Tu vida sexual

Los “millennials”, sin apuro: afirman que tienen menos sexo de lo que se cree

12 de agosto de 2016

“All you need is love”, predicaba John Lennon, con sus bigotitos a lo Leopoldo Jacinto Luque, como una herradura, y los jóvenes, estimulados, se lanzaban en busca de concretar sus deseos más íntimos. Pero el tiempo pasó, al ex marido de Yoko Ono lo asesinaron de cuatro tiros en la puerta del edificio Dakota, el […]

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“All you need is love”, predicaba John Lennon, con sus bigotitos a lo Leopoldo Jacinto Luque, como una herradura, y los jóvenes, estimulados, se lanzaban en busca de concretar sus deseos más íntimos.

Pero el tiempo pasó, al ex marido de Yoko Ono lo asesinaron de cuatro tiros en la puerta del edificio Dakota, el flower power se diluyó, y los millennials, tal como se define a los chicos y chicas que nacieron a partir de 1990, consumen sus energías en otros menesteres.  Según un estudio publicado en la revista científica Archives of Sexual Behavior, los jóvenes actuales están dispuestos a interactuar menos bajo las sábanas que los que tenían su misma edad en los 60. Un retroceso, un declive en las apetencias.

La investigación, que incluyó una encuesta en la que participaron 27.000 personas “de 20 a 25 años”, sostiene que, en aquel tiempo, sólo el 6% de los jóvenes “no tenía pareja sexual después de los 18”, y que, en las últimas décadas, ese fenómeno aumentó al 15%.

¿Qué se puede decir de esta tendencia en la Argentina? A contrapelo de la creencia que sostiene que los teenagers y no tan teenagers copulan como conejos, los especialistas consultados por Clarín plantean que son varios los motivos que podrían explicar la disminución en la búsqueda de los placeres carnales, entre ellos, “el mayor individualismo”, “el autoerotismo facilitado por el acceso a las nuevas tecnologías” y, también, “el temor al contagio de enfermedades”.

Con los labios pintados de rojo Almodóvar, la chica se saca selfies tirando piquitos a la cámara. Como si fuera Cristiano Ronaldo, el chico se saca selfies mostrando los abdominales bien tonificados. Yo y yo, siempre yo. Así, según señala la psicoanalista Any Krieger, “es difícil que se consoliden los vínculos de pareja”. Autora del libro Sexo a la carta, Krieger detalla: “El amor y la sexualidad no pueden ser analizados por separado. Y en la actualidad podemos hablar de una caída del deseo. ¿Cuáles son las causas? La devoción por el consumo profundiza el individualismo. Y el deseo es, siempre, de a dos. En los ‘60 estaban en auge el amor, la paz, la vida en comunidad… Ahora, no”.

Según un estudio de la UBA, seis de cada diez adolescentes ya han mantenido relaciones sexuales y un 44% perdió la virginidad antes de cumplir los 16 años. Pero después, parece, se planchan. Eso -aporta Krieger- “atenta contra las fantasías”. Lo argumenta así: “Como en esta época los chicos se inician más temprano sexualmente, a los 20 años ya no les interesa tanto establecer este tipo de contacto”.

En el 2000, el escritor catalán Román Gubern publicó el libro El eros electrónico, en el que critica el “complejo universo audiovisual”. Y arremete: “La era de la comunicación es la era de la soledad, mientras que la tan cacareada modernización se ha traducido para muchos en marginación”.

En esa línea, Krieger relaciona el desarrollo de Internet con la falta de ejercicio sexual. “He atendido muchos casos de jóvenes que, por la gran cantidad de pornografía que circula por Internet, han desarrollado el autoerotismo. Y eso puede ser adictivo. Son jóvenes que se quedan frente a la pantalla y no se relacionan con nadie. Es grave. Y también hay que tener en cuenta que, muchas veces, por problemas económicos, esos mismos jóvenes no pueden irse de la casa de sus padres”.

Según Felipe, de 20 años, soltero, “en esta época, y aunque se crea lo contrario, muchas chicas no tienen intimidad con sus parejas hasta que se ponen de novias”. Y agrega: “Necesitan estar seguras”. También, agrega Felipe, que le gustaría estudiar periodismo deportivo, “hay relaciones más casuales. Yo, que fui al colegio Los Robles, de Monserrat, tengo encuentros con ex compañeras. No somos novios ni amigovios, pero está todo bien. ¿Con qué frecuencia? De tanto en tanto”.

