Tu psicología

La edad cronológica depende del tiempo. La edad biológica depende de cinco aspectos.

17 de octubre de 2016

Los cinco son: La salud, el alimento, el movimiento, el pensamiento, el sentimiento.   El secreto de las zonas azules: Los cinco lugares del mundo donde se encuentra la gente más saludable y feliz. Claves de la longevidad sin gimnasio ni contar calorías. Hay cinco lugares en el mundo donde cumplir cien años no es […]

Los cinco son: La salud, el alimento, el movimiento, el pensamiento, el sentimiento.

 

El secreto de las zonas azules: Los cinco lugares del mundo donde se encuentra la gente más saludable y feliz. Claves de la longevidad sin gimnasio ni contar calorías.

Hay cinco lugares en el mundo donde cumplir cien años no es una excepción, donde la gente no se interna en el gimnasio a levantar pesas ni cuenta obsesivamente la cantidad de calorías de cada alimento. En estas poblaciones, la expectativa de vida está por encima del promedio mundial y los índices de dolencias asociadas a la vejez son de los más bajos del planeta. En Okinawa (Japón), Icaria (Grecia), Cerdeña (Italia), Loma Linda (California) y Nicoya (Costa Rica) las personas simplemente se olvidan de morir. ¿El secreto? A pesar de ser culturas muy diferentes entre sí, las investigaciones encontraron una serie de factores comúnes que servirían como guía para comprender por qué viven más y mejor: en todos estos sitios, sus habitantes viven de manera sencilla, caminan en lugar de usar el auto, cosechan sus propios alimentos y le dan una importancia superlativa a la fe, a los familiares y los amigos.

Hasta estos lugares llegó el equipo de investigadores coordinado por el periodista de National Geographic, Dan Buettner, autor del libro “El secreto de las zonas azules”.  Hay una pregunta que recorre toda su investigación: ¿es posible replicar el modo de vida de los habitantes de las zonas azules en otros lugares del mundo? Según el experto, sí. Y la receta es realitvamente sencilla: comer bien, estresarse menos, moverse más y amar mucho.

Conocer las zonas azules, aprehender sus modos de vidas es quizás el mejor mecanismo para alcanzar la meta que propone Buettner: “Morir joven siendo lo más viejo posible”. No se trata sólo de cumplir muchos años sino de mantener la mejor calidad de vida hasta los últimos días.

La edad y la vitalidad. En los últimos años se comenzó a registrar un interés cada vez más importante de la ciencia hacia las zonas azules. Una de las razones que explican la inclinación por estos estudios reside en que existe una nueva visión sobre la tercera edad, momento en que para algunos comienza a partir de los 60 años y para otros a partir de los 70.

De acuerdo a un estudio del Comisión Económica Para América Latina y el Caribe (CEPAL), en la región la población mayor crece de manera exponencial. En 1990, en el continente había 32 millones de personas mayores de 60 años y se estima que en el 2050 este número crecerá a 195,87 millones. Este es un fenómeno a nivel mundial.

Sin embargo, que cada vez más personas lleguen a la tercera edad no significa necesariamente que las poblaciones sean cada vez más saludables. Juan Hitzig, médico gerontólogo y director del programa Longevus, afirma que las zonas azules se caracterizan por ser “bolsones de longevidad”. “Son lugares donde las personas viven muchos años y su calidad de vida acompaña ese estado. Los avances médicos hicieron que ganáramos años de vida, es decir, la longevidad la tenemos conquistada. Ahora, lo que tenemos que lograr es que los años que le robamos a la muerte sirvan para estar más tiempo en el club y no más tiempo en el geriátrico”, subraya el especialista.

Las zonas azules se caracterizan justamente por eso: allí las personas de más de 70 años siguen trabajando, haciéndose cargo de sus hogares y de sus familias y con proyectos de vida. En estos lugares, ser viejo no es esperar la muerte.

Icaria es una isla ubicada en el mar Egeo, a sólo 13 kilómetros de la costa de Turquía, la cual tiene a nivel mundial uno de los índices más bajos de mortalidad en la mediana edad y los índices más bajos de demencia. Okinawa es una isla japonesa que alberga a las mujeres más longevas del planeta. En la provincia italiana de Ogliastra, en Cerdeña, vive la mayor concentración de hombres centenarios de todo el globo. En Loma Linda, una comunidad adventista de California, sus habitantes lograron vivir hasta diez años más y con mejor salud que el estadounidense promedio. Y en la península de Nicoya, en Costa Rica, se observaron los índices más bajos de mortalidad durante la mediana edad así como la segunda concentración más alta de hombres centenarios.

Caminar, comer bien y amar. Aunque suene trillado, los investigadores  que participaron de la elaboración de “El secreto de las zonas azules” confirmaron científicamente que los pilares de una vida saludable y, en consecuencia, de una vejez saludable residen en hacer ejercicio de manera regular, alimentarse de manera sana y priorizar las relaciones sociales.

Un factor común entre Okinawa, Icaria, Cerdeña, Nicoya y Loma Linda es que sus habitantes viven en ambientes que con frecuencia motivan a moverse. En estos lugares, el automóvil sólo se utiliza para recorrer trayectos muy largos y, en el día a día, la gente hace las compras y visita a sus conocidos caminando. Además, todos los longevos entrevistados contaron que atienden su propio jardín y que no tienen electrodomésticos ni máquinas de cortar pasto que les faciliten el trabajo.

Además, los expertos coincidieron en que hay otra cosa que se repite en todas las comunidades: una alimentación sana. La carne (cualquiera sea) no está presente en todas las comidas y, en promedio, sólo se come cinco veces al mes y en porciones pequeñas (del tamaño del puño de la mano). La posibilidad de tener una huerta propia o un lugar donde comprar frutas y verduras frescas es imprescindible ya que, fundamentalmente las hortalizas, son la base de todas estas dietas. Las legumbres y los frutos secos se consumen a diario en todas las zonas azules así como también una o dos copas de vino.

Buettner insiste en que esto no significa que a los habitantes de las zonas azules no les guste la comida chatarra, el azúcar y la sal añadidos en las comidas o las gaseosas. Simplemente sucede que no están al alcance. En todos estos lugares las salidas a los restaurantes o las golosinas son “gustos” que la gente se da para celebraciones muy puntuales y no forman parte del día a día.

Sin embargo, no sólo es una cuestión de hacer ejercicio y comer bien lo que hace que estas personas vivan tanto y bien. Los aspectos sociales y espirituales son tan importantes como el nutricional. Tener un motivo por el cual levantarse todas las mañanas (tanto en la juventud como en la vejez) aumenta la vitalidad. En Okinawa le llaman “ikigai” mientras que en Nicoya “plan de vida” y puede estar relacionado con nuevos proyectos laborales, domésticos o familiares.

En todas las zonas azules tienen técnicas para disminuir el estrés, que provoca inflamación crónica y se asocia a casi todas las enfermedades relacionadas con el envejecimiento. La meditación o el yoga se hicieron populares en los últimos años en las principales ciudades de Occidente pero Buettner insiste en que no hay una única forma para bajar el ritmo. Por ejemplo, en Okinawa sus habitantes se toman unos cuantos minutos al día para recordar a sus ancestros, los adventistas de Loma Linda rezan, los icarianos tienen por costumbre tomar una siesta diaria y en Cerdeña es un hábito aprovechar una hora del día para ir a tomar un trago.

El equipo de Buettner entrevistó a 263 personas de más de 100 años y descubrió que 258 pertenecían a una comunidad creyente y que asistían al menos cuatro veces al mes a algún servicio religioso. Además, confirmaron que estas personas mantenían vínculos muy estrechos con sus familiares y amigos. Este bienestar se traduce a todo el grupo, ya que los resultados arrojaron que las personas jóvenes que mantienen cerca a sus padres o abuelos reducen los índices de mortalidad infantil y enfermedades en niños.

El gerontólogo Hitzig comparte la visión de Buetnner y afirma que, mientras la edad cronológica depende del tiempo, la edad biológica, depende de cinco aspectos: la salud, el alimento, el movimiento, el pensamiento y el sentimiento.

Cuestión de Estado. Si se tuviera que utilizar sólo un concepto para comprender por qué en estos lugares longevidad y calidad de vida van de la mano, debería ser “ambiente propicio”. En las grandes ciudades de la actualidad, afirma Buettner, “las personas se siguen ahogando en un mar de calorías baratas que es inescapable. Es imposible caminar por un aeropuerto o pasar a la gasolinera  sin ser confrontados por un torrente de refrigerios salados, golosinas y refrescos. Incluso hay golosinas con alto contenido de azúcar disfrazadas de ‘barras saludables’”.

