Tu vida sexual

Sexo para siempre: el hogar de Nueva York que promueve la intimidad entre los abuelos

26 de julio de 2016

  El asilo Hebrew Home es el pionero en el fomento de las relaciones sexuales entre adultos mayores. Por qué es tan importante vencer los tabúes… a cualquier edad En un mundo donde el amor es cada vez más libre, donde las relaciones íntimas se rigen cada vez por menos tabúes y donde hay más apertura […]

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El asilo Hebrew Home es el pionero en el fomento de las relaciones sexuales entre adultos mayores. Por qué es tan importante vencer los tabúes… a cualquier edad

En un mundo donde el amor es cada vez más libre, donde las relaciones íntimas se rigen cada vez por menos tabúes y donde hay más apertura para el diálogo, no es extraño pensar que el sexo cumple un rol primordial aún cuando el cuerpo envejece. Al fin y al cabo, para esa práctica, al igual que el amor, no hay edad.

El asilo de ancianos Hebrew Home en Nueva York lo comprendió mejor que nadie. De hecho, se convirtió en la institución pionera en el fomento de una sexualidad saludable en la tercera edad. Así intensificó sus esfuerzos por ayudar a los residentes que buscan tener relaciones. Los miembros del personal organizaron un happy-hour, un «baile de graduación» ficticio y hasta un servicio de citas llamado G-Date (abreviación para Grandparents Date o «cita de abuelos»). Actualmente, 40 de los 870 residentes reconocieron mantener una relación.

El miedo a hablar

Un gran porcentaje de quienes hoy tienen entre 60 y 80 años tienen una vida sexual activa todavía no se animan a confesarlo, en parte porque fueron criados y educados en una sociedad que consideraba casi un sacrilegio la exposición de las intimidades en la tercera edad.

Sin embargo, según afirmaron los expertos, los ancianos sexualmente activos desafían las nociones tradicionales sobre el envejecimiento y descubren un nueva forma de encontrar el placer.

Así, se acercan buenos y nuevos aires: varios hogares de ancianos de Nueva York, y lentamente de todo Estados Unidos, empezaron a abordar la temática como parte de un cambio más amplio de atención institucional hacia una atención individualizada. El siguiente paso para algunos de los centros es permitir a los residentes tener relaciones sexuales y proporcionarles apoyo y contención a quienes lo hacen.

En el último año una docena de los residentes de Hebrew Home se inscribieron para un «G-Date». La mitad de ellos fueron emparejados por los trabajadores sociales y todos se juntaron a tomar un café a solas para una primera cita. Ninguno encontró el amor, aunque algunos sí se convirtieron en buenos amigos. «Pero no vamos a renunciar», dijo Charlotte Dell, directora de servicios sociales, a The New York Times. «Estoy segura que vamos a tener una boda gracias a esto».

Beverly Herzog, una residente viuda de 88 años aseguró que lo que más extrañaba era compartir su cama. Su marido, Bernard, solía tumbarse en la cama con su brazo extendido y ella se acurrucaba junto a él. «No me gusta meterme en una cama fría», dijo. «Siento que nadie debería estar solo».

El Dr. Cheryl Phillips, vicepresidente de política pública y servicios de salud para LeadingAge -un grupo industrial sin fines de lucro que representa más de 6 mil proveedores de servicios de cuidado de ancianos- pronosticó que el sexo será algo todavía más frecuente en la tercera edad cuando los miembros de la generación «baby boomer» (nacidos entre los años 40 y 60) pueblen los hogares de ancianos. «Ellos tienen relaciones sexuales -porque es parte de lo que son- y que se muden a un hogar de ancianos no significa que dejen de tenerlas», dijo.

«Envejecer está muy relacionado con la pérdida: de la visión, la audición, la movilidad, incluso de los amigos ¿Por qué la intimidad debería perderse también?«, dijo Daniel Reingold, presidente y director ejecutivo de Riverspring Health, una organización de cuidado de la tercera edad. Y agregó: «No se pierde el placer del contacto. Si la intimidad conduce a una relación sexual, entonces hay que resolverlo como adultos».

Ese hogar de ancianos decidió establecer en 1995 una política de «expresión sexual» después de que una enfermera entrara a una habitación donde dos residentes tenían relaciones sexuales. Cuando la enfermera le preguntó al señor Reingold qué debería hacer en una situación así, él le dijo, «salir en puntas de pie y cerrar la puerta detrás de ti. Nada más que eso».

Antes de adoptar esa política, la institución consultó a cientos de hogares de ancianos en Nueva York y en otros lugares, y se terminó por descubrir que «la mayoría de ellos incluso negaba que los residentes tuvieran relaciones sexuales», según recordó Reingold. Más tarde habló sobre los hallazgos en un congreso de la industria, y le preguntó a una audiencia de más de 200 personas si había sexo en sus hogares de ancianos: sólo 3 monjas en la primera fila se animaron a levantar su mano.

Hoy en día, la política de «expresión sexual» del centro está publicada en su página web y chequeada por miembros del hogar. Reingold dijo que se pretendía no sólo fomentar la intimidad entre las personas que lo deseen, sino también proteger a quienes no, además de establecer directrices para el personal en cada situación particular.

Sin embargo, la intimidad de los hogares de ancianos también plantea interrogantes sobre el consentimiento que pueden dar algunos residentes a las relaciones sexuales. Henry Rayhons, un ex legislador del estado de Iowa, fue acusado de abuso sexual en 2014 y después absuelto, por haber tenido relaciones sexuales con su esposa, quien padecía de Alzheimer grave y estaba en un hogar de ancianos. El caso ayudó a llamar la atención sobre la falta de directrices claras en muchos hogares de ancianos, ya que sólo unos pocos tienen una política formal al respecto.

Aunque el hogar de ancianos nunca fue demandado, Reingold contó que algunas familias se opusieron a este tipo de relaciones, especialmente cuando uno de los residentes aún está casado con otra persona que no reside en el asilo.

Las relaciones también significan más «drama» para el personal, que trata de mantenerse al día sobre los vínculos amorosos. El comedor suele ser el espacio ideal para una escena de celos entre residentes.

Aún así, Eileen Dunnion, una enfermera que controla a tres parejas en su piso, dijo que ella anima constantemente a sus pacientes a darle una oportunidad a una relación y que incluso acompaña y aconseja a sus pacientes. Kelley Dixon, de 74 años, aseguró que el sexo se había convertido para él en una de las cosas más importantes. «No se trata de bang-bang y nos vemos más tarde», dijo. «Se trata de disfrutar la compañía de la persona con la que uno está teniendo relaciones sexuales».

Audrey Davison, divorciada de 85 años, nunca se imaginó que iba a conocer en un hogar de ancianos al amor de su vida pero asi fue. Y sus enfermeras y auxiliares en el  no hicieron más que ayudarla y le permitieron quedarse en la habitación de su novio con la puerta cerrada. Un ayudante incluso fabricó, a pedido de una pareja, un cartel de «No molestar» para colgar en la puerta.

«Me gustaba mucho y era un muy buen amante», contó la señora Davison, de 85 años. «Esto era parte de lo cerca que estábamos: nos tocábamos y nos besábamos». Con Leonard Moche se conocieron en el ascensor del hogar donde se hospedaba. Era inteligente y la hacía reír. Planeaban casarse, pero Leonard se enfermó repentinamente y murió. «Pienso en él como mi segundo marido. Ese amor fue genial, inesperado y maravilloso mientras duró», afirmó.

Publicado en la edición impresa de Infobae 26 de Julio del 2016 – Blog de Aníbal P. Revoredo