“Ahora me entretengo con el Pokémon Go: ¡mi novia se fue de vacaciones!”. Rodrigo Marán (23) estudia economía. Sostiene que, “en general, los jóvenes de ahora tienen menos actividad sexual que en los 60”. Y agrega: “No es mi caso, pero muchas veces se habla más de lo que se concreta”. Rodrigo, que es de Bariloche y vive en Buenos Aires desde hace seis años, plantea: “En ciudades más chicas, como Bariloche, las parejas son más estables. Y hay mayor compromiso. ¿Por qué? Y… se conocen todos”.

Sofía Mazzitello se crió en Flores, se mudó a Córdoba, donde estudia abogacía, y está de visita en Buenos Aires. De 20 años, dice que “hay chicos y chicas que se dedican a histeriquear, y otros que no tardan nada en ponerse de novios. “¿Cómo influyen las nuevas tecnologías? Una amiga se bajó Tinder para conocer gente. Estaba en contacto con varios chicos al mismo tiempo. Y al final, por afuera de eso, conoció a otro chico, empezó a salir con él, y desactivó el contacto con todos los que había chateado a través de la aplicación”.

Poco antes de los ‘60, en 1956, Brigitte Bardot protagonizó Y Dios creó a la mujer, una de sus películas más recordadas. A la rubia le alcanzaba con desabrocharse el primer botón de su camisa blanca para que la platea masculina se tirara de cabeza contra la pantalla. Hoy, Charlotte Caniggia, por nombrar a una de las señoritas más exuberantes que se pasean por los medios, se puede desnudar por completo en el programa matutino de Gerardo Rozín y es probable que no provoque los mismos espasmos.

“A mayor oferta sexual, menor demanda”, resume Miguel Espeche, psicólogo, autor del libro Criar sin miedo. Y agrega: “La actividad sexual es como la ley de mercado. A los jóvenes se los puede ver desganados, sin tensión, porque el sexo se ha vuelto algo cotidiano”.

Como parte del mismo análisis, Adrián Helien, presidente del Capítulo de Sexología de APSA, se enfoca en “las enfermedades que provocaron mayores cuidados” en las prácticas del cuerpo a cuerpo. Y agrega: “En la actualidad también hay que destacar el fenómeno de la diversidad. Antes, si alguien se movía por fuera de lo heterosexual, se podía hablar hasta de una patología. Y esa diversidad plantea otros derechos, como el de poder decir ‘a mí no me interesa tanto el sexo’, y que nadie te mire de costado”.

 

 

 

 

Publicado en la edición impresa del Diario Clarín el 06 de Agosto del 2016 – Blog de Aníbal P. Revoredo

 

 

Tu vida sexual

Descubren el origen del orgasmo femenino: por qué el clítoris cambió de lugar

2 de agosto de 2016

En el caso de los hombres, está bien claro que la función del orgasmo, hablando estrictamente desde lo biológico, está relacionada con la reproducción. Pero, ¿ y en las mujeres? Durante décadas los científicos intentaron desentrañar el origen del orgasmo femenino. Ahora, investigadores de la Universidad de Yale aseguran que lo descubrieron. El estudio, publicado en […]

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En el caso de los hombres, está bien claro que la función del orgasmo, hablando estrictamente desde lo biológico, está relacionada con la reproducción. Pero, ¿ y en las mujeres? Durante décadas los científicos intentaron desentrañar el origen del orgasmo femenino. Ahora, investigadores de la Universidad de Yale aseguran que lo descubrieron.

El estudio, publicado en la revista científica Journal of Molecular and Developmental Evolution, fue liderado por el profesor de Biología Evolutiva Gunter Wagner y la especialista del Hospital de Niños de Cincinnati Mihaela Pavličev. Ellos afirman que el orgasmo femenino también incidió en garantizar la supervivencia de la especie, porque en nuestro pasado evolutivo tuvo como función inducir la ovulación. E hicieron otro hallazgo: que el clítoris se movió de lugar.