Por ello, “El secreto de las zonas azules” es, además de una guía individual, un llamado de atención a los Estados del mundo. Los acuerdos con las industrias alimenticias para que se disminuya el sodio y el azúcar añadido de los productos, los incentivos para que los ciudadanos abandonen los automóviles y disminuyan el estrés son las acciones colectivas para conseguir una población sana. En colectivo es más fácil que de manera individual ya que está demostrado que el tabaquismo, la obesidad y la soledad son “contagiosos”.

En el mundo existe un modelo que demostró con éxito que el cambio de hábitos mejora los índices sanitarios. En Karelia del Norte (Finlandia), un proyecto iniciado a principios de los ’70 logró números sorprendentes logró, a base de acuerdos del Estados con los privados, la incidencia de muertes por cardiopatías en hombres se redujera en un 85%.

Un hogar azul. La necesidad de políticas públicas no implica, sin embargo, que no haya mucho por hacer de manera individua. Por ello, Buettner recomienda crear “hogares azules”, es decir que cada uno puede hacer que su casa sea un pequeño entorno saludable en medio de una gran ciudad. Comer sabiamente, incorporando los llamados “alimentos suprazules” (verduras, frutas, hortalizas de hojas verdes, porotos, etcétera) y distribuyéndolos de una manera más sana. Se recomienda que el desayuno sea la comida más abundante del día y que incluya proteínas, carbohidratos complejos y grasas de origen vegetal.

Además, el experto insiste con mejorar las relaciones sociales, visitar amigos, hacer paseos al aire libre y procurar tener momentos del día para desconectarse de las pantallas y las obligaciones. Básicamente, para llegar a los cien años y continuar teniendo la misma vitalidad que en la juventud, hay que entender el misterio de las zonas azules.

 

 

 

 

Publicado en la edición de la Revista Noticias el 08 de Octubre del 2016 – Blog de Aníbal P. Revoredo
Tu psicología

Juego de puntos: ¿Cómo sumar años de vida?

    El secreto de las zonas azules: Los cinco lugares del mundo donde se encuentra la gente más saludable y feliz. Claves de la longevidad sin gimnasio ni contar calorías. Hay cinco lugares en el mundo donde cumplir cien años no es una excepción, donde la gente no se interna en el gimnasio a […]

 

 

El secreto de las zonas azules: Los cinco lugares del mundo donde se encuentra la gente más saludable y feliz. Claves de la longevidad sin gimnasio ni contar calorías.

Hay cinco lugares en el mundo donde cumplir cien años no es una excepción, donde la gente no se interna en el gimnasio a levantar pesas ni cuenta obsesivamente la cantidad de calorías de cada alimento. En estas poblaciones, la expectativa de vida está por encima del promedio mundial y los índices de dolencias asociadas a la vejez son de los más bajos del planeta. En Okinawa (Japón), Icaria (Grecia), Cerdeña (Italia), Loma Linda (California) y Nicoya (Costa Rica) las personas simplemente se olvidan de morir. ¿El secreto? A pesar de ser culturas muy diferentes entre sí, las investigaciones encontraron una serie de factores comúnes que servirían como guía para comprender por qué viven más y mejor: en todos estos sitios, sus habitantes viven de manera sencilla, caminan en lugar de usar el auto, cosechan sus propios alimentos y le dan una importancia superlativa a la fe, a los familiares y los amigos.

Hasta estos lugares llegó el equipo de investigadores coordinado por el periodista de National Geographic, Dan Buettner, autor del libro “El secreto de las zonas azules”.  Hay una pregunta que recorre toda su investigación: ¿es posible replicar el modo de vida de los habitantes de las zonas azules en otros lugares del mundo? Según el experto, sí. Y la receta es realitvamente sencilla: comer bien, estresarse menos, moverse más y amar mucho.

Conocer las zonas azules, aprehender sus modos de vidas es quizás el mejor mecanismo para alcanzar la meta que propone Buettner: “Morir joven siendo lo más viejo posible”. No se trata sólo de cumplir muchos años sino de mantener la mejor calidad de vida hasta los últimos días.

La edad y la vitalidad. En los últimos años se comenzó a registrar un interés cada vez más importante de la ciencia hacia las zonas azules. Una de las razones que explican la inclinación por estos estudios reside en que existe una nueva visión sobre la tercera edad, momento en que para algunos comienza a partir de los 60 años y para otros a partir de los 70.

De acuerdo a un estudio del Comisión Económica Para América Latina y el Caribe (CEPAL), en la región la población mayor crece de manera exponencial. En 1990, en el continente había 32 millones de personas mayores de 60 años y se estima que en el 2050 este número crecerá a 195,87 millones. Este es un fenómeno a nivel mundial.

Sin embargo, que cada vez más personas lleguen a la tercera edad no significa necesariamente que las poblaciones sean cada vez más saludables. Juan Hitzig, médico gerontólogo y director del programa Longevus, afirma que las zonas azules se caracterizan por ser “bolsones de longevidad”. “Son lugares donde las personas viven muchos años y su calidad de vida acompaña ese estado. Los avances médicos hicieron que ganáramos años de vida, es decir, la longevidad la tenemos conquistada. Ahora, lo que tenemos que lograr es que los años que le robamos a la muerte sirvan para estar más tiempo en el club y no más tiempo en el geriátrico”, subraya el especialista.

Las zonas azules se caracterizan justamente por eso: allí las personas de más de 70 años siguen trabajando, haciéndose cargo de sus hogares y de sus familias y con proyectos de vida. En estos lugares, ser viejo no es esperar la muerte.

Icaria es una isla ubicada en el mar Egeo, a sólo 13 kilómetros de la costa de Turquía, la cual tiene a nivel mundial uno de los índices más bajos de mortalidad en la mediana edad y los índices más bajos de demencia. Okinawa es una isla japonesa que alberga a las mujeres más longevas del planeta. En la provincia italiana de Ogliastra, en Cerdeña, vive la mayor concentración de hombres centenarios de todo el globo. En Loma Linda, una comunidad adventista de California, sus habitantes lograron vivir hasta diez años más y con mejor salud que el estadounidense promedio. Y en la península de Nicoya, en Costa Rica, se observaron los índices más bajos de mortalidad durante la mediana edad así como la segunda concentración más alta de hombres centenarios.

Caminar, comer bien y amar. Aunque suene trillado, los investigadores  que participaron de la elaboración de “El secreto de las zonas azules” confirmaron científicamente que los pilares de una vida saludable y, en consecuencia, de una vejez saludable residen en hacer ejercicio de manera regular, alimentarse de manera sana y priorizar las relaciones sociales.

Un factor común entre Okinawa, Icaria, Cerdeña, Nicoya y Loma Linda es que sus habitantes viven en ambientes que con frecuencia motivan a moverse. En estos lugares, el automóvil sólo se utiliza para recorrer trayectos muy largos y, en el día a día, la gente hace las compras y visita a sus conocidos caminando. Además, todos los longevos entrevistados contaron que atienden su propio jardín y que no tienen electrodomésticos ni máquinas de cortar pasto que les faciliten el trabajo.

Además, los expertos coincidieron en que hay otra cosa que se repite en todas las comunidades: una alimentación sana. La carne (cualquiera sea) no está presente en todas las comidas y, en promedio, sólo se come cinco veces al mes y en porciones pequeñas (del tamaño del puño de la mano). La posibilidad de tener una huerta propia o un lugar donde comprar frutas y verduras frescas es imprescindible ya que, fundamentalmente las hortalizas, son la base de todas estas dietas. Las legumbres y los frutos secos se consumen a diario en todas las zonas azules así como también una o dos copas de vino.

Buettner insiste en que esto no significa que a los habitantes de las zonas azules no les guste la comida chatarra, el azúcar y la sal añadidos en las comidas o las gaseosas. Simplemente sucede que no están al alcance. En todos estos lugares las salidas a los restaurantes o las golosinas son “gustos” que la gente se da para celebraciones muy puntuales y no forman parte del día a día.

