Tu mundo tecno

WhatsApp: dicen que los chats no se pueden borrar

5 de agosto de 2016

  En abril de este año, un cartelito misterioso apareció en las conversaciones de Whatsapp: “Las llamadas y mensajes enviados a este chat ahora están seguros con cifrado de extremo a extremo”. El aviso generó cierta desconfianza cuando en realidad se buscaba lo contrario. Fue la manera que encontró Whatsapp para avisarle a sus mil […]

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En abril de este año, un cartelito misterioso apareció en las conversaciones de Whatsapp: “Las llamadas y mensajes enviados a este chat ahora están seguros con cifrado de extremo a extremo”. El aviso generó cierta desconfianza cuando en realidad se buscaba lo contrario. Fue la manera que encontró Whatsapp para avisarle a sus mil millones de usuarios en todo el mundo que las conversaciones ahora estaban seguras, gracias a un nuevo método de encriptación, a salvo de hackers e indiscretos dispuestos a revisar los mensajes ajenos. Pero esa ilusión de privacidad parece haberse derrumbado: un especialista en seguridad informática examinó la versión más reciente de WhatsApp y descubrió que el software deja un rastro de todas las conversaciones, aunque hayan sido borradas por el usuario y no aparezcan dentro de la app.

Jonathan Zdziarski fue el encargado de descubrir la anomalía y asegura que la única manera de borrar todas las conversaciones es, en los hechos, impracticable. «Lo siento, amigos, pero mientras que los expertos dicen que la encriptación funciona en WhatsApp, parece que la versión más reciente de la app deja un rastro forense de todos tus chats, incluso después de que los hayas borrado, limpiado o archivado. Aun si le das a ‘Borrar todos los Chats’. De hecho, la única forma de deshacerse de ellos parece ser borrar la app completamente», publicó Zdziarski en su blog  El programador atribuye el problema al hecho de que la app no sobreescribe los chats eliminados por defecto. O sea, borrar un archivo no implica su desaparición, sino que queda escrito en la memoria de los dispositivos. Y cualquier persona con los conocimientos informáticos necesarios y acceso al teléfono podría recuperar las conversaciones borradas en WhatsApp, algo que se contradice directamente con el mensaje de protección de los datos que los responsables de la aplicación han querido dar con la implantación del encriptado punto a punto.

“¿Acaso deberíamos entrar en pánico?”, escribió Zdziarski en la entrada de su blog. “Nada de eso, pero es bueno saber que queda una huella de lo escribo en Whatsapp”, advierte.

También elogia el sistema de encriptación que usó Whatsapp, aunque aclara que este sistema solo es bueno en términos de seguridad porque impide que las conversaciones sean “interceptadas”, es decir que no se podría hackear un chat. Pero sí hay riesgo porque esa conversación queda “escrita” en el teléfono, aún después de ser borrada por el usuario.

Este tipo agujero de seguridad es común con otras aplicaciones de mensajería, como iMessage, el sistema de mensajería de los teléfonos Iphone de Apple. En el caso de WhatsApp para dispositivos Apple ocurre tanto en el teléfono del usuarios que usa la aplicación como en la copia que se sube a iCloud.

Hasta el momento, Whatsapp no emitió ninguna declaración pública después de este hallazgo. Pero se espera que en los próximos días la compañía, que pertenece a Facebook desde 2014, de una respuesta a esta falla en la seguridad.

 

 

 

 

 

 

Publicado en la edición impresa del Diario Clarín el 02 de Agosto del 2016 – Blog de Aníbal P. Revoredo
Tu mundo tecno

Qué está haciendo Google para ganar su primer Oscar

26 de julio de 2016

Con su nuevo estudio Spotlight Stories acaba de crear Pearl, un cortometraje de realidad virtual que en seis minutos permite a los espectadores interactuar y prácticamente dirigir la película con sus propios ojos. Hay películas que hacen al espectador sentirse como un niño nuevamente. Hay películas que le permiten sentir la libertad invencible de su […]

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Con su nuevo estudio Spotlight Stories acaba de crear Pearl, un cortometraje de realidad virtual que en seis minutos permite a los espectadores interactuar y prácticamente dirigir la película con sus propios ojos.