A pesar de que en algún momento de nuestra historia como seres humanos existió una relación entre el orgasmo y la reproducción humana, hoy no existe más y por eso los investigadores se enfocaron en las características fisiológicas del orgasmo femenino: la descarga de prolactina y oxitocina. Y hallaron que en muchos mamíferos sí estas hormonas desempeñan un rol en la ovulación.

“El ciclo ovárico en los humanos no depende de la actividad sexual, pero en otros mamíferos sí es inducido por los machos”, explican los investigadores. Entonces, el orgasmo femenino puede haber evlucionado como una adaptación para un rol reproductivo directo, el reflejo que ancestralmente inducía la ovulación. “Este reflejo se volvió superfluo para la reproducción más tarde en la evolución, liberando al orgasmo femenino para roles secundarios”, señalan.

Aquí entran en juego las revelaciones sobre el clítoris. En coincidencia con la evolución de la ovulación espontánea, el clítoris se relocalizó de su ancestral posición dentro del canal vaginal a su posición actual. “Este cambio anatómico hizo que fuera menos probable que el clítoris recibiera adecuada estimulación durante el coito para llegar al reflejo neuroendócrino conocido en los humanos como orgasmo”, analizan. Y apuntan que, durante la evolución de las especies, hubo muchos rasgos que tenían originalmente una función y luego fueron mutando a otras, como las plumas y el pelo.

 

 

 

Publicado enla edición impresa del Diario Clarín del 01 de Agosto del 2016 – Blog de Aníbal P. Revoredo
Tu vida sexual

Sexo para siempre: el hogar de Nueva York que promueve la intimidad entre los abuelos

26 de julio de 2016

  El asilo Hebrew Home es el pionero en el fomento de las relaciones sexuales entre adultos mayores. Por qué es tan importante vencer los tabúes… a cualquier edad En un mundo donde el amor es cada vez más libre, donde las relaciones íntimas se rigen cada vez por menos tabúes y donde hay más apertura […]

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El asilo Hebrew Home es el pionero en el fomento de las relaciones sexuales entre adultos mayores. Por qué es tan importante vencer los tabúes… a cualquier edad

En un mundo donde el amor es cada vez más libre, donde las relaciones íntimas se rigen cada vez por menos tabúes y donde hay más apertura para el diálogo, no es extraño pensar que el sexo cumple un rol primordial aún cuando el cuerpo envejece. Al fin y al cabo, para esa práctica, al igual que el amor, no hay edad.

El asilo de ancianos Hebrew Home en Nueva York lo comprendió mejor que nadie. De hecho, se convirtió en la institución pionera en el fomento de una sexualidad saludable en la tercera edad. Así intensificó sus esfuerzos por ayudar a los residentes que buscan tener relaciones. Los miembros del personal organizaron un happy-hour, un «baile de graduación» ficticio y hasta un servicio de citas llamado G-Date (abreviación para Grandparents Date o «cita de abuelos»). Actualmente, 40 de los 870 residentes reconocieron mantener una relación.

El miedo a hablar

Un gran porcentaje de quienes hoy tienen entre 60 y 80 años tienen una vida sexual activa todavía no se animan a confesarlo, en parte porque fueron criados y educados en una sociedad que consideraba casi un sacrilegio la exposición de las intimidades en la tercera edad.

Sin embargo, según afirmaron los expertos, los ancianos sexualmente activos desafían las nociones tradicionales sobre el envejecimiento y descubren un nueva forma de encontrar el placer.

Así, se acercan buenos y nuevos aires: varios hogares de ancianos de Nueva York, y lentamente de todo Estados Unidos, empezaron a abordar la temática como parte de un cambio más amplio de atención institucional hacia una atención individualizada. El siguiente paso para algunos de los centros es permitir a los residentes tener relaciones sexuales y proporcionarles apoyo y contención a quienes lo hacen.

En el último año una docena de los residentes de Hebrew Home se inscribieron para un «G-Date». La mitad de ellos fueron emparejados por los trabajadores sociales y todos se juntaron a tomar un café a solas para una primera cita. Ninguno encontró el amor, aunque algunos sí se convirtieron en buenos amigos. «Pero no vamos a renunciar», dijo Charlotte Dell, directora de servicios sociales, a The New York Times. «Estoy segura que vamos a tener una boda gracias a esto».