Sin embargo, no sólo es una cuestión de hacer ejercicio y comer bien lo que hace que estas personas vivan tanto y bien. Los aspectos sociales y espirituales son tan importantes como el nutricional. Tener un motivo por el cual levantarse todas las mañanas (tanto en la juventud como en la vejez) aumenta la vitalidad. En Okinawa le llaman “ikigai” mientras que en Nicoya “plan de vida” y puede estar relacionado con nuevos proyectos laborales, domésticos o familiares.

En todas las zonas azules tienen técnicas para disminuir el estrés, que provoca inflamación crónica y se asocia a casi todas las enfermedades relacionadas con el envejecimiento. La meditación o el yoga se hicieron populares en los últimos años en las principales ciudades de Occidente pero Buettner insiste en que no hay una única forma para bajar el ritmo. Por ejemplo, en Okinawa sus habitantes se toman unos cuantos minutos al día para recordar a sus ancestros, los adventistas de Loma Linda rezan, los icarianos tienen por costumbre tomar una siesta diaria y en Cerdeña es un hábito aprovechar una hora del día para ir a tomar un trago.

El equipo de Buettner entrevistó a 263 personas de más de 100 años y descubrió que 258 pertenecían a una comunidad creyente y que asistían al menos cuatro veces al mes a algún servicio religioso. Además, confirmaron que estas personas mantenían vínculos muy estrechos con sus familiares y amigos. Este bienestar se traduce a todo el grupo, ya que los resultados arrojaron que las personas jóvenes que mantienen cerca a sus padres o abuelos reducen los índices de mortalidad infantil y enfermedades en niños.

El gerontólogo Hitzig comparte la visión de Buetnner y afirma que, mientras la edad cronológica depende del tiempo, la edad biológica, depende de cinco aspectos: la salud, el alimento, el movimiento, el pensamiento y el sentimiento.

Cuestión de Estado. Si se tuviera que utilizar sólo un concepto para comprender por qué en estos lugares longevidad y calidad de vida van de la mano, debería ser “ambiente propicio”. En las grandes ciudades de la actualidad, afirma Buettner, “las personas se siguen ahogando en un mar de calorías baratas que es inescapable. Es imposible caminar por un aeropuerto o pasar a la gasolinera  sin ser confrontados por un torrente de refrigerios salados, golosinas y refrescos. Incluso hay golosinas con alto contenido de azúcar disfrazadas de ‘barras saludables’”.

Por ello, “El secreto de las zonas azules” es, además de una guía individual, un llamado de atención a los Estados del mundo. Los acuerdos con las industrias alimenticias para que se disminuya el sodio y el azúcar añadido de los productos, los incentivos para que los ciudadanos abandonen los automóviles y disminuyan el estrés son las acciones colectivas para conseguir una población sana. En colectivo es más fácil que de manera individual ya que está demostrado que el tabaquismo, la obesidad y la soledad son “contagiosos”.

En el mundo existe un modelo que demostró con éxito que el cambio de hábitos mejora los índices sanitarios. En Karelia del Norte (Finlandia), un proyecto iniciado a principios de los ’70 logró números sorprendentes logró, a base de acuerdos del Estados con los privados, la incidencia de muertes por cardiopatías en hombres se redujera en un 85%.

Un hogar azul. La necesidad de políticas públicas no implica, sin embargo, que no haya mucho por hacer de manera individua. Por ello, Buettner recomienda crear “hogares azules”, es decir que cada uno puede hacer que su casa sea un pequeño entorno saludable en medio de una gran ciudad. Comer sabiamente, incorporando los llamados “alimentos suprazules” (verduras, frutas, hortalizas de hojas verdes, porotos, etcétera) y distribuyéndolos de una manera más sana. Se recomienda que el desayuno sea la comida más abundante del día y que incluya proteínas, carbohidratos complejos y grasas de origen vegetal.

Además, el experto insiste con mejorar las relaciones sociales, visitar amigos, hacer paseos al aire libre y procurar tener momentos del día para desconectarse de las pantallas y las obligaciones. Básicamente, para llegar a los cien años y continuar teniendo la misma vitalidad que en la juventud, hay que entender el misterio de las zonas azules.

 

 

 

Publicado en la edición de la Revista Noticias el 08 de Octubre del 2016 – Blog de Aníbal P. Revoredo
Tu psicología

Zurdos: la «revancha» de los que viven con la izquierda

13 de agosto de 2016

Parece increíble que la Iglesia Católica y el islam coincidan en algo tan mítico y sin fundamento científico como considerar que la mano izquierda es sinónimo de lo impuro. No hay bendiciones con la siniestra en ninguno de los dos credos: el diablo es zurdo. Esa lateralidad cerebral sigue teniendo «mala prensa», aunque tiene un […]

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Parece increíble que la Iglesia Católica y el islam coincidan en algo tan mítico y sin fundamento científico como considerar que la mano izquierda es sinónimo de lo impuro. No hay bendiciones con la siniestra en ninguno de los dos credos: el diablo es zurdo.

Esa lateralidad cerebral sigue teniendo «mala prensa», aunque tiene un día internacional, el 13 de agosto, algo que no sucede con los diestros. Quizá lograron tener festividad propia porque son minoría en el mundo: el 10%, cuando el 85% es diestro, apenas un 2% maneja por igual ambas manos y un 3% es minusválido. Es decir que 1 de cada 10 personas, en el mundo y en nuestro país, usa la «siniestra» para escribir, cocinar, pintar, jugar, vivir…

Ni en la cotidianidad del aula están a «salvo». Los primeros años de la escolaridad son los más complejos, aunque gracias a las neurociencias los zurdos comienzan a despojarse del mito de que pueden ser disléxicos o padecer problemas mentales.

«El cerebro trabaja en red y el hombre usa todo el cerebro», afirma la licenciada Florencia Salvarezza, directora del Departamento de Lenguaje de la Fundación del Instituto de Neurología Cognitiva (Ineco), y echa por tierra los mitos «que han dominado más o menos los últimos 2016 años de la humanidad».

«Los seres humanos tendemos a buscar regularidades, a agruparnos y a dejar de lado a los que no se parecen. La única ventaja real es en el deporte porque los zurdos, el 10%, enfrentan a los diestros, el 85%. No los hace mejores deportistas, de hecho hay muchos zurdos que son exitosos en el deporte sin que sean buenos», añade Salvarezza.

Las investigaciones científicas van derribando mitos: la lateralidad izquierda y la dislexia no son vinculantes como se pensaba en los sesenta. Tampoco los zurdos son más alcohólicos que los diestros, ni más creativos, ni dan mala suerte, aunque aún hoy hay tribus africanas en las que las mujeres que cocinan con la mano izquierda pueden llegar a ser quemadas por considerárselas brujas y envenenadoras. Hace pocos años, Japón dejó de considerar esa condición como motivo legal para divorciarse.

Especialistas en neurociencias, educadores, padres y alumnos coinciden en señalar los primeros años del aprendizaje formal como el tiempo más difícil que debe afrontar el 10% de la humanidad que no usa la mano derecha.

El pupitre, los cuadernos, las carpetas, las lapiceras, las reglas, los elementos de geometría, la computadora y hasta el cierre relámpago de las mochilas están pensados para la facilidad de la mano derecha.

Gabriela Greco fue maestra jardinera durante más de 20 años y ayudó a sus alumnos a decidir sin presiones cuál era su verdadera lateralidad cerebral: «Yo ponía los pinceles en el medio de la mesa para que los chicos eligieran con qué mano tomarlos». Es que recién a partir de los tres o cuatro años los chicos empiezan a ver cuál es la mano con la que se sienten más cómodos con sus tareas y a los cinco definen si son diestros o zurdos.

Greco, que vive en Villa Urquiza, no sólo tuvo la experiencia laboral de acompañar el proceso de conocimiento en la escuela, sino que dos de sus tres hijos también se manejan con la siniestra. Joaquín, de 20 años, es músico y ha tenido que cambiar las cuerdas de su guitarra para poder tocar bien. El trombón, que ejercita casi a diario, es para ambidiestros… un problema menos.

«Joaquín siempre se quejó más que Sofía [su hermana, de 12 años], que ha tomado con más naturalidad su condición. Él tiene una letra terrible. Ella tiene mejor letra», revela esta madre que los mima hasta en el momento de poner la mesa: «Sus cubiertos los pongo del lado de la izquierda».

