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En una década, el embarazo en menores de 20 años creció 15,7%

13 de julio de 2016

  El embarazo en menores de 20 años es un problema cada vez más grave en la Argentina, en un contexto de “infantilización” de la pobreza y las muertes infantiles evitables. Los datos fueron revelados en  un documento difundido ayer por el CIPPEC, que encontró que, si bien la pobreza bajó en la Argentina, el […]

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El embarazo en menores de 20 años es un problema cada vez más grave en la Argentina, en un contexto de “infantilización” de la pobreza y las muertes infantiles evitables. Los datos fueron revelados en  un documento difundido ayer por el CIPPEC, que encontró que, si bien la pobreza bajó en la Argentina, el índice para los chicos que tienen entre 0 y 4 años es mucho mayor que el que afecta a la población en general.

A diferencia de las tendencias internacionales, en el país la tasa de fecundidad adolescente aumentó de 30,5 por cada mil mujeres de entre 10 y 19 años en 2001, al 35,3 en 2011: un aumento del 15,7% en 10 años. En 2012, el 12,3% de las mujeres de entre 15 y 19 años tenían un hijo o estaban embarazadas.

El mapa del embarazo adolescente se parece bastante al de la pobreza en la Argentina. En algunas provincias del Noreste los hijos de madres adolescentes representan más del 20% de los nacimientos, y alcanzan incluso el 25% en Chaco y Formosa.

La maternidad y paternidad en la adolescencia es más común entre los jóvenes de sectores más pobres y con menor nivel educativo. Malena Acuña, del programa de Protección Social del CIPPEC y autora del documento, titulado Diagnóstico de la primera infancia en la Argentina, subraya que la realidad socioeconómica y los patrones reproductivos suelen estar vinculados. En otras palabras, hay una relación circular entre demografía y desigualdad: “Si la situación inicial fue desfavorable, se generan ciclos viciosos en que las familias quedan atrapadas de generación en generación”.

Otra cara del fenómeno tiene que ver con la mortalidad infantil. La tasa de mortalidad entre chicos menores de 5 años se ubicó en 13 por mil en 2015, y la tasa de mortalidad infantil en 11 por mil, en ambos casos por debajo del promedio de América Latina. Sin embargo, la Argentina viene reduciendo estas muertes a un ritmo más lento que el resto de la región: la tasa cayó un 54% en el país en los últimos 25 años, mientras que en la región la tasa se redujo en un 65%.

“Esta reducción no logró alcanzar la tasa de mortalidad de 9 que plantearon los Objetivos de Desarrollo del Milenio para los niños hasta 4 años, y representa un desafío frente a la nueva agenda de los Objetivos de Desarrollo Sostenible”, señaló Acuña. Y agregó que en 2013 el 61,8% de las muertes en el primer año de vida fueron por causas evitables.

Según el CIPPEC, en el segundo semestre de 2014, 21,6% de los chicos eran pobres y 9,2%, indigentes, frente a 12,9% y 5,5% en la población general. La medición considera pobre por ingresos a quienes están debajo de la línea de US$4 diarios; indigente es quien sobrevive con US$2,5 al día.

Otras mediciones, como la del Observatorio de la Deuda Social de la UCA, se basan en una medición multidimensional de la pobreza (incluye déficit de vivienda, alimentación, educación, etc.) y arrojan cifras más altas: según la UCA, el 57,8% de los chicos se ven afectados por algún déficit, de los cuales el 18,2% sufre pobreza “severa”.

Según el informe del CIPPEC, la “infantilización” de la pobreza –un fenómeno que también se da en el resto de América Latina– es reflejo de que los ingresos son menores para las personas con hijos. En 2012, 48,6% de las madres y 47,6% de los padres que vivían con sus hijos formaban parte del 30% de los hogares con menos ingresos per cápita; en cambio, sólo 12,5% de las mujeres y 11,7% de los hombres sin hijos pertenecían a este grupo

 

 

Publicado en la edición impresa del diario Clarín 14 de Enero del 2016 – Blog de Aníbal P. Revoredo