Beverly Herzog, una residente viuda de 88 años aseguró que lo que más extrañaba era compartir su cama. Su marido, Bernard, solía tumbarse en la cama con su brazo extendido y ella se acurrucaba junto a él. «No me gusta meterme en una cama fría», dijo. «Siento que nadie debería estar solo».

El Dr. Cheryl Phillips, vicepresidente de política pública y servicios de salud para LeadingAge -un grupo industrial sin fines de lucro que representa más de 6 mil proveedores de servicios de cuidado de ancianos- pronosticó que el sexo será algo todavía más frecuente en la tercera edad cuando los miembros de la generación «baby boomer» (nacidos entre los años 40 y 60) pueblen los hogares de ancianos. «Ellos tienen relaciones sexuales -porque es parte de lo que son- y que se muden a un hogar de ancianos no significa que dejen de tenerlas», dijo.

«Envejecer está muy relacionado con la pérdida: de la visión, la audición, la movilidad, incluso de los amigos ¿Por qué la intimidad debería perderse también?«, dijo Daniel Reingold, presidente y director ejecutivo de Riverspring Health, una organización de cuidado de la tercera edad. Y agregó: «No se pierde el placer del contacto. Si la intimidad conduce a una relación sexual, entonces hay que resolverlo como adultos».

Ese hogar de ancianos decidió establecer en 1995 una política de «expresión sexual» después de que una enfermera entrara a una habitación donde dos residentes tenían relaciones sexuales. Cuando la enfermera le preguntó al señor Reingold qué debería hacer en una situación así, él le dijo, «salir en puntas de pie y cerrar la puerta detrás de ti. Nada más que eso».

Antes de adoptar esa política, la institución consultó a cientos de hogares de ancianos en Nueva York y en otros lugares, y se terminó por descubrir que «la mayoría de ellos incluso negaba que los residentes tuvieran relaciones sexuales», según recordó Reingold. Más tarde habló sobre los hallazgos en un congreso de la industria, y le preguntó a una audiencia de más de 200 personas si había sexo en sus hogares de ancianos: sólo 3 monjas en la primera fila se animaron a levantar su mano.

Hoy en día, la política de «expresión sexual» del centro está publicada en su página web y chequeada por miembros del hogar. Reingold dijo que se pretendía no sólo fomentar la intimidad entre las personas que lo deseen, sino también proteger a quienes no, además de establecer directrices para el personal en cada situación particular.

Sin embargo, la intimidad de los hogares de ancianos también plantea interrogantes sobre el consentimiento que pueden dar algunos residentes a las relaciones sexuales. Henry Rayhons, un ex legislador del estado de Iowa, fue acusado de abuso sexual en 2014 y después absuelto, por haber tenido relaciones sexuales con su esposa, quien padecía de Alzheimer grave y estaba en un hogar de ancianos. El caso ayudó a llamar la atención sobre la falta de directrices claras en muchos hogares de ancianos, ya que sólo unos pocos tienen una política formal al respecto.

Aunque el hogar de ancianos nunca fue demandado, Reingold contó que algunas familias se opusieron a este tipo de relaciones, especialmente cuando uno de los residentes aún está casado con otra persona que no reside en el asilo.

Las relaciones también significan más «drama» para el personal, que trata de mantenerse al día sobre los vínculos amorosos. El comedor suele ser el espacio ideal para una escena de celos entre residentes.

Aún así, Eileen Dunnion, una enfermera que controla a tres parejas en su piso, dijo que ella anima constantemente a sus pacientes a darle una oportunidad a una relación y que incluso acompaña y aconseja a sus pacientes. Kelley Dixon, de 74 años, aseguró que el sexo se había convertido para él en una de las cosas más importantes. «No se trata de bang-bang y nos vemos más tarde», dijo. «Se trata de disfrutar la compañía de la persona con la que uno está teniendo relaciones sexuales».

Audrey Davison, divorciada de 85 años, nunca se imaginó que iba a conocer en un hogar de ancianos al amor de su vida pero asi fue. Y sus enfermeras y auxiliares en el  no hicieron más que ayudarla y le permitieron quedarse en la habitación de su novio con la puerta cerrada. Un ayudante incluso fabricó, a pedido de una pareja, un cartel de «No molestar» para colgar en la puerta.