Para Santiago, un flamante egresado universitario de 25 años que vive en Las Cañitas, ser minoría lo incomodaba. «Cuando sos zurdo te terminás acostumbrando a que todo está hecho para diestros y, al final, te olvidás. El colegio donde estudié tenía orientación en informática y pasábamos muchas horas frente a la computadora. Todas tenían el mouse a la derecha. Lo mismo me pasó en mi primer trabajo, en el segundo, en el tercero y el cuarto. Siempre igual. Al principio me incomodaba, pero después cedí y cedí tanto que terminé usando el mouse del lado derecho en mi casa. Ahora lo que me incomodaría sería manejarlo con la izquierda.»

Los problemas de aprendizaje han sido más complejos entre los adultos mayores. «En el colegio primario, del Estado, me obligaron a escribir con la derecha pese a que les decía que me costaba mucho. El maestro me replicaba que me manchaba mucho con la tinta y que no estaba bien escribir con la izquierda. Hoy sigo escribiendo con la derecha, pero conservo otras cosas de zurdo, como usar los cubiertos y patear la pelota», cuenta a LA NACION Horacio de los Ángeles, de 58 años, mientras lleva con la mano izquierda la correa de su amado perro Sokol por las calles de Almagro.

«Necesitamos maestros alertas a que se den las condiciones de comodidad en el aula para aprender», advierte Salvarezza. Y aconseja que guíen a los padres para que compren los útiles escolares para zurdos, ya que muchos desconocen su existencia y esos elementos «les cambian la situación en los primeros años, porque todo es nuevo y complicado».

«En los primeros años, las maestras nunca me pidieron útiles para zurdos», cuenta Delia Martínez, la madre del ya adolescente Julián Mariscal, que a sus 17 años se acostumbró a los elementos de los diestros aunque siempre tiene a mano una tijera «siniestra».

Gina Pascolini cursa el 6° grado en el colegio La Salle, de Florida, y trata de no chocar con el codo a sus compañeros diestros cuando toma notas. «No sabíamos que había transportadores o cuadernos. Sólo le compramos la tijera por una cuestión de desconocimiento, no de precio», cuenta Vilma Marchetti, su madre.

En cambio, María Felizar, madre de Matías, que concurre al mismo colegio que Gina Pascolini, se enteró recién este año de que se consiguen cuadernos «siniestros». «Las carpetas anilladas son un problema para Matías, pero no compré ningún otro útil especial porque no tiene ninguna dificultad en la escuela», concluyó.

Rafael Nadal y su zurda

Nadal, de chico, pegaba tanto de drive como de revés a dos manos, algo inusual. Era un estilo Fabrice Santoro (famoso tenista francés). Pero un día, su tío y entrenador, Toni Nadal, le dijo que ningún número uno había llegado a ese puesto pegando con esa técnica y que tenían que elegir. Y se decidieron por empuñar la raqueta con la izquierda, ya que Toni consideraba que jugando con esa mano tendría ventaja ante sus rivales, mayormente diestros. Una curiosidad: Nadal juega al tenis y al fútbol con la izquierda, pero para el resto de las cosas usa la derecha.

 

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Publicado en la edición impresa del Diario Clarín el 12 de Agosto del 2016 – Blog de Aníbal P. Revoredo

 

Tu psicología

Hallan 17 variaciones genéticas vinculadas con la depresión

5 de agosto de 2016

  Un grupo de científicos detectó 17 variaciones genéticas presentes en personas que han sido diagnosticadas con depresión en algún momento de sus vidas, al comparar su ADN con el de personas a las que nunca se les había detectado ese trastorno. Es la primera investigación que logra establecer un vínculo entre sus características genéticas […]

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Un grupo de científicos detectó 17 variaciones genéticas presentes en personas que han sido diagnosticadas con depresión en algún momento de sus vidas, al comparar su ADN con el de personas a las que nunca se les había detectado ese trastorno. Es la primera investigación que logra establecer un vínculo entre sus características genéticas y la depresión, que según la Organización Mundial de la Salud (OMS) es padecida por 350 millones de personas y representa, en este momento, la mayor causa de incapacidad a nivel global.

El estudio fue publicado el lunes en la revista científica Nature, luego de llevarse a cabo en Estados Unidos con la información genética de unas 300.000 personas: 75.000 habían padecido síntomas de depresión en algún momento. Entre sus hallazgos, los investigadores pudieron determinar que las 17 variaciones genéticas que aparecen en las personas que han estado deprimidas se alojan en 15 regiones del mapa genético humano.

“Este trabajo impulsará próximos estudios para saber cuáles son los aspectos biológicos de la depresión y, en un futuro, puede llevar al desarrollo de nuevas drogas para combatirla”, dijo a la prensa Ashley Winslow, especialista en neurogenética y una de las autoras de la investigación.

Algo similar señaló a Clarín Marcelo Cetkovich-Bakmas, médico psiquiatra y jefe de la Clínica de Depresión y Trastorno Bipolar del Instituto de Neurología Cognitiva: “Esta investigación abre puertas porque nos acerca a las regiones de cromosomas que hay que estudiar. Las enfermedades psiquiátricas son muy complejas, es imposible encontrar un solo gen que las produzca porque además los genes de por sí no explican el trastorno, pero sí denotan una vulnerabilidad ante los factores externos que puedan afectar a esa persona. Este estudio nos permite apuntar a las regiones vulnerables, como si los marcadores genéticos afectados levantaran la manito”, explica.

Según la investigación, las señales genéticas de la depresión son difíciles de hallar por la compleja combinación entre la biología y los factores vinculados a la historia y el presente de cada paciente. “Entender el cerebro es un desafío análogo a entender el universo, por eso los estudios genéticos vinculados a las enfermedades psiquiátricas requieren una gran muestra de casos, para que las variaciones se repitan lo suficiente como para poder establecer un patrón: es como encontrar una aguja en un pajar”, sostiene Cetkovich-Bakmas.

La investigación, respaldada por el laboratorio Pfizer, también fue esponsoreada por la firma estadounidense 23andMe, que ofrece un servicio de escaneo genético completo que cuesta 149 dólares: de los clientes que prestaron su consentimiento para el estudio sobre la depresión salió la gran cantidad de casos analizados.

“Sólo podemos explicar un porcentaje muy pequeño del riesgo de sufrir depresión. No estamos en condiciones de ayudar a un mejor diagnóstico, ya que buena parte de dicho riesgo proviene de causas ambientales, no genéticas”, dijo al diario español El Mundo Roy Perlis, uno de los investigadores que participaron de la investigación.

“Todo lo que nos acerque a conocer mejor esta enfermedad, que es invalidante, es importante. Porque además, cada vez se la considerará más como una enfermedad, y quien la padece no será estigmatizado: la depresión te deja en la cama sin poder levantarte igual que otras enfermedades”, reflexiona Cetkovich-Bakmas.

 

 

 

 

 

Publicado en la edición impresa del Diario Clarín el 02 de Agosto del 2016 – Blog de Aníbal P. Revoredo
Tu psicología

Cuatro pasos para eliminar la dependencia emocional

29 de julio de 2016

  Eliminar la dependencia emocional es posible. Para ello es uno mismo el que debe tomar la decisión de cambiar para tener una mejor calidad de vida. Las personas que sufren de apego excesivo, no disfrutan de las relaciones, se enganchan en exceso y pierden su individualidad satisfactoria. Hay más porcentaje de mujeres con este […]

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Eliminar la dependencia emocional es posible. Para ello es uno mismo el que debe tomar la decisión de cambiar para tener una mejor calidad de vida. Las personas que sufren de apego excesivo, no disfrutan de las relaciones, se enganchan en exceso y pierden su individualidad satisfactoria.

Hay más porcentaje de mujeres con este problema, aunque también hay hombres que lo sufren exactamente igual que cualquier mujer, con la desventaja de que les suele dar más vergüenza acudir a una consulta psicológica. Sienten que su hombría está en duda, cuando en realidad nada de eso tiene que ver, una autoestima baja puede acarrear este problema, independientemente del sexo de la persona.

 

1. Reconocer que hay un problema

Analiza. No solo existe la dependencia emocional en las relaciones de pareja, también se puede dar en amistades, compañeros, familia y personas del entorno. En general, es una situación que puede establecerse en cualquier ámbito.

