Tu pareja

Encontrar pareja… e influir en la desigualdad social

14 de julio de 2016

NUEVA YORK.- La noción de «lograr una buena pareja» está presente en las novelas contemporáneas. Al mismo tiempo, la desigualdad de ingresos recibe cada vez mayor atención de los economistas. Y ahora se ha descubierto lo vinculados que resultan estar los dos tópicos. En estos tiempos un banquero de inversión puede casarse con una banquera […]

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NUEVA YORK.- La noción de «lograr una buena pareja» está presente en las novelas contemporáneas. Al mismo tiempo, la desigualdad de ingresos recibe cada vez mayor atención de los economistas. Y ahora se ha descubierto lo vinculados que resultan estar los dos tópicos.

En estos tiempos un banquero de inversión puede casarse con una banquera de inversión en vez de hacerlo con la noviecita de la secundaria, o un abogado se casa con una abogada o una cliente prestigiosa, en vez de elegir a su secretaria. Si se lo mide en términos de ingresos o educación, hay más de las llamadas «parejas de poder» hoy que en el pasado, una manifestación de un fenómeno conocido como vínculos por afinidad o formación de parejas entre gente similar.

Estas parejas son fabulosas para quienes pueden construir alianzas prósperas y felices, pero también propagan la desigualdad a través de las generaciones. De las causas de la creciente desigualdad de ingresos, a la larga este proceso puede demostrar ser uno de los más significativos y más difíciles de contrarrestar.

Por ejemplo, la brecha de logros entre hijos de familias ricas y pobres es mayor hoy que hace 25 años, según un estudio reciente del Centro de investigaciones Pew. Más aún: el mayor ingreso y la desigualdad educativa aumentan los incentivos para buscar una buena pareja para casarse.

El dinero y el talento se concentran en familias de alto poder y con dos proveedores decididos a hacer lo posible para favorecer los intereses de sus hijos. En esto hay algún beneficio de largo plazo para la sociedad, dado que muchos innovadores y creadores de negocios reciben su impulso inicial al comienzo de sus vidas. Y eso puede aumentar su productividad.

Pero también conlleva costos económicos serios. Al volverse más difícil para muchas personas escalar socialmente a través del matrimonio como camino de movilidad de sus ingresos para ellas o sus hijos, las familias que no tienen buenas conexiones pueden sentirse marginadas y las ventajas significativas basadas en la familia para algunos niños puede disuadir a otros de intentar tenerlas.

Las estadísticas muestran que la unión por afinidad realmente incide. Un estudio indicó que si se importaran los patrones de matrimonio de 1960 a 2005, el coeficiente de Gini para la economía estadounidense -la medida estándar de desigualdad de ingresos, donde 0 marca total desigualdad y 1 una situación de distribución equitativa- caería de 0,43 a 0.34, una baja considerable. Ese resultado fue aportado por el economista Jeremy Greenwood, profesor de Economía de la Universidad de Pennsylvania y otros coautores.

Un estudio sobre Dinamarca de Gustaf Bruze, investigador del Instituto Karolinska de Estocolmo, muestra que alrededor de la mitad de la mejora financiera esperada por estudiar en la Universidad no deriva de tener mejores perspectivas de empleo, sino de la posibilidad de conocer y casarse con alguien de ingresos más elevados.

No hay demasiados datos sobre uniones por afinidad en Estados Unidos antes de los primeros años del siglo pasado, pero un trabajo reciente de Robert D. Mare, profesor de Sociología de la Universidad de California en Los Ángeles, muestra que ese tipo de relaciones fue relativamente más común en la era dorada de EE.UU., cayó mucho en la década de 1950 y luego mantuvo una tendencia creciente.

La ley que benefició a los soldados que volvían de la Segunda Guerra Mundial con facilidades económicas puede haber ayudado a reducir las relaciones por afinidad, porque dio la oportunidad de movilidad ascendente a quienes no la habían tenido.

También está el hecho de que en la década de 1950 la gente se casaba muy joven, lo que significa que las parejas a menudo se unían en la escuela secundaria, sin tanta idea de cómo unirse por el nivel de ingreso o educación. Y la mayoría de las mujeres tenían menos posibilidades de ganar mucho dinero, así que eran pocos los hombres que buscaban que sus parejas fueran futuras abogadas o médicas exitosas.

En 2007 un artículo de The New York Times citó a 13 economistas en ascenso, la mayoría de los cuales ha adquirido mayor fama. El hecho llamativo es que seis de ellos están casados entre sí, y esa no era la premisa del artículo. Otra persona en la lista, Justin Wolfers, es socio de otra economista destacada, Betsey Stevenson, trabajando ambos en la Universidad de Michigan (tienen dos hijos pero no están casados legalmente; el profesor Wolfers es un colaborador habitual de The Times). Los hijos de estas uniones probablemente tengan ventaja en lo que se refiere a poder desarrollar carreras exitosas como investigadores científicos o en otros emprendimientos que requieren educación intensiva.

El preescolar universal, nuevos experimentos con escuelas «chárter» (escuelas que reciben fondos públicos pero se manejan por fuera de la administración de los distritos escolares comunes) y mayores subsidios o exenciones impositivas para niños se cuentan entre las innovaciones de política que podrían dar más oportunidades a los descendientes de familias con ingresos más bajos. Aunque esas sean buenas ideas, no está claro en qué medida pueden compensar la ventaja que proviene de ser hijo de padres con elevado nivel de educación y también dinero para gastar en clases, salidas, viajes y otras inversiones en el futuro de sus hijos.

Hoy rechazamos correctamente la idea de la eugenesia como algo repugnante, pero realizamos nuestros experimentos en relaciones de pareja, sin pensar con cuidado a qué conducen. Match.com y Tinder nos ayudan a encontrar «la pareja indicada» según nuestros deseos y especificaciones previas, con ayuda de algoritmos de computadora. La cuestión quizá no sea si podemos revertir algunos de los efectos menos deseados del vínculo por afinidad, sino más bien hasta dónde llegará esa práctica.

Relaciones por afinidad

Un vínculo impensado entre el romance y la inequidad

Efecto social

El mayor número de parejas afines en lo económico y educativo ha llevado a un efecto impensado; según conclusiones de algunos estudios, el hecho incide en la posibilidad de la movilidad social ascendente

Potencial de los niños

Las investigaciones han mostrado que tener mejores posibilidades desde la primera infancia influye sobre el grado de creatividad y productividad

Redes sociales

La alternativa cada vez más vigente de buscar pareja por Internet, con la definición de especificaciones previas, reafirma la tendencia de la conformación de parejas por afinidad social y económica

 

Por Tyler Cowen, profesor de Economía de la Universidad George Mason

 

 

 

Publicado en la edición impresa del diario Clarín 03 de enero del 2016 – Blog de Aníbal P. Revoredo