«Me gustaba mucho y era un muy buen amante», contó la señora Davison, de 85 años. «Esto era parte de lo cerca que estábamos: nos tocábamos y nos besábamos». Con Leonard Moche se conocieron en el ascensor del hogar donde se hospedaba. Era inteligente y la hacía reír. Planeaban casarse, pero Leonard se enfermó repentinamente y murió. «Pienso en él como mi segundo marido. Ese amor fue genial, inesperado y maravilloso mientras duró», afirmó.

Publicado en la edición impresa de Infobae 26 de Julio del 2016 – Blog de Aníbal P. Revoredo
Tu vida sexual

Erica Jong rompe con el tabú sobre la sexualidad y la vejez

14 de julio de 2016

  Hace veinte años Erica Jong se sintió brevemente desgraciada por su rostro. “No lo podía soportar”, dice arreglándose por enésima vez su foulard turquesa. “Pero una amiga en Mallorca había visto un cirujano que hacía liftings que no parecían liftings, en San Francisco. Así que fui a verlo y el resultado me gustó”. Nunca […]

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Hace veinte años Erica Jong se sintió brevemente desgraciada por su rostro. “No lo podía soportar”, dice arreglándose por enésima vez su foulard turquesa. “Pero una amiga en Mallorca había visto un cirujano que hacía liftings que no parecían liftings, en San Francisco. Así que fui a verlo y el resultado me gustó”. Nunca mintió sobre eso, por el contrario, muchas veces escribió sobre su experiencia e inspiró una buena parte de su nuevo libro, Fear of Dying [Miedo de morir]. Tampoco volvió por más. “No; me siento linda, nadie me daría cuarenta, ¡pero qué importa!”
A los 73, no se ha “tranquilizado”. Hace más de una década que los programas de tevé no la invitan a comentar su novela: “el problema es HD, no quieren mostrar mujeres que parecen abuelas”, dice, y por eso está furiosa.
“No me sorprende. Siempre dije que sólo hemos tenido un tercio de revolución [feminista]. Pero la edad es el último tabú y es un craso error, porque por alguna extraña razón la vida recién comienza. Me siento segura, hago bien mi trabajo. Tengo más imaginación que nunca. Soy independiente, no le temo a nadie. Pero los medios nos tiranizan. Es una orgía consumista. No es verdad que los hombres solo quieren a las escuálidas modelos de Vogue. Incluso los maridos que no cambian a sus leales esposas por una joven modelo se ven hasta un cierto punto atrapados en esta orgía consumista.
Miedo de morir, con su doble problemática, el envejecimiento y la mortalidad, satiriza el hecho de que la vida sexual en edad madura es presa fácil de las grandes corporaciones. “Es vil”, grita Jong iracunda. “¡Esas publicidades! Una bañera junto a la otra. ¿Qué hacen?” (Se refiere a una publicidad de Cialis, la droga que trata la disfunción eréctil. En una bañera un hombre y en la otra una mujer, probablemente la esposa). “No se los puede mostrar haciendo el amor. Eso es Estados Unidos, por un lado un capitalismo rapaz y por otro el puritanismo. Histeria pura que termina con la inevitable advertencia de las contraindicaciones: ‘Con esta droga podría caer al precipicio y matarse… pero no se preocupe, ¡ahora puede tener sexo!’”
La heroína sesentona de su nueva novela está a la caza de sexo ocasional mientras su esposo mucho mayor se recupera de una cirugía de corazón. Pero que no se malentienda: Jong piensa que estamos demasiado fijados en el “eterno pone y saca”. “¡Los hombres están obsesionados con su maldito pene! Sean gays o no, piensan que si no les funciona no sirven. Pero hay millones de maneras de hacer el amor. Puede ser impotente y tener relaciones sexuales maravillosas”.
Jong vive en una torre alta en el Upper East Side de Manhattan, un espacio tal como lo imaginé: podría ser escenario de una película biográfica. Al final de un hall lujosamente alfombrado me recibe una asistente radiante. Cuartos graciosos, vistas panorámicas, arte caro (sobre el sofá que nos sentamos cuelga un móvil de Calder), miles de libros, paredes del cuarto de vestir con motivos eróticos. Su única compañía son dos poodles, Simone (por Beauvoir) y Colette (por El final de Querido, uno de sus libros favoritos).