A continuación, te ofrecemos un listado de situaciones y sentimientos para que evalúes si sufres este problema. Así, una persona con apego enfermizo o que tiene dependencia emocional se caracteriza por:

 

  • Su felicidad se centra en una sola persona, no disfruta de otra cosa que no sea estar con quien ama o aprecia.
  • Su alegría depende de cómo le tratan los demás y de lo que piensen de ella. Si se siente aceptada todo genial, pero como sienta que cae mal o que tienen mala opinión de ella, se esfuma la felicidad. Dependen en exceso de los demás para estar bien o mal.
  • Evitan a toda costa llevar la contraria para evitar enfrentamientos, le invade el temor a molestar o a ser rechazado.
  • Antepone el deseo de otros, al suyo propio, se siente como si no tuviera capacidad de decisión, su vida la manejan.
  • Solo se siente bien consigo mismo si se siente querido. Si no hay alguien a quien querer, se siente vacío, sin amor propio.
  • Le invade el miedo a menudo, miedo a perder a esa o esas personas que tanto ama o aprecia. Ese miedo le impide disfrutar como debería de las relaciones.
  • Cae fácilmente en los chantajes emocionales, no soportaría que por su culpa alguien se hiciera daño. Sacrifica su felicidad para dársela a otros.
  • Prefiere sufrir, antes que dejar a la persona a la que estás enganchado/a. No tienes la fortaleza de cortar un contacto porque tampoco siente que tiene la capacidad de salir adelante sin esa persona a la que quiere.
  • Necesitas al otro/a, sino la vida pierde total sentido.
  • El sentimiento de culpa está a menudo con ella. Siente que es el responsable de la felicidad de los demás, ya sea su pareja, familia, amistades, etc. Se siente con la obligación de contentar a los demás y si no lo hace se siente culpable.
  • Quiere tener el control de toda su vida, para tener la seguridad de que no le perderá. Se convierte en una especie de espía para seguir incluso las conversaciones que tiene con otras personas. Se obsesiona un poco con esa persona, deja de vivir su vida para seguir la del otro.
  • La persona está tanto en el centro de su vida, que sus amistades y demás pierden importancia para ella. Hay tendencia de aislamiento social, sólo le apetece estar con esa persona, y cuanto más tiempo diario mejor.
  • La relación genera ansiedad. La persona nunca está contenta porque quiere más, y sobre todo teme que la dejen, lo cual sería una catástrofe porque no se imagina la vida sin esa persona.

 

A cualquiera nos gustaría tener a alguien especial en nuestra vida, lo que diferencia a una persona no dependiente, es que cuando están solo/as pueden tener momentos de melancolía, pero eso no les detiene para seguir disfrutando de otras facetas de su vida. La persona con dependencia emocional necesita al otro para disfrutar.

En cambio la persona dependiente no puede estar sola, se deprime, su autoestima decae y no es capaz de disfrutar de la vida. Ha convertido la relación con el otro en una necesidad para creer sentirse bien…

 

2. Listado de cosas que perjudican y se hacen por amor o cariño

Una vez que ya has reconocido que tienes un problema y tienes el convencimiento de que quieres eliminar la dependencia emocional de tu vida, haz un listado de cosas que has llegado a hacer por alguien, que a ti te perjudicaban. Debes ser consciente de que una persona dependiente no se fija en su bienestar personal, prefiere contentar a la otra persona para no perderla.

Si quieres cambiar, lo primero que debes hacer es pensar en ti lo primero, que tu bienestar sea lo principal en tu vida.

¿Qué cosas tenía la otra persona que te perjudicaban?, ¿qué has hecho tú por el otro que a ti te hacía daño?, ¿has dejado de lado amistades, familia, actividades, estudios, desarrollo personal, etc..?, ¿te han tratado con el respeto que te mereces?, ¿Has hecho cosas que no están bien para no perderle?, ¿cómo ha sido tu estado emocional?, ¿sientes que has mendigado amor o afecto y has ido muy insistente detrás?

A parte de esta persona, ¿has tenido otras facetas en tu vida donde has disfrutado? Pueden ser aficiones, amistades, etc… ¿has aguantado muchas cosas negativas con tal de no perder a esa persona?

Es importante que hagas consciente el sufrimiento que has tenido por ser una persona dependiente. Piensa en todo lo negativo que te ha traído esa relación, de esta manera reforzarás tus ganas de cambiar y de eliminar la dependencia emocional.

 

3. Reforzar la autoestima para eliminar la dependencia emocional

El factor principal de cualquier dependencia es una autoestima baja. Hay muchas opciones para poder reforzarla, desde acudir a un profesional de la psicología hasta hacer biblioterapia. En cualquier biblioteca hay libros muy interesantes sobre la autoestima.

Haz como si tuvieras que estudiar para el colegio, infórmate todo lo que puedas sobre reforzar tu autoestima y lee los libros que te parezcan más interesantes. De todos siempre se saca algo nuevo e instructivo.

“La mayoría de miedos de ser rechazado descansan en el deseo

de ser aprobados por otras personas.

No bases tu autoestima en sus opiniones”

-Harvey Mackay-

 

4. Aprender a estar solo/a

La vida es más bonita con amor, pero éste llega sanamente cuando uno se siente bien consigo mismo. No podemos tener una relación sana si antes no nos hemos desarrollado como personas.

Cuando uno mismo se ama y no necesita a los demás, es cuando está preparado para querer de una manera sana.

A todos nos gustaría tener una pareja ideal, personas a quien querer, etc… Pero una cosa es “necesitar” y otra muy diferente es “desear”. Cuando necesitas no funciona, porque si uno no se ama a sí mismo, tampoco podrá amar a los demás de una manera madura y sana.

 

 

 

 

Publicado en lamenteesmaravillosa.com Marzo del 2016 – Blog de Aníbal P. Revoredo

 

Tu psicología

Cuando la educación hace daño: madres tóxicas

  1. ¿Qué hay detrás de la personalidad de las madres tóxicas? Puede que nos llame la atención, pero detrás del comportamiento de una madre tóxica, está el amor. Ahora bien, todos sabemos que a la hora de hablar del amor, existen dos caras de una misma moneda: está esa dimensión capaz de propiciar el […]

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1. ¿Qué hay detrás de la personalidad de las madres tóxicas?

Puede que nos llame la atención, pero detrás del comportamiento de una madre tóxica, está el amor. Ahora bien, todos sabemos que a la hora de hablar del amor, existen dos caras de una misma moneda: está esa dimensión capaz de propiciar el crecimiento personal de la persona, ya sea a  nivel de pareja o a nivel familiar, y a su vez, está también ese lado más tóxico donde se ejerce un amor egoísta e interesado, a veces hasta asfixiante, que puede ser completamente destructivo.

Lo preocupante, es que los familiares que despliegan las artimañas de la toxicidad, lo hacen hacia criaturas que están en pleno proceso de maduración personal, ahí donde debe asentarse su personalidad, su autoestima… Todo ello, irá esculpiendo en ellos grandes vacíos, grandes inseguridades en ocasiones insalvables. Veamos ahora qué dimensiones psicológicas perfilan a las madres tóxicas:

 

1. Personalidad insegura

En ocasiones, en una madre tóxica suele esconderse una clara falta de autoestima y autosuficiencia que les obliga a ver en sus hijos “esa tabla de salvación” a la cual modelar y controlar para tener siempre a su lado, para que cubran sus carencias.

El ver por ejemplo que sus hijos empiezan a ser autónomos, que ya no las necesitan tanto y que poco a poco son capaces de hacer su vida, supone para ellas una gran ansiedad, puesto que temen ante todo quedarse solas. De ahí que sean capaces de desplegar “hábiles artimañas”, para seguir teniéndoles cerca e incluso justificarles que debe ser así, y un modo de hacerlo es proyectando en los niños desde el inicio su misma falta de autoestima, y su misma inseguridad.

2. Obsesión por el control

La necesidad que tienen las madres tóxicas por tener controlado cada aspecto de sus vidas, hace que acaben haciendo lo mismo en la vida de sus hijos. No son capaces de ver los límites. Para ellas, control es sinónimo de seguridad, de algo inmanente que no cambia, y lo que no cambia es bueno porque les hace sentir bien.

Lo complicado de esta dimensión es que las madres tóxicas suelen ejercer el control pensando que con ello, hacen el bien y que así demuestran amor por los demás.“Yo te hago la vida fácil controlando tus cosas para que seas feliz”, “Yo solo quiero lo mejor para ti, y por ello evito que puedas equivocarte”…

El control llevado a cabo desde la justificación del cariño, es el peor acto de la sobreprotección. Impedimos con ello que los niños sean autónomos, capaces y valientes. Y aún más, que aprendan de sus errores.