Hay películas que hacen al espectador sentirse como un niño nuevamente. Hay películas que le permiten sentir la libertad invencible de su adolescencia. Hay películas que captan los padecimientos de los padres.Pearl logra hacer todo eso al mismo tiempo, en unos seis minutos.

El más reciente corto del laboratorio de film experimental de Google, Spotlight Stories -compuesto de alumnos de Pixar y Dreamworks-, es la historia de una niña que se cría con un padre: un músico viajero con muchas dificultades. Ambientada completamente dentro de y en torno de un auto, el dúo recorre los Estados Unidos en un modelo de 1970, el padre en el asiento delantero, la hija atrás, tocando un mismo tema (una canción folk pegadiza llamada «No Wrong Way Home»). La chica crece, encuentra nuevos amigos, se mete en problemas y forma su propia banda. El padre envejece, se vende y no lamenta un solo minuto de su vida.

El director Patrick Osborne, que ganó un Oscar por dirigir el corto Feast, de Disney, en 2015, presentó Pearl como una versión en cuatro ruedas del clásico de la literatura infantil El árbol generoso. Narrado con una estética de celular, con mucha música pero sin diálogo, Pearl casi parece un video musical producido por Disney, pero Osborne ubica a los espectadores dentro del auto con los personajes, de modo que uno puede mirar en derredor, dirigiendo la película con sus propios ojos.

El resultado es una historia íntima que puede experimentarse de incontables maneras en incontables dispositivos, aunque lo más recomendable es hacerlo con la tecnología de la realidad virtual full, demostrando que las películas de RV pueden ser tan poderosas como las convencionales.

Pearl fue creada originalmente para YouTube de 360 grados, lo que funciona en su celular o con el casco Cardboard de Google. Pero no hay una versión del film que sea el canon. El ambiente sigue un guión, pero continúa siendo un mundo en 3-D en tiempo real, lo que le da mucha flexibilidad para nuevas presentaciones en distintos medios. Desde entonces, Osborne ha producido un corte 2-D cinematográfico de Pearl. Y en un experimento no planeado que funcionó extraordinariamente bien, el equipo recientemente traspasó Pearl a un sistema de realidad virtual de alta calidad, que permite aún mayor libertad de movimiento dentro del auto.

«Si se siente cómodo puede pararse y mirar por el techo corredizo», dice Cassidy Curtis, jefe técnico de arte, cuando me coloco el casco Vive dentro del laboratorio de Spotlight Stories. «Y puede pasar su silla al asiento trasero.»

Su consejo sonó a truco. Pero seis minutos más tarde me quité el casco mordiéndome la lengua para evitar llorar delante de media docena de creativos. Recorrí el país a lo largo de dos vidas. Y al quitarme el casco ya no reconocí el cuarto en el que estaba sentado.

Ambiente perfecto

Osborne recuerda cuando acordó hacer un corto con Spotlight Stories. «Vinieron y me dijeron que podía hacer lo que quisiera. Nadie dice eso en serio, porque hay límites a lo que uno puede proponer a una compañía que actúa de cara al público», relató.

Pero lo que Osborne quería era hacer progresar el medio en forma bien concreta. Hasta ahora ningún film de Spotlight Stories incluía cortes duros entre tomas, porque en la realidad virtual (e incluso en el video de 360 grados, más simple), los cortes se sienten diferentes, como que estuvieran transportando físicamente nuestro cuerpo a un lugar nuevo y extraño cada vez. Esto hace difícil narrar una historia que se extiende en el tiempo o el espacio. Los narradores en realidad virtual han manejado el medio como si los cortes fuesen imposibles de digerir para el público.

«Yo no creía que fuera necesariamente así -dice Osborne-, sino que el público necesita algo de qué agarrarse para no perder su orientación con cada corte.»

La solución de Osborne fue el auto, un ambiente perfecto para muchos de los desafíos de diseño de la nueva tecnología. Uno se sienta en un auto del mismo modo en que uno se sienta con un casco de realidad virtual en la cabeza, por lo que la sensación tiene más sentido que pretender que se tienen alas. Además el auto puede ser un ancla conceptual para cambios de tiempo y lugar, por lo que el interior se mantiene familiar, pero el clima o el ambiente exterior pueden cambiar sin que resulte chocante.

