros callejeros puede advertirse en casi todo el mundo y más allá de muchas ONG que buscan generar conciencia, en la Argentina hay una enorme cantidad de mascotas sin hogar. Sin embargo, existe un modelo de política pública para resolver el conflicto y Holanda es el mejor ejemplo.

Según un informe publicado por La Vanguardia, en los últimos meses Holanda se convirtió en el primer país del mundo en el que no existen perros en la calle. La solución fue una combinación de campañas de concientización, políticas de largo plazo, programas públicos, impuestos y multas.

Un antiguo problema

Según el estudio, durante siglo XIX Holanda era uno de los países de Europa con mayor cantidad de animales sin hogar. Se trataba de un círculo vicioso en el que, por temor a un brote de rabia, los holandeses se deshacían de sus mascotas y eso generaba cada más animales descuidados. La amenaza de una pandemia era una realidad.

Durante mucho tiempo hubo una enorme cantidad de perros callejeros, potenciada también por una tendencia, durante los últimos años, de abandonar a los perros que no eran de raza, sobre todo cuando dejan de ser cachorros, situación que también puede verse en nuestro país.

De un tiempo a esta parte, el gobierno holandés decidió tomar cartas en el asunto e implementó una serie de medidas que derivó en el mejor de los resultado. Ya no existen perros callejeros en los Países Bajos.

Medidas concretas

En Holanda comenzaron a regir un conjunto de normas que impiden el abandono. Más allá de las campañas de toma de conciencia, se implementó un sistema de multas. Dejar un perro en la calle en Amsterdam puede costar hasta 16.000 euros (más de 270.000 pesos) e incluso penas de prisión de hasta 3 años.

Además, según La Vanguardia, el gobierno holandés asumió los costos de una masiva campaña de castración de mascotas. Es gratuito esterilizar a los perros en todo el territorio. A esto se sumó una serie de impuestos altos a la compra de perros de raza, situación que empuja a quienes quieran tener perros en su casa a optar por mestizos.

Se trata de medidas simples pero concretas, que derivaron en que Holanda se haya convertido en el primer país del mundo sin perros callejeros.

 

 

 

Publicado en la edición impresa del diario La Nación 19 de Julio del 2016 – Blog de Aníbal P. Revoredo