 

3. La proyección de los deseos incumplidos

“Quiero que consigas lo que yo no tuve”, “No quiero que caigas en mis mismos errores”, “Quiero que llegues a ser aquello que yo no puede conseguir”.

En ocasiones las madres tóxicas proyectan en sus hijos los deseos incumplidos de su propio pasado, sin preguntar si quiera qué es lo que ellos desean, sin darles opción a elegir, pensando que con ello, les demuestran un amor incondicional, cuando en realidad, es un falso amor. Un amor interesado.

 

¿Cómo enfrentarnos a una madre o a cualquier familiar “tóxico”?

Sé consciente de que debes romper el ciclo de la toxicidad. Has vivido durante mucho tiempo dentro de él, sabes las heridas que te ha dejado, sin embargo, ahora ya comprendes que necesitas abrir tus alas para ser tú mismo. Para ser feliz. Te va a costar, pero debes empezar a decir “No”, a poner en voz alta tus necesidades y a alzar tus propios muros, esos por los que nadie debe pasar.

Es tu madre, o es tu familia, los quieres y sabes que romper ese ciclo de toxicidad puede causar algún daño. En ocasiones, decir la verdad de lo que uno siente hace daño a los demás, pero es una necesidad vital. Se trata solo de marcar límites y dejar claro lo que permites o lo que no. No deseas causar daño alguno, debes dejarlo claro, al igual que debe quedar constancia de que tampoco tú quieres ser herido/a nunca más.

Reconoce la manipulación. Hay veces que es tan sutil, que no nos damos cuenta, así que atiende cualquier palabra, cualquier comportamiento. Y sobre todo, no caigas en las redes de la “victimización”, puesto que es un recurso fácil al cual suelen recurrir las personas tóxicas y las madres tóxicas. Alzarse como las más dolidas, las más heridas, cuando en realidad, al que han hecho daño es a ti. Tenlo siempre en cuenta.

 

 

Publicado en lamenteesmaravillosa.com Marzo del 2016 – Blog de Aníbal P. Revoredo

 

 

 

 

Tu psicología

Dar amor no cansa, decepcionarse sí

22 de julio de 2016

  La decepción es un sentimiento que, de prolongarse en el tiempo, no solo cansa, sino que termina por apagarnos por dentro y por destruir nuestras ilusiones Nadie puede agotarse al ofrecer un cariño sincero para quien, a su vez, reconoce cada esfuerzo y detalle. Dar amor no cansa. Lo que ensombrece nuestro ánimo son las […]

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La decepción es un sentimiento que, de prolongarse en el tiempo, no solo cansa, sino que termina por apagarnos por dentro y por destruir nuestras ilusiones

Nadie puede agotarse al ofrecer un cariño sincero para quien, a su vez, reconoce cada esfuerzo y detalle. Dar amor no cansa. Lo que ensombrece nuestro ánimo son las decepciones y cada vacío sentido en esas relaciones.

El clásico refrán de “da amor sin mirar a quién” debería puntualizar diversos detalles, esos que todos nosotros hemos experimentado en piel propia al dar lo máximo de nosotros mismos a quienes nos rodean, sin saber que existen límites.

Hay quien da por sentado que recibir atención, halagos, favores y cariño es algo que no requiere esfuerzo, que solo por tener pareja es lo esperable, sin recordar queuna relación es un intercambio continuo donde “tú me das y yo te ofrezco”.

El amor incondicional es, sin duda, algo muy respetable. Es lo que siente, por ejemplo, una madre por un hijo, un pilar infranqueable que entendemos y que valoramos.

Ahora bien, la “incondicionalidad” por sí misma es un terreno peligroso para muchas personas. Porque no en todos los casos puede justificarse el seguir dando afecto y respeto cuando ya no lo recibimos.

Cuando somos despreciados o traicionados. Es un aspecto común en nuestras relaciones afectivas que deseamos abordar en el siguiente artículo.

La decepción cansa y apaga poco a poco el amor

La decepción cansa y nos hace abrir los ojos. No obstante, hasta que llega ese momento, pasamos por una serie de fases complejas y emocionalmente duras que nos hacen cuestionarnos muchas cosas.

Cabe decir que una decepción no es obligatoriamente el primer paso hacia una ruptura. Hay veces en que nos permite ver las cosas con mayor realismo para poner en marcha unos cambios más maduros.

Veámoslo con detalle.

Cuando el amor es ciego y la decepción nos abre los ojos

Hay algo que suele ocurrir cuando somos muy jóvenes: vivir esas relaciones afectivas donde idealizamos a la pareja de tal modo que, lejos de verle cualquier defecto, solemos ponerla en un pedestal muy alto.

  • El día a día nos va demostrando que la perfección no existe, y eso no debe ser malo ni bueno. Ver la realidad de las cosas es una forma adecuada –y necesaria– con la que afrontar mejor una relación.
  • Nuestra pareja, al igual que nosotros mismos, no es perfecta, ni mucho menos infalible. Cometemos errores, todos tenemos manías y muchos defectos.
  • Esas primeras decepciones deben abrirnos los ojos para darnos cuenta de quepara que la relación prospere, ambos debemos invertir por igual.

Lo fallos se corrigen, los errores sirven para aprender y los defectos se armonizan con los nuestros.

Ahora bien, también sabemos que “hay decepciones y decepciones” y errores que no siempre se pueden perdonar.

La decepción que cansa y que hiere

Hay hechos, detalles, palabras y actos que nos abren los ojos y que nos demuestran, con algo de impacto, que una persona no era como esperábamos.

  • Lo más probable es que nunca fuera como nosotros creíamos porque, tal y como hemos señalado con anterioridad, el amor tiende a idealizar el carácter de las personas.
  • El amor nunca debería ofrecerse con los ojos cerrados.Lo más complicado de todo esto es que, a la hora de hablar de emociones, entramos ya en un ámbito donde es muy complicado controlar lo que sentimos.
  • Podemos aceptar una decepción, podemos perdonar un error, e incluso cinco. No obstante, en el momento en que se reincide sin que importe en absoluto el dolor ocasionado nos vemos obligados, sin duda, a tomar una decisión.

La decepción continua no solo cansa, sino que hiere y destruye nuestra autoestima. Es algo que debemos tener muy claro.

Me he cansado de tantas decepciones

No hay que llegar a estos extremos. Cuando el corazón se cansa demasiado ante tantas decepciones sufridas empieza o bien a apagarse o aceptar la situación, a rendirse.

  • Nunca debemos caer en estas situacionesdonde tolerar las decepciones hasta el punto de pensar que es “lo normal”, que lo mejor es aguantar y callar.
  • No importa que sean parejas, amigos o incluso hijos. Si no hay respeto y existe una voluntad clara de hacer daño porque sí, porque no se conoce qué es el respeto y el cariño sincero, es momento de reaccionar con firmeza.

 

Lo recomendable es saber hacerlo ya en la primera decepción. Una vez abrimos los ojos ante una realidad hay que afrontarla y dejar claro que nos han hecho daño. Que no es así como se construye una relación.

 

Si algo te molesta, ponle nombre y exprésalo. Si algo te decepciona, demuéstralo, y ofrece estrategias para que no vuelva a ocurrir.

Si las decepciones continúan, será el momento de dar una respuesta más contundente. De lo contrario quedaremos demasiado heridos, demasiado fragmentados.

No lo permitas.

 

 

Publicado en mejorconsalud.com 20 de Julio del 2016 – Blog de Aníbal P. Revoredo

 

Tu psicología

Cinco heridas emocionales de la infancia que persisten cuando somos adultos

  Los problemas vividos en la infancia dejan heridas emocionales que vaticinan cómo será nuestra calidad de vida cuando seamos adultos. Además, estos pueden influir significativamente en como nuestros niños de hoy actuarán mañana y en como nosotros, por otro lado, afrontaremos las adversidades. Así, de alguna forma, a partir de estas 5 heridas emocionales o experiencias dolorosas […]

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Los problemas vividos en la infancia dejan heridas emocionales que vaticinan cómo será nuestra calidad de vida cuando seamos adultos. Además, estos pueden influir significativamente en como nuestros niños de hoy actuarán mañana y en como nosotros, por otro lado, afrontaremos las adversidades.

Así, de alguna forma, a partir de estas 5 heridas emocionales o experiencias dolorosas de la infancia, conformaremos una parte de nuestra personalidad. Veamos a continuación cuáles son nuestras heridas definidas por Lisa Bourbeau….