Cuando en los 60 se hizo famosa, sus ojitos saltones y su nariz le daban un perfil antisexy. Pero son rasgos que combinan bien con su personalidad que, ¿cómo decirlo? tiene un toque de ganadora. Nada de falsa modestia ni la autocompasión de sus colegas británicas. Pese a todo me gusta. Usa el piloto automático, al principio ignora mis preguntas y saca a relucir viejas anécdotas que ya leí mil veces. Una hora después surge la verdadera Jong: divertida, brillante, moderadamente sabia y sumamente concreta, habla tan alegremente del viagra como del Papa.
Miedo de morir suponía una Isadora Wing mayor, la heroína de Miedo de volar que la hizo célebre en 1973, ¡y cómo! “Pero el problema es que no tenía expresión, si no hay expresión no hay libro”. Wing quedó en segundo plano y la nueva heroína, Vanessa Wonderman, es una actriz madura cuyo marido obscenamente rico, Asher, es encantador pero impotente, y tiene 20 años más que ella.
Jong siempre rondó su propia vida en las novelas y esta no es la excepción. Mientras la escribía, su esposo se operaba del corazón, como Asher. La carrera de Vanessa se inspira en su experiencia en Broadway, donde hace años actuó en Los monólogos de la vagina. Varios años atrás, el editor de Miedo de volar le comentó que no se había escrito un best-séller de una mujer de más de 40, así que quiso remediarlo. “Siempre escribí sobre mujeres y para mujeres jóvenes”, dice. “Este es sobre una mujer madura que siente que aún es bella y que aún quiere amor y sexo”. Vanessa se dedica a su hija Glinda, que como Molly, su hija, es una ex drogadicta. Cuando Glinda y Vanessa viajan juntas al centro de rehabilitación parece copia fiel de la vida real. “Si, pero nunca lo habría escrito si ella no lo hubiese hecho primero”, dice. (Molly es escritora).
Pasamos al comedor y mientras comemos hablamos del feminismo pasado y presente. Miedo de volar era, a su manera, un producto de la segunda ola de feminismo, como The Female Eunuch de Germaine Greer, publicado tres años antes. Pero la autora siempre atrajo la ira de las feministas y por cierto nunca fue parte del mundo de los grupos concientizadores ni de las marchas en Washington. “[Las feministas de los 70] querían que me pusiera los pantalones y escribiera propaganda agitadora y lamiera vaginas y dijera que eran mejor que el pene, lo que es absurdo. No ser lesbiana era políticamente incorrecto. Tuve una relación con una mujer, pasajera, y fue muy tonto. Ninguna de nosotras lo disfrutó. Si miro hacia atrás me parece ridículo”.
Le molestaba que la gente la acusara de hacer apología de la procreación, cuando leía bellos poemas sobre amamantar, ahora poco le importa… “he sido feminista toda mi vida. Me paseaba con El segundo sexo [de Simone de Beauvoir] en la secundaria”.
Piensa que las mujeres sufrieron una “pérdida neta” en los 70. “Nos ganamos el derecho a estar eternamente agotadas. En EE.UU. estamos aún en el pasado: no hay guarderías ni permiso por maternidad y se ataca la Planificación Familiar, es increíble”. En lo positivo, hay un “enorme resurgimiento” de feminismo entre las más jóvenes, Hillary Clinton está empezando a dar pasos, y Lena Dunham, creadora de la serie Girls, crece y crece. “Creo que es buena. Lo que más aprecio es la honestidad y ella muestra de manera muy honesta qué pasa con las veinteañeras en búsqueda de una carrera y de una vida sexual”.
A veces es difícil seguirla, pero es imposible no sentirse cálidamente turbada en su presencia: su autocomplacencia, “los escritores nunca están contentos, pero yo sí… soy muy afortunada”, induce no a la envidia pero sí a una rara admiración. Ama su vida, y antes de volar a ver a sus nietos consiente en firmarme una edición de aniversario de Miedo de volar. Con una grafía extravagante, osada se lee: “Valientemente, Erica”.

 

Publicado en la edición impresa del diario Clarín 02 de Enero del 2016 – Blog de Aníbal P. Revoredo