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Penas de amor: el duelo por una separación puede durar hasta dos años

1 de agosto de 2016

Belén estaba en pareja desde hacía 12 años. Sabía que quería separarse, sin embargo no fue ella quien terminó dando ese paso. “Me dejó él cuando volvimos de un viaje. Y a pesar de que yo ya pensaba en separarnos lo viví muy mal, como un abandono”, cuenta ella. Belén está sentada y cruzada de […]

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Belén estaba en pareja desde hacía 12 años. Sabía que quería separarse, sin embargo no fue ella quien terminó dando ese paso. “Me dejó él cuando volvimos de un viaje. Y a pesar de que yo ya pensaba en separarnos lo viví muy mal, como un abandono”, cuenta ella. Belén está sentada y cruzada de piernas en un pasillo amplio del Hospital Pirovano, rodeada de un grupo de vecinos que asisten al taller que empezó a dictar hace tres años: “Penas de amor” se llama. Ella, quienes asisten y los psicólogos de familia consultados por Clarín coinciden: las penas de amor tienen mil caras y, como los duelos por una muerte, pueden tardar en sanar entre 6 meses y 2 años.

“Un duelo normal ante una pérdida dura unos seis meses, pero nosotros veíamos en el taller que un duelo amoroso puede extenderse hasta dos años”, cuenta el psicólogo Miguel Espeche, quien creó la primera versión de este taller, hace 15 años, y escribió un libro sobre el tema. “Lo interesante es que no todas las penas de amor son iguales. Algunas personas sufren por haber perdido el hecho de estar en pareja pero no de haber perdido a la persona, lo que esconde un gran miedo a la soledad. Hay quienes sufren porque usaban a su pareja para mostrarse a sí mismos y a la sociedad que podían estar con alguien, que no eran solteronas o solterones, pero no tenían un vínculo íntimo y genuino que sostuviera la relación”.

“También hay penas de amor en la era Tinder –sigue– aunque las relaciones sean fugaces. Se trata de pena de amor a uno mismo porque lo que queda es la sensación de humillación si no fui elegido por el otro, de minusvalía, eso de tener ‘algo, un problema, por lo cual no lograron establecer una relación”.

En el taller del Pirovano –gratuito, parte del área de Salud Mental– cada quien llega con una pena distinta: “La otra vez vino un chico muy joven que había quedado viudo. Su pena de amor era porque sentía que no le había dado todo lo que su mujer se merecía y sentía que no iba a poder estar nunca más con alguien. También vino alguien que se acaba de separar pero su pena pasaba más porque su ex mujer no le dejaba ver a sus hijos”, dice Belén Olaciregui. “El disparador del taller es cómo vivimos las pérdidas. En mi caso, lo viví mal, ni cuando murió mi papá me puse así. Hay mucha gente que con el tiempo se da cuenta de que esa persona le quedó adentro y aún cuando la haya lastimado mucho, lo empieza a idealizar cuando vuelve a estar con alguien: ‘él lo hacía mucho mejor’, ‘nadie le llega a los tobillos”. Hay por ahí señoras grandes, separadas hace más de una década, con un dilema compartido: me siento sola, quiero un compañero, no quiero volver a convivir. “La soledad me pesa, quisiera encontrar a alguien, pero también me da miedo”, dice Graciela, una de las asistentes.

Guadalupe García Payo (37) se fue a vivir a México detrás del que creyó “el hombre de mi vida”. Estuvieron seis años juntos pero hace un año él tomó la decisión de divorciarse. “La pena queda en la desilusión, en la frustración, en haber idealizado algo que no fue. La pena empezó cuando sentí que ya no me registraba, que se fastidiaba. A eso se suma haber apostado tanto por una relación y ahora tener que volver y empezar de cero. Es volver con una mochila pesada pero a medida que pasa el tiempo se va poniendo más liviana.

Silvia Calvera (50) llegó al taller “Penas de amor” hace un año, cuando se separó de su “gran amor”: “Me había separado otras veces pero es la primera vez que la pena de amor me toca, que me hace sufrir”, cuenta. Dice que pasó por períodos en los que sintió “una desolación absoluta” y que la ruptura amorosa se sumó a la muerte de su mamá: “Fue como vivir otro duelo. Pero con el tiempo entendí que yo necesitaba vivir este etapa de crecimiento. Y ahora creo que nada es definitivo: cuando hay amor, hay esperanza”.

“En los duelos por muertes, hay duelos que se consideran normales y otros patológicos. Digamos que entre 6 meses y dos años sería normal, pero todo depende de la ruptura, si hubo algo traumático, qué le pasó con parejas anteriores. A veces puede ser muy doloroso y a veces liberador”, dice Cecilia Gelfi, psicóloga y miembro del departamento de terapia de familia y pareja en Ineco. “Las etapas por las que pasan son similares a las de un duelo. Al principio, la negación o sensación de shock, de no poder creerlo. Sigue la bronca, la tristeza, empiezan a extrañar al otro, incluso en relaciones que uno decidió terminar. Lo que se duela no es sólo a la persona: muchas veces lo que se siente perdido es el proyecto que tenía con esa persona: un viaje, tener hijos. Después viene la aceptación: cuando uno está duelando estás cerrado, cuando se acepta se puede empezar a pensar que la vida ofrecerá nuevas posibilidades”.

 

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Publicado en la edición impresa del Diario Clarín del 30 de Julio del 2016 – Blog de Aníbal P. Revoredo