1- El miedo al abandono

La soledad es el peor enemigo de quien vivió el abandono en su infancia. Habrá una constante vigilancia hacia esta carencia, lo que ocasionará que quien la haya padecido abandone a sus parejas y a sus proyectos de forma temprana, por temor a ser ella la abandonada. Sería algo así como “te dejo antes de que tú me dejes a mí”, “nadie me apoya, no estoy dispuesto a soportar esto”, “si te vas, no vuelvas…”.

Las personas que han tenido las heridas emocionales del abandono en la infancia, tendrán que trabajar su miedo a la soledad, su temor a ser rechazadas y las barreras invisibles al contacto físico.

La herida causada por el abandono no es fácil de curar. Así, tú mismo serás consciente de que ha comenzado a cicatrizar cuando el temor a los momentos de soledad desaparezca y en ellos empiece a fluir un diálogo interior positivo y esperanzador.

2- El miedo al rechazo

El miedo al rechazo es una de las heridas emocionales más profundas, pues implica el rechazo de nuestro interior. Con interior nos referimos a nuestras vivencias, a nuestros pensamientos y a nuestros sentimientos.

En su aparición pueden influir múltiples factores, tales como el rechazo de los progenitores, de la familia o de los iguales. Genera pensamientos de rechazo, de no ser deseado y de descalificación hacia uno mismo.

La persona que padece de miedo al rechazo no se siente merecedora de afecto ni de comprensión y se aísla en su vacío interior. Es probable que, si hemos sufrido esto en nuestra infancia, seamos personas huidizas. Por lo que debemos de trabajar nuestros temores, nuestros miedos internos y esas situaciones que nos generan pánico.

Si es tu caso, ocúpate de tu lugar, de arriesgar y de tomar decisiones por ti mismo. Cada vez te molestará menos que la gente se aleje y no te tomarás como algo personal que se olviden de ti en algún momento.

3- La humillación

Esta herida se genera cuando en su momento sentimos que los demás nos desaprueban y nos critican.Podemos generar estos problemas en nuestros niños diciéndoles que son torpes, malos o unos pesados, así como aireando sus problemas ante los demás; esto destruye la autoestima infantil.

Las heridas emocionales de la humillación generan con frecuencia una personalidad dependiente. Además, podemos haber aprendido a ser “tiranos” y egoístas como un mecanismo de defensa, e incluso a humillar a los demás como escudo protector.

Haber sufrido este tipo de experiencias requiere que trabajemos nuestra independencia, nuestra libertad, la comprensión de nuestras necesidades y temores, así como nuestras prioridades.

4- La traición o el miedo a confiar

Surge cuando el niño se ha sentido traicionado por alguno de sus padres principalmente, no cumpliendo sus promesas. Esto genera una desconfianza que se puede transformar en envidia y otros sentimientos negativos, por no sentirse merecedor de lo prometido y de lo que otros tienen.

Haber padecido una traición en la infancia construye personas controladoras y que quieren tenerlo todo atado y reatado. Si has padecido estos problemas en la infancia, es probable que sientas la necesidad de ejercer cierto control sobre los demás, lo que frecuentemente se justifica con un carácter fuerte.

Estas personas suelen confirmar sus errores por su forma de actuar. Sanar las heridas emocionales de la traición requiere trabajar la paciencia, la tolerancia y el saber vivir, así como aprender a estar solo y a delegar responsabilidades.

5- La injusticia

La injusticia como herida emocional se origina en un entorno en el que los cuidadores principales son fríos y autoritarios. En la infancia, una exigencia en demasía y que sobrepase los límites generará sentimientos de ineficacia y de inutilidad, tanto en la niñez como en la edad adulta.

Las consecuencias directas de la injusticia en la conducta de quien lo padece será la rigidez, pues estas personas intentan ser muy importantes y adquirir un gran poder. Además, es probable se haya creado un fanatismo por el orden y el perfeccionismo, así como la incapacidad para tomar decisiones con seguridad.

Requiere trabajar la desconfianza y la rigidez mental, generando la mayor flexibilidad posible y permitiéndose confiar en los demás.

Ahora que ya conocemos las cinco heridas del alma que pueden afectar a nuestro bienestar, a nuestra salud y a nuestra capacidad para desarrollarnos como personas, podemos comenzar a sanarlas.

 

 

Publicado en lamenteesmaravillosa.com 20 de Julio del 2016 – Blog de Aníbal P. Revoredo

 

 

 

Tu psicología

Resiliencia, ser fuerte a pesar de las tormentas

Ellas saben que la inmunidad al sufrimiento es imposible y comprenden que las tormentas que hacen a nuestros días oscuros también son oportunidades para sobreponerse. Por lo que se arman de valor y continúan, teniendo como mantra proseguir para crecer, a pesar de las adversidades. Ser resiliente en el día a día La resiliencia es un […]

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Ellas saben que la inmunidad al sufrimiento es imposible y comprenden que las tormentas que hacen a nuestros días oscuros también son oportunidades para sobreponerse. Por lo que se arman de valor y continúan, teniendo como mantra proseguir para crecer, a pesar de las adversidades.

Ser resiliente en el día a día

La resiliencia es un concepto que ha adquirido gran relevancia en los últimos años. Sobre todo desde aquellas perspectivas, como la psicología positiva, que están más interesadas en investigar cuáles son las características que les permiten a las personas superar una adversidad, dejando en un segundo plano la comprensión de aquellos factores que aumentan la probabilidad de un trastorno mental.

Ser resiliente desde la psicología es ser capaz de afrontar la adversidad y salir fortalecido.

Cuando hablamos de resiliencia solemos pensar en hechos traumáticos, como la pérdida de un ser querido, sobrevivir a un accidente o a situaciones de maltrato… Pero en nuestro día a día también se dan situaciones complejas que tenemos que enfrentar. No hace falta que suceda una catástrofe, superar cualquier dificultad cotidiana como hacer frente a las críticas, conseguir superarse o comenzar el día con una sonrisa tras una época de tristeza también es ser resiliente.

Todos tenemos nuestras propias batallas con las que lidiar y nuestros propios recursos para hacerles frente de una manera u otra, tan solo hay que descubrirlos.

Características de las personas resilientes

Hay personas que son resilientes porque han tenido un ejemplo de resiliencia a seguir, como sus padres o un hermano, pero otras han aprendido a lidiar y sortear las piedras del camino por sí solas: han aprendido a partir del ensayo y error, se ha hecho fuertes a partir de sus propias cicatrices.

Esto nos indica que la resiliencia es una habilidad que todos podemos desarrollar y por lo tanto, practicar. Para ello, es necesario gestionar adecuadamente nuestros pensamientos y emociones. Encauzarlos por el canal que nos dé más control sobre ellos es fundamental.

A continuación te contamos algunas de las principales características de las personas resilientes para que puedas comenzar a entrenarlas.

Saben adaptarse a los cambios

Las personas resilientes tienen como los juncos la capacidad de ser flexibles cuando el viento azota con fuerza. Saben que ir en contra de las circunstancias las hará perder energía y optan por tener una mente abierta ante las diferentes opiniones y circunstancias.

Se desprenden de sus viejas creencias, prejuicios e inseguridades para vestirse con nuevos trajes que les acompañen en los momentos de cambio. Pero no se adaptan por resignación sino porque saben que existen otros mundos diferentes que no por ser distintos son erróneos.

Se apoyan en sus fortalezas

Las personas resilientes se conocen. Saben qué es aquello que les hace daño y les molesta y comprenden que el soporte fundamental de su bienestar depende de cuidarse a sí mismas.

Las personas resilientes saben identificar sus debilidades pero también sus fortalezas para ponerlas en marcha cuando sea necesario.

Utilizaran sus ganas de luchar, su motivación, su esfuerzo y sus habilidades como los cimientos para seguir adelante. Pero, sobre todo, se respetan a sí mismas y se tienen en cuenta porque saben que conocerse es el paso fundamental para crecer y establecer relaciones sanas con los demás.

Saben que aceptar es necesario para avanzar

Las personas resilientes saben que la aceptación es la compañera aliada del avance y el cambio.Porque solo cuando aceptamos lo que nos ocurre podremos comenzar a trabajar para mejorarlo. De otra manera, si lo negamos lo único que hacemos es darle más fuerza.