«Lo raro de la realidad virtual en nuestras historias anteriores es que uno tenía la experiencia de una cabeza sin cuerpo», dice el productor David Eisenmann, aludiendo a animaciones que existen en una especie de éter sin ambiente. «Por lo que una de las cosas agradables del auto es que se trata de una estética a la que la gente está acostumbrada. Uno está sentado en un objeto estacionario, pero más allá de eso, todo está en movimiento y uno espera que todo cambie.»

Con el poder de la edición, Osborne lleva al auto de una noche de verano llena de luciérnagas a un invierno frígido congelado a un amanecer dorado sin perder el ritmo. Si uno mira su corto anterior, Feast, verá cómo desplegó un truco similar en Disney, haciendo avance veloz en la vida de un perro uniendo varias tomas.

Ambientar la historia dentro de un auto también ofreció un recurso al que los cineastas se refieren como «encuadre dentro del encuadre». Por momentos a Osborne le resultó frustrante no tener control total del modo en que los espectadores verían los personajes, dado que podrían estar mirando en cualquier dirección en cualquier momento.

Por cierto que probablemente sea el mayor problema en la narración de historias en realidad virtual. Normalmente un director escoge cuidadosamente cada toma que uno ve, haciendo grandes esfuerzos para sacar al espectador de una escena con el zoom de modo de establecer el ambiente o acercando, en otro momento, la cámara al rostro de un actor para captar los detalles más finos de sus emociones.

«El pensamiento lineal era que estábamos haciendo una película, pero dando la cámara al público», dice Jan Pinkava, director creativo de Spotlight Stories. «¡Lo que no tiene ningún sentido! ¡Es una contradicción completa!»

Inspirado por films como El graduado y Más corazón que odio, Osborne usó las puertas y ventanas abiertas del auto para delinear la acción. Como resultado de ello uno puede no estar mirando siempre el lugar perfecto para seguir cada detalle de la narrativa, pero los ojos gravitan naturalmente hacia miniescenas dentro de los encuadres. E incluso los momentos más al azar en el viaje por la ruta dan la sensación de haber sido compuestos cuidadosamente para el espectador.

Asiento trasero

Si se ve Pearl en YouTube o Cardboard, el espectador estará como flotando justo sobre la consola central. En esencia se ve la historia desde la perspectiva del auto. Cuando el equipo transportó el corto a Vive -el visor de realidad virtual de la compañía HTC- advirtieron que el auto daba una sensación un poco claustrofóbica al tener más libertad de movimiento.

En cambio quitaron un personaje sentado en el asiento del acompañante del conductor y dieron ese espacio de forma predeterminada al espectador.

Este punto de vista produce una experiencia llamativamente íntima. Cuando los personajes están excitados uno no sólo está viendo a los personajes estar excitados. Uno está sentado en un auto con personajes que están excitados. Aunque ellos no reconocen su presencia, uno siente las emociones compartidas por proximidad. ¿Recuerda alguna vez en que estaba en el auto con mamá y papá peleando, o cuando una broma estúpida entre amigos se volvió inexplicablemente tremendamente graciosa en el ambiente cerrado del auto? Así es como se siente estar dentro de Pearl.

Cada lugar en el que uno se sienta es una experiencia completamente diferente. En el asiento delantero siento empatía por el padre. Veo cada momento de la historia a través de la lente de mi hijo creciendo. Desde el asiento delantero me siento nuevamente como un niño, ingenuamente sin control del destino del auto (y, por asociación, de mi familia).

Ver desde fuera del auto es una experiencia de cine más típica de Hollywood, quizá simplemente por la naturaleza de ver más de los personajes en el encuadre a cada momento y el hecho de que muchas escenas típicas que transcurren en un auto se toman desde fuera.