Las personas resilientes saben que aceptar es comprender y afrontar, no darse por vencidos.

Consideran que nadie es inmune al sufrimiento

Ser resiliente no quiere decir que una persona no tenga heridas, sino que a pesar de ellas la situación adversa le ha sido instructiva de algún modo. Ha sido capaz de aceptar el dolor y en lugar de sumergirse en él, ha optado por aprender.

Las personas resilientes saben que escudarse y protegerse del dolor no siempre va a funcionarles, ya que huir las alejaría de la posibilidad de comprender qué les sucede y seguir creciendo.

Como ves, ser resiliente puede aprenderse y entrenarse. De hecho, tendría que ser una enseñanza fundamental en las escuelas. Siempre vale la pena aprender estrategias para mejorar y seguir creciendo y la resiliencia es esa capacidad que nos permite ser fuertes a pesar de que el viento azote con fuerza, adaptándonos lo mejor posibles a los baches que conforman las pérdidas, las decepciones, los traumas y los fracasos.

Tu también eres resiliente, no lo olvides ¿o es que no has superado ninguna dificultad o situación en tu vida? Piensa y recuerda en aquella vez que fuiste valiente y a pesar del miedo, te lanzaste a la piscina…

Publicado en lamenteesmaravillosa.com 20 de Julio del 2016 – Blog de Aníbal P. Revoredo

 

Tu psicología

10 ladrones de tu energía

  Todos tenemos asignada una carga de energía,  la cual debemos aprender a utilizarla positivamente y no desperdiciarla. Las energías nos permiten trabajar con motivación, nos dan mente positiva para afrontar las situaciones del día a día y permiten aprovechar al máximo todas las oportunidades que se nos presentan. Sólo nosotros tenemos el poder de dominar nuestras […]

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Todos tenemos asignada una carga de energía,  la cual debemos aprender a utilizarla positivamente y no desperdiciarla. Las energías nos permiten trabajar con motivación, nos dan mente positiva para afrontar las situaciones del día a día y permiten aprovechar al máximo todas las oportunidades que se nos presentan. Sólo nosotros tenemos el poder de dominar nuestras energías y acceder a ellas para darles el uso en nuestros días. Sin embargo, hay algunos agentes externos e internos que pueden llegar a interferir en nuestros niveles de energía, provocando una disminución en nuestra motivación, nuestro estado de ánimo y nuestra productividad.

Las energías son claves para alcanzar el éxito y superar cada uno de los obstáculos que se nos presentan en el camino. Todos podemos renovar día a día esas energías y aprovecharlas al máximo para sacar a flote nuestras cualidades, nuestros talentos y todo lo que nos permite destacarnos como personas.Teniendo en cuenta que cada individuo está dotado de energía y que esto es clave para su desarrollo personal y profesional, el gran líder espiritual Dalai Lama ha definido los 10 “ladrones de la energía” que todos debemos conocer para conseguir el dominio de nuestras energías y evitar que hayan interferencias que nos impidan aprovecharlas.

 

Aléjate de las personas tóxicas

  • “Deja ir a personas que sólo llegan para compartir quejas, problemas, historias desastrosas, miedo y juicio de los demás. Si alguien busca un bote para echar su basura, procura que no sea en tu mente”.

Todos estamos en capacidad de distinguir cuáles son las personas que le aportan cosas positivas a nuestra vida y cuáles son aquellas que nos quieren detener e impedir que nos realicemos como queremos.

Paga tus cuentas a tiempo

No hay nada mejor para nuestra tranquilidad, que saber que no le debemos a nadie y que nadie nos debe nada.

  • “Paga tus cuentas a tiempo. Al mismo tiempo cobra a quién te debe o elige dejarlo ir, si ya es imposible cobrarle”.

Ser responsable con las deudas nos ayuda a estar tranquilos ante las demás personas y con nosotros mismos. Es mejor hacer todo lo que nos sea posible por liberarnos de las deudas y no tener que escondernos o avergonzarnos por no haberlas pagado.

Cumple tus promesas

  • “Si no has cumplido, pregúntate por qué tienes resistencia. Siempre tienes derecho a cambiar de opinión, a disculparte, a compensar, a re-negociar y a ofrecer otra alternativa hacia una promesa no cumplida; aunque no como costumbre. La forma más fácil de evitar el no cumplir con algo que no quieres hacer, es decir NO desde el principio”

Las promesas por pequeñas que sean pueden tener un valor muy significativo para las personas  a las que les prometemos. Cumplir con las promesas nos hace mejores personas tanto a nivel personal como a nivel profesional.

Delega aquello que no quieres hacer

  • “Elimina en lo posible y delega aquellas tareas que no prefieres hacer y dedica tu tiempo a hacer las que sí disfrutas”.

No se trata de evadir nuestras responsabilidades, pero sí de tener conciencia de que en ocasiones lo mejor es darle la labor a alguien que lo puede hacer mejor o que puede tomar tu lugar cuando no te sientes en las mejores condiciones de hacerlo. Así mismo, esto nos recuerda que es importante realizar las cosas que son verdaderamente significativas en nuestras vidas.

Descansa y actúa

  • “Date permiso para descansar si estás en un momento que lo necesitas y date permiso para actuar si estás en un momento de oportunidad”.

Tanto la naturaleza como nuestra vida tiene diferentes ritmos en el día a día y cada uno de nosotros debemos saber cómo actuar ante ello. Muchas veces no parar cuando lo necesitamos puede ser un gran error, y así mismo, no actuar cuando podemos, puede generarnos futuros arrepentimientos.

Bota, recoge y organiza

  • “Tira, levanta y organiza, nada te toma más energía que un espacio desordenado y lleno de cosas del pasado que ya no necesitas”.

Desde las cosas físicas hasta lo espirituales muy importante botar aquello que no necesitamos, dejar atrás todo lo que sea pasado y tomar sólo aquellas cosas que nos permiten organizarnos para vivir bien el presente y cumplir nuestros sueños a futuro.

Cuida tu salud

  • “Da prioridad a tu salud, sin la maquinaria de tu cuerpo trabajando al máximo, no puedes hacer mucho. Tómate algunos descansos”.

De nada nos sirve tener el mejor trabajo, mucho dinero y los mejores bienes, si no gozamos de buena salud y no cuidamos nuestro cuerpo. Para disfrutar de la vida con las mejores energías, debemos dedicarle un merecido tiempo a nuestro cuerpo para desintoxicarlo, meditar, consentirnos, alimentarnos bien, hacer ejercicios, consultar al médico y hacer todo lo necesario por estar bien de salud.

Enfrenta las situaciones difíciles

  • “Enfrenta las situaciones tóxicas que estás tolerando, desde rescatar a un amigo o a un familiar, hasta tolerar acciones negativas de una pareja o un grupo; toma la acción necesaria”.

Enfrentar las situaciones es la manera más saludable de asumir las cosas y no dejar que se conviertan en algo peor. Es importante analizar y decidir a tiempo, ya que posponer o ignorar las cosas nos puede generar estrés, dificultad para enfocarnos y problemas más difíciles de solucionar.

Acepta

  • “Acepta. No es resignación, pero nada te hace perder más energía que el resistir y pelear contra una situación que no puedes cambiar”.

Aunque muchos confiamos en que nada es imposible y que la esperanza es lo último que se pierde, en ocasiones la vida nos pone ante situaciones en las que debemos aceptar que no podemos cambiar las cosas y que la única forma será aceptar.  Aceptar no quiere decir que debamos dejar de luchar, cuando aceptamos que no podemos cambiar algo, también tenemos la posibilidad de cambiar el plan y buscar nuevas oportunidades.

Perdona

  • “Perdona, deja ir una situación que te esté causando dolor, siempre puedes elegir dejar el dolor del recuerdo”.

Una de las fuentes más grandes de energía es el amor y estar conectados a Dios para aprender a perdonar. Es cierto que muchas veces la vida nos pone ante situaciones que nos llenan de ira, de dolor, de rencor y de miedos, que difícilmente podemos superar.  Sin embargo, cuando decidimos no alimentar esos sentimientos y empezar a perdonar, todo en nuestra vida mejora y con el tiempo nos damos cuenta que hemos tomado una buena decisión. El odio, el rencor y la ira son sentimientos que no nos aportan nada bueno y nos pueden llevar a tomar malas decisiones.

 

 

Publicado en mejorconsalud.com 20 de Julio del 2016 – Blog de Aníbal P. Revoredo