¿Y sacar la cabeza por el techo corredizo mientras salen petardos disparados por la ventana? Es cada decisión tonta que uno tomó de adolescente cuando acababa de recibir la licencia: pura euforia sin padres y sin conciencia a 80 kilómetros por hora. «La cosa del asiento delantero/trasero, creo que es cool poder hacer eso», dice Osborne. «Es un descubrimiento que uno hace. En un mundo 3-D es como accidental en ese sentido.»

El equipo de Spotlight Stories se expandió incorporando hasta 40 personas -contratando a la firma de efectos visuales Evil Eye Pictures- para completar la animación. Se escribió la canción con más de una docena de versos y fue grabada una y otra vez, desde el estudio hasta la calle, para asegurarse de que el audio de 360 grados se correspondiera hasta con la más mínima edición visual del equipo de animación.

Finalmente Spotlight Engine de Google está procesando todo lo que uno ve en tiempo real en un celular inteligente. No fue hasta las últimas semanas del proyecto que llevó todo un año que se logró que las 29 escenas cargaran lo suficientemente rápido como para eliminar brechas chocantes de negro entre cortes. En fecha a confirmarse, este año Google piensa compartir Spotlight Engine de modo que cualquiera pueda usarlo.

«El objetivo fue crear una plataforma creativa, en un sentido», dice Rachid El Guerrab, jefe técnico del proyecto. «¿Qué es la herramienta, la caja en la que ponemos esto, de modo que [otra] gente pueda hacer cosas?»

Lo que viene

En cuanto a los logros cinematográficos, el lenguaje de Pearl de cortes y paisaje es innovador para el medio, pero puede o no representar todo el futuro de la narración de historias en realidad virtual. Cualquier creador de videojuegos criticaría su falta de interactividad. No se me escapó. Pero suceden demasiadas cosas, incluso estando sentado dentro de este auto diminuto, como para pescar todo de una sentada.

Habiendo visto el corto media docena de veces, sigo descubriendo micromomentos que se me escaparon, desde recursos de la trama como señales en movimiento hasta unos cuantos encuadres en movimiento en los que la hija adulta retrocede por un instante a la niñez. Tal enfoque hace que el corto de seis minutos pueda ser visto muchas veces, pero no estoy seguro de que esto funcione para un film de noventa minutos. Al fin de cuentas, de todos modos tampoco estoy seguro de que las películas de realidad virtual deban durar 90 minutos.

Con Osborne me pregunto si los estudios Pixar del mundo estarán tentados de crear experiencias similares. Él no tiene ninguna duda sobre el tema.

Los estudios de animación ya están creando ambientes ricos de 3-D, simplemente están escogiendo los ángulos que uno verá. Meter al espectador en la escena es un desafío técnico menor, pero probablemente el desafío creativo sea mayor. Mientras tanto ya es tendencia dirigir en 3-D. James Cameron lo hizo para Avatar. Y Osborne presenta sus proyectos futuros usando cámaras virtuales que pueden mostrar a sus villanos en realidad virtual para tener un factor de impresión óptimo.

En cuanto a Pearl, ni la versión en 360 ni la de realidad virtual pueden ser candidatas a la consideración de la Academia de Hollywood, porque no constituyen una presentación formal para cines, pero el equipo ha presentado el corte en 2-D para su consideración para el Oscar.

«Es fácil imaginar que uno puede reproducir todas esas versiones como equivalentes», dice Pinkava, refiriéndose no necesariamente en forma específica a Pearl, sino a la tendencia general a la narración de inmersión. «Creo que son profundamente diferentes. Son como grados diferentes de abstracción en una forma artística.»

«Me alegro de que funcione y no resulte cursi», dice Osborne. «Siempre caemos un poco en este reino -demasiado sensiblero o nostálgico-, pero funciona aquí. Estoy contento con el resultado.» Por supuesto que se equivoca. Como tantos cortos animados que condensan tanta emoción en poco tiempo, Pearl es demasiado sensiblero. Y es demasiado nostálgico.

Pero aun así funciona absolutamente. El acolchado interior empapado de lágrimas de mi tonto casco Vive es prueba de ello.

 

 

 

 

Publicado en la edición impresa de La Nación 13 de Junio del 2016 – Blog de Aníbal P